La selección más multinacional del Mundial 2026

Marruecos reunió jugadores nacidos en seis países, repartidos por una decena de ligas y tres continentes: el mapa de orígenes más ancho del Mundial 2026.

Ismael Saibari y Achraf Hakimi, nacidos en Terrassa y Getafe respectivamente, celebran el gol de Marruecos ante Brasil en el Mundial 2026.
AP Photo/Pamela Smith

Marruecos llegó al Mundial 2026 con jugadores nacidos en seis países distintos, repartidos por una decena de ligas y por ciudades de tres continentes. Ningún otro vestuario dibujó un mapa tan ancho de orígenes.

El día que Marruecos jugó sin un solo nacido en casa

El 13 de junio, en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, Marruecos hizo algo que ninguna selección había logrado antes en un Mundial. A partir del minuto 65, con la salida de Azzedine Ounahi, los once futbolistas sobre el césped habían nacido fuera del país.

Ounahi, nacido en Casablanca, era el único titular con partida de nacimiento marroquí. Cuando fue sustituido por Samir El Mourabet, nacido en Estrasburgo, el once quedó formado íntegramente por jugadores de la diáspora.

Esa imagen resume por qué Marruecos fue, con matices, la selección más multinacional del torneo. No fue la que más futbolistas nacidos fuera reunió, sino la que acumuló más países de nacimiento distintos en una misma convocatoria.

Seis países de nacimiento en una convocatoria

De los 26 convocados, 19 nacieron fuera de Marruecos y solo siete en el país africano. Los futbolistas de la diáspora procedían de cinco Estados diferentes: España, Francia, Bélgica, Países Bajos y Canadá.

País de nacimiento Jugadores
Marruecos 7
España 6
Francia 6
Bélgica 3
Países Bajos 3
Canadá 1

Solo siete nacidos en casa colocaron a Marruecos entre las selecciones menos autóctonas del torneo, junto a Curazao o RD Congo. España encabezó el reparto de la diáspora, con seis jugadores nacidos en territorio español.

Ese dato refleja una larga historia de futbolistas marroquíes en España, una de las mayores comunidades del continente junto a la establecida en Francia.

El mapa se vuelve todavía más preciso al bajar a las ciudades. El capitán Achraf Hakimi nació en Madrid, Brahim Díaz en Málaga y Bono en Montreal, aunque regresó a Marruecos con solo tres años. Todos representan distintas caras de la misma diáspora.

La mayoría comparte un perfil similar: hijos o nietos de emigrantes marroquíes, criados en grandes ciudades europeas antes de elegir la camiseta de la selección de sus familias.

De la Ligue 1 a la Botola: el mapa de las ligas

Si el nacimiento dibuja un mapa, el club dibuja otro. La plantilla marroquí se repartía entre cerca de una decena de ligas y tres continentes diferentes.

Hakimi jugaba en el Paris Saint-Germain, Brahim en el Real Madrid y Mazraoui en el Manchester United. El resto se distribuía entre la Serie A, la Bundesliga, Grecia, Arabia Saudí, Emiratos, Egipto y la liga marroquí.

Continente Ligas con marroquíes del Mundial
Europa Ligue 1, Premier League, LaLiga, Serie A, Bundesliga, Eredivisie, liga belga, liga turca, liga griega
Asia Saudi Pro League, liga de Emiratos
África Botola marroquí, liga egipcia

Por qué el «más multinacional» no es Curazao

Aquí conviene frenar un equívoco. Curazao llegó al Mundial con 25 de sus 26 jugadores nacidos fuera de la isla, más que Marruecos. La diferencia está en la variedad.

Casi todos los futbolistas curazoleños nacieron en los Países Bajos. Marruecos, en cambio, mezcló seis países distintos dentro del mismo vestuario. RD Congo quedó en un punto intermedio, con internacionales nacidos en Francia, Bélgica, Suiza e Inglaterra.

El dato va más allá de la curiosidad. Marruecos ha convertido su diáspora en una cantera repartida por Europa, capaz de sostener el bloque que alcanzó las semifinales en Catar 2022 y volvió a los cuartos de final en 2026.

La variedad terminó siendo también una ventaja deportiva. Cada gran liga forma perfiles diferentes, y Marruecos reunió en un mismo grupo jugadores moldeados en escuelas futbolísticas muy distintas.

Nacidos fuera, formados fuera: el debate de siempre

Cada convocatoria de este tipo reabre el debate sobre identidad y pertenencia. Para algunos aficionados, un futbolista criado en Madrid o Ámsterdam representa menos al país que otro formado en Casablanca.

Los propios protagonistas defienden otra idea. Muchos crecieron visitando Marruecos cada verano y siempre mantuvieron un vínculo familiar con el país. La elegibilidad FIFA solo formaliza una identidad que ellos ya sentían.

Elegir Marruecos, pudiendo esperar una llamada de España, Francia o Bélgica, es una decisión deportiva, pero también sentimental. Muchos renuncian a una potencia para representar el país de sus padres y abuelos.

El Mundial de 48 selecciones amplificó esa tendencia. Más plazas significan también más federaciones buscando talento en sus comunidades emigradas.

De 2022 a 2026: la diáspora como método

Marruecos no improvisó este modelo. La federación llevaba más de una década rastreando a hijos y nietos de emigrantes en Francia, Bélgica, España y Países Bajos.

El salto de Catar 2022 confirmó el proyecto. Aquella selección, primera africana en alcanzar unas semifinales mundialistas, ya se apoyaba en futbolistas nacidos en Rotterdam, Ámsterdam o París. El grupo de 2026 fue una continuidad natural.

Conviene una precisión. No se trata de nacionalizar extranjeros sin relación con el país, sino de recuperar a los hijos de la emigración marroquí, ciudadanos de pleno derecho aunque nacieran en Lyon o Utrecht.

El torneo de Marruecos terminó en los cuartos de final frente a Francia, pero dejó una imagen difícil de repetir: la de un país que reunió medio mundo dentro del vestuario. El mapa más amplio del Mundial no lo dibujó una potencia histórica, sino una selección construida a través de la diáspora.