Sandor Martín, ocho meses parado y sin Mundial

El barcelonés no pelea desde diciembre y su plan de cuatro combates y un Mundial en 2026 sigue en blanco: la inactividad, el mal callado del boxeo.

Sandor Martín encaja un golpe de Alberto Puello durante el noveno asalto de su combate por el título WBC del superligero en Nueva York
Sandor Martin, ante Alberto Puello en su combate por el titulo WBC del superligero. AP Photo/Frank Franklin II

Sandor Martín cerró 2025 con una victoria en Bilbao y un plan claro para 2026: cuatro combates y otra oportunidad mundial. Ocho meses después, el barcelonés sigue sin fecha, sin rival y sin ring.

El año que todavía no ha empezado

El 20 de diciembre de 2025, Sandor Martín (43-4, 15 KO) volvió a pelear en España tras más de tres años y medio y venció a Yanis Kurylenko por decisión unánime en el Bilbao Arena. Aquella noche habló de futuro. Desde entonces, no ha vuelto a subirse a un cuadrilátero.

En su vestuario, y en las entrevistas previas, el catalán fue explícito. Pedía un 2026 con regularidad y una gran cita: quería llegar a cuatro combates y volver a disputar el Mundial. Puso tres nombres sobre la mesa: Isaac Cruz, Subriel Matías o Dalton Smith.

Aquella pelea con Kurylenko la vendió como un peldaño. La definió como un combate «vital» para reengancharse a las grandes veladas y forzar otra opción mundial. Ganó con oficio, por 79-73, 78-74 y 80-72, ante un rival duro y tramposo. El peldaño, de momento, no lleva a ninguna parte.

La división que no le deja hueco

El problema no es de nivel, es de tráfico. El superligero (hasta 63,5 kilos) es uno de los pesos más concurridos del boxeo, y por delante de Martín hay una fila que no se mueve. El WBC lo mantiene segundo en su ranking, pero el segundo espera.

El cinturón ha cambiado de manos sin pasar por él. Alberto Puello, que le ganó el Mundial por decisión dividida en marzo de 2025, lo perdió ante Subriel Matías en julio de ese año. Y Matías cayó por KO técnico ante el británico Dalton Smith en enero de 2026.

Por encima sigue habiendo ruido. Isaac Cruz, el mexicano que Martín quiere enfrentar, es campeón interino tras empatar con Lamont Roach en diciembre de 2025. Y la defensa obligatoria de Smith ante Puello, prevista para junio de 2026, se aplazó por una lesión del campeón y quedó reprogramada para el 24 de octubre en Sheffield.

Los tres nombres que pidió dibujan el laberinto. Cruz es un pequeño huracán mexicano con el interinato; Matías, el puertorriqueño que fue campeón absoluto; Smith, el invicto británico que hoy manda con el respaldo de Eddie Hearn. Ninguno tiene prisa por cruzarse con un zurdo incómodo.

El presidente del WBC, Mauricio Sulaimán, ha repetido que 2026 sería el año del regreso mundialista de Sandor. La intención existe; la fecha, no. Entre el aspirante oficial, el campeón interino y un campeón lesionado, el catalán aguarda su turno como segundo aspirante, justo por detrás de Puello.

El boxeo moderno se mueve por dinero y por plataformas tanto como por méritos. Sin una promotora rival interesada ni una gran velada que lo encaje, un aspirante puede tener todo el crédito deportivo y quedarse igualmente fuera del cartel. A Martín le sobra lo primero y le falta lo segundo.

Lo que desgasta a un púgil parado

Aquí aparece la lectura incómoda de su carrera. El expediente dice 43-4, y sus cuatro derrotas llegaron ante nombres mayores y por decisiones muy estrechas, siempre discutidas. Perder, en su caso, casi nunca le ha restado prestigio. Le está pesando mucho más el otro mal, el silencioso: no competir.

Un boxeador parado se oxida por dentro. Se le va el afinado de reflejos, la puesta a punto física y, sobre todo, la posición en un negocio donde manda la actividad. Cada mes sin pelear le resta caché, le resta ranking y empuja a los organismos a mirar a otro.

No es la primera travesía en seco. En 2024 no disputó un solo combate, atrapado en la misma sala de espera mientras el WBC ordenaba su asalto al título de Puello. Repetir el patrón dos años después, ya con 32 años cumplidos, convierte la anécdota en tendencia.

Su boxeo explica parte del bloqueo. Martín es un zurdo técnico, listo, de los que ganan asaltos sin regalar espectáculo, y ese perfil espanta a rivales que buscan lucirse. Es respetado dentro del ring y esquivado fuera, una combinación que a menudo condena a los mejores estilistas a esperar.

Hay una paradoja que persigue al catalán. En España se le ha reconocido antes por sus derrotas de prestigio que por sus victorias. Su recital ante Mikey García en 2022 lo colocó en el mapa; su combate ante Teófimo López en diciembre de 2022 lo confirmó pese a caer.

El Mundial que España casi nunca ha tenido

El objetivo mantiene su tamaño. España solo ha tenido dos campeones del mundo del superligero en toda su historia: el zaragozano Perico Fernández, que reinó en 1974, y el canario Miguel Velázquez, campeón WBC en 1976. Desde entonces, medio siglo de vacío en esta categoría.

Un cinturón mundial cambiaría también el relato del boxeo español actual, rico en campeones continentales pero escaso de coronas mundiales. Martín es, desde hace años, el que más cerca ha estado, el que sostiene esa candidatura casi en solitario. Por eso cada mes perdido duele más allá de su rincón.

Por eso su espera pesa tanto. Martín, formado en el gimnasio KO Verdún de su padre en Barcelona, ha construido su carrera a base de paciencia: aspirante oficial durante años, siempre a un combate del sueño. Una corona suya rompería esa sequía de casi 50 años.

En los mentideros del boxeo español se da por cerca el anuncio de su próximo rival, incluso un cruce con Cruz para ordenar la fila. Nada es oficial todavía. Su ficha, hoy, mantiene la misma línea: próximo combate, sin anunciar.

El boxeo premia la actividad y castiga la quietud, y Sandor Martín lleva demasiado tiempo en el lado equivocado de esa ecuación. A esta altura de su carrera, su gran adversario ya no se llama Cruz, Matías ni Smith. Se llama calendario, y ese no falla a los pesajes.