La Fórmula 1 tiene desde 2021 un límite de gasto para sus equipos. En 2026, con el nuevo reglamento técnico, esa cifra ha subido hasta los 215 millones de dólares por temporada, 80 millones más que el año anterior. El salto parece enorme, pero según la FIA y los propios equipos es casi neutro en la práctica.
La explicación está en la letra pequeña. El nuevo límite incluye gastos que antes quedaban fuera, y absorbe un tope específico que se ha eliminado. Entender qué entra y qué no en esa cifra es la clave para saber cuánto puede gastar de verdad cada escudería.
Por qué existe un límite
Durante años, la Fórmula 1 fue un campeonato en el que los equipos más ricos gastaban varias veces más que los modestos. Esa diferencia se traducía en la pista: los presupuestos altos compraban más ingenieros, más horas de túnel de viento y más piezas, y la parrilla se partía en dos o tres categorías.
El límite presupuestario se introdujo en 2021 para cerrar esa brecha y hacer el campeonato más sostenible. La idea era doble: que los equipos pequeños pudieran competir con los grandes y que los grandes dejaran de perder dinero en una carrera de gasto sin fin. Es una de las normas que más ha cambiado el negocio de la F1.
La evolución de la cifra
El límite empezó en 145 millones de dólares en 2021, bajó a 140 en 2022 y quedó fijado en 135 millones desde 2023 hasta 2025, con ajustes por la inflación y por el número de carreras. En 2026 ha pasado a 215 millones.
Parte de la subida recoge la inflación acumulada desde 2021, que hasta 2025 se sumaba cada año a la cifra base de 135 millones. Otra parte llegó después, cuando los equipos acordaron eliminar el límite separado de inversiones en instalaciones y sumarlo al general.
Qué entra y qué no
El límite cubre el gasto relacionado con el rendimiento del coche: el diseño, la fabricación de piezas, los sueldos de ingenieros y mecánicos, el túnel de viento y la simulación. Es, en esencia, lo que cuesta construir y hacer correr un monoplaza competitivo.
Quedan fuera algunas partidas importantes. Los sueldos de los pilotos no cuentan, igual que los de los tres empleados mejor pagados de cada equipo, y tampoco los gastos de marketing o algunos costes de viaje. Por eso los presupuestos totales de los grandes equipos siguen superando con mucho el límite.
El reglamento ajusta además la cifra según el calendario. El límite está pensado para temporadas de hasta 24 carreras y no baja si se cancelan Grandes Premios, algo que ha sido relevante en 2026, cuando se cancelaron Baréin y Arabia Saudí y solo el primero se recuperó, en Malasia. Para las temporadas con más carreras, los equipos reciben una cantidad extra por evento.
Un límite para los motores
Los fabricantes de motores tienen su propio techo de gasto, separado del de los equipos. Entró en vigor en 2023 y se aplica plenamente desde 2026, con la llegada de las nuevas unidades de potencia. Controla lo que cuesta desarrollar, construir y suministrar los motores, y funciona en paralelo al límite general.
Ese segundo techo ha sido clave para atraer a nuevos fabricantes. Marcas como Audi, que debutó en 2026 con equipo propio, o Ford, socio de Red Bull, sabían de antemano cuánto podían gastar sus rivales en el desarrollo del motor, una garantía que redujo el riesgo de entrar en una carrera tecnológica desigual.
Las sanciones
Superar el límite tiene consecuencias. Las sanciones van desde una amonestación pública hasta multas, reducciones del tiempo de túnel de viento y simulación aerodinámica, pérdida de puntos y, en los casos más graves, la exclusión del campeonato.
El caso más conocido es el de Red Bull. La FIA concluyó que el equipo había superado ligeramente el límite en 2021, el año del primer título de Max Verstappen, y le impuso una multa de siete millones de dólares y una reducción del 10% de su tiempo de pruebas aerodinámicas. Fue el primer gran castigo del nuevo sistema.
La FIA revisa las cuentas de cada equipo una vez terminada la temporada, así que los resultados de las auditorías se conocen meses después. Ese retraso es una de las críticas habituales: un equipo que gasta de más puede beneficiarse durante un año antes de recibir la sanción.
El efecto en la parrilla
Cinco años después de su llegada, el límite ha cambiado la forma de trabajar de los equipos. Los grandes tuvieron que reducir plantillas y recolocar a parte de su personal en otras divisiones, y los pequeños ganaron margen para acercarse. La parrilla es hoy más compacta que antes del tope.
El límite ha influido también en el valor de los equipos. Con los gastos controlados, las escuderías se han convertido en negocios rentables, y eso explica que su precio se haya disparado y que nuevos proyectos, como Cadillac, hayan tenido que pagar una cuota de entrada muy alta para unirse a la parrilla.
11 equipos, un solo techo
La temporada 2026 es la primera con 11 equipos bajo el mismo límite. Para la FIA, el reto es vigilar a más escuderías con reglamentos técnicos nuevos y una lista de excepciones más larga. Para los equipos, la clave es gastar mejor que los rivales en un campeonato que ha cambiado por completo.
El dinero, en cualquier caso, sigue marcando diferencias. Los equipos con más ingresos pueden pagar a los mejores pilotos, cuyos sueldos no cuentan en el límite, y tienen más recursos fuera del tope. La igualdad total no existe, pero la distancia entre ricos y modestos es hoy menor que hace una década.