Wembley-96, la bofetada de alcohol a Kiko y más cara de tonto que el día del codazo de Tassotti a Luis Enrique
Wembley. Era Wembley. Eurocopa 96. Cantaban que el fútbol volvía a casa. O como decían ellos: “football's coming home”. Para un mitómano del fútbol británico, como era todavía aquel joven enviado especial, era la crónica de su vida, el partido de los partidos en un escenario único que todavía mantenía sus dos torres icónicas en su fachada principal y sus 39 escalones desde el césped al palco presidencial. Entonces, los de la canallesca, después de un idilio más o menos consentido, comenzábamos a pegarnos con Javier Clemente. Pero en el fondo, sin saberlo, todavía éramos un poco pretorianos de su causa. No se nos había olvidado todavía, al menos a mí, el trauma del codazo de Tassotti a Luis Enrique y la manera en la que la Selección se escapó del Mundial de Estados Unidos y resulta que ya estábamos en otra pelea que iba a resultar peor.