Ricky ya puede elegir y ha escogido la felicidad
Tardamos poco en descubrir que la sonrisa nunca es eterna. Cuando somos niños, una pataleta, un castigo o una burla en el parque cambian la mueca de felicidad por el llanto y el disgusto. En la adolescencia, esa expresión de tristeza y melancolía prevalece perenne en nuestro rostro ante la incomprensión que sentimos por parte del mundo que nos rodea.