El valor de esta Francia no lo va a dar esta primera prueba en Nations League, pero ya permite ver algunas de las claves que Zidane tiene entre manos. El objetivo no es otro que el de revertir la fría realidad del equipo galo de los últimos años, erigida a la sombra de un pragmatismo y una sobreconfianza en el talento diferencial, que lo ha alejado de los títulos.

Ya es una realidad la Francia post-Deschamps

El paso se ha dado de manera firme con el movimiento que todos esperaban: el nombramiento de un mito como Zinedine Zidane para suceder al que fuera su compañero en la gesta mundialista de 1998, Didier Deschamps. Ambos célebres por ese periodo como jugadores, tendrán la oportunidad de compararse ahora tras el cambio en el banquillo galo.

El ciclo histórico de Deschamps, tras 14 años al frente de la selección, ha logrado numerosos éxitos, pero necesitaba un cambio severo para olvidar una última etapa demasiado entregada al desgaste, a las tensiones internas y al propio descontento de la afición con cómo se gestionaba todo desde la federación.

En ese sentido, la liberación de la selección francesa viene acompañada de un nombre clave como Zidane para intentar paliar ese estilo ya desgastado. La idea ahora es cimentar un cambio de paradigma mirando al futuro, especialmente en cuanto a una evolución clave en materia creativa. Zidane es el encargado de darles nuevos motivos a los franceses para la esperanza.

Sensaciones por debajo de los resultados

Aunque la intención es que los pasos a dar sean con calma y con sentido, sí se exige una Francia más dominante, dinámica y con un notable cambio en la iniciativa de juego. Algo que ha brillado por su ausencia durante varios años y que no acaba por ser tan notable como se espera de una favorita a todo por talento y contundencia física.

El primer parón de Nations League ha acabado por reflejar el invicto de los galos en la competición. Sin embargo, a veces los marcadores han ajustado demasiado partidos que, a priori, parecían mucho más decantados hacia la parte francesa.

El atasco ante bloques bajos sigue presente y eso anuncia una de las grandes necesidades del equipo, que va más allá de la dominancia de balón y que pide a gritos un cambio para potenciar la creatividad y las soluciones en torno al ataque de Francia.

Además, es preciso que los de Zinedine Zidane no caigan en errores que den oportunidades a rivales claramente inferiores. Algo que sucedió, por ejemplo, en el encuentro ante Italia, en el que los de Roberto Mancini lograron sacar petróleo gracias a un error puntual en salida por parte de Francia.

El propio ‘Zizou’ fue claro acerca de este viaje, reconociendo que a su selección se le debe pedir más y hablando de esa «posesión estéril» que a veces parece hacerles mandar, pero que se puede convertir en un engaño peligroso que el rival, incluso, puede acabar por aprovechar. Un camino que será largo y que tiene bien marcadas sus etapas.

La intención de una Francia más interesante

Aunque todavía no se note en los resultados, el cambio de Deschamps a Zidane ya se ve en las intenciones. El actual técnico galo tiene entre ceja y ceja apostar por la tenencia de balón, así como por una presión alta que facilite a los suyos vivir mucho más en campo contrario.

Esa realidad obliga a jugar con espacio a la espalda y saber decidir bien las batallas que librar y, sobre todo, dónde librarlas. Zidane quiere potenciar ese trabajo colectivo, especialmente en las piezas de ataque, que deberán poner de su parte en este desafío, empezando por un Mbappé muy señalado por estas cuestiones tanto en su club, el Real Madrid, como en Francia.

Más allá de la intención ofensiva y el dibujo, en el que parece querer conservar el viaje entre el 1-4-2-3-1 y el 1-4-3-3 dependiendo del contexto, sí hay una estructura fija para facilitar a las piezas que tengan como su claro cometido la presencia creativa. De este modo, el objetivo es liberar su talento afianzando un bloque defensivo sólido y dejando que las piezas clave lleguen descansadas a las zonas de influencia ofensiva.

Herramientas para ser referencia

Más allá de la vital contribución de jugadores como Kylian Mbappé, capitán y emblema de esta selección francesa, u Ousmane Dembélé, clave en transición, la disposición en torno a algunas de las herramientas clave de la etapa de Zidane parece mirar también a otros puntos del campo, destacando la parcela de construcción de juego.

Con Michael Olise, el viaje puede ser interesante, haciéndolo participar como pieza externa (en banda derecha) o interna (como mediapunta), aunque con esa libertad para que su visión y su capacidad resolutiva puedan ser diferenciales. Una de las grandes figuras para leer y entender los mejores pases dirigidos a Mbappé y un perfil clave en cuanto a dominancia.

En lo creativo, además, dos piezas pueden ser clave para la construcción de esta nueva Francia, pues Désiré Doué y Rayan Cherki parten como aventajados en un equipo en el que su contribución a veces pareció relegada a segundas partes o contextos particulares más que a ser armas totémicas en el equipo de Deschamps.

El desequilibrio entre líneas y la magia de Rayan Cherki son otra de las fórmulas más pedidas por la afición. Su impulso creativo debería ser la base de un equipo francés demasiado plano por momentos, además de necesitado de un jugador con recursos para desentrañar defensas férreas y hundidas.

También está el caso de Désiré Doué. Su electricidad, lectura de espacios cerrados e intensidad en la presión representan una opción importante para que sea una elección coherente como recurso por detrás del delantero, en banda o como una de las opciones constructivas como interior.

Caras nuevas, roles nuevos

Pero más allá de esa importancia cambiante en perfiles determinantes o de las caras nuevas positivas de Jérémy Jacquet, Guillaume Restes, Andy Diouf o Estéban Lepaul, el rol también parece potenciarse en esta nueva Francia. A este respecto, estamos viendo ya cambios muy evidentes para hacer hueco a diferentes formas a la hora de plasmar sobre el campo el plan de Zidane.

Sin ir más lejos, ya hemos visto la vuelta de Mbappé a la banda zurda, dejando espacio a Dembélé como falso ‘9’, o la nueva exigencia para los laterales, que deben crecer y potenciar ese juego externo desde la línea defensiva. Parece que la leyenda madridista tiene claras las nuevas armas con las que quiere contar.

Lo mismo ocurre con Eduardo Camavinga, en un rol mucho más adelantado que refuerza su presencia ofensiva. O con elementos para la medular que aúnan talento para gestionar mejor el esférico y se mueven bien entre la contención y la construcción, como es el caso de uno de los más destacados en este parón, Lucas da Cunha.