Diego Botín, del oro olímpico a pilotar un F50 a 100 por hora

Del skiff olímpico al catamarán volador de SailGP: el patrón español debuta en casa en el Spain Sail Grand Prix de Valencia.

Diego Botín y Florian Trittel, colgados del trapecio de su 49er durante la regata de skiff masculino en Marsella
Diego Botín Le Chever y Florian Trittel Paul compiten en una regata de skiff masculino el domingo 28 de julio de 2024, en la primera jornada de la competición de vela de los Juegos Olímpicos de 2024 en Marsella, Francia. AP Photo/Jacquelyn Martin

Diego Botín ganó el oro olímpico en un skiff de dos tripulantes y hoy pilota un catamarán volador que roza los 100 kilómetros por hora. Ese salto explica hacia dónde va la vela española.

Del 49er olímpico al F50 volador

El 49er con el que Botín y Florian Trittel fueron campeones olímpicos en París 2024 es una vela ligera para dos personas, sin motor y sin más ayuda que el cuerpo colgado del trapecio. El F50 del circuito SailGP es un catamarán que despega del agua: fibra de carbono, alerones sumergidos que lo elevan y velocidades por encima de los 100 kilómetros por hora.

Esos alerones se llaman foils y funcionan como las alas de un avión: a partir de cierta velocidad el casco deja de tocar el mar y el barco vuela sobre una lámina de agua. La consecuencia es un deporte donde un error se paga en segundos, no en minutos, y donde el margen entre ganar y volcar es mínimo.

Las cifras de agosto dan la medida. En Sassnitz el circuito guardaba desde 2025 el récord oficial de un F50, los 103,93 km/h del danés ROCKWOOL Racing, y este año lo batieron tres barcos el mismo día.

El francés DS Team France lo dejó en 107,63 km/h y Los Gallos firmaron 106,55: la pista alemana es hoy la más rápida del calendario.

El otro cambio es el equipo. En el 49er navegan dos; en el F50 hay seis personas a bordo y una plantilla algo mayor detrás.

Botín lo ha resumido eligiendo el catamarán como su barco favorito «por su complejidad y porque también tienes un equipo más grande, más personas que coordinar». El reto ya no es solo la caña, es gobernar a seis manos una máquina.

Un patrón que empezó controlando el vuelo

Botín no llegó al timón por la puerta grande. En sus primeras temporadas en SailGP fue controlador de vuelo, el tripulante que regula la altura de los foils, y no se puso a los mandos como piloto hasta febrero de 2023. Aquel ascenso fue un cambio de puesto poco habitual en un circuito dominado por patrones veteranos.

La respuesta llegó rápido. En su primera temporada al timón el equipo español firmó en Los Ángeles su primera victoria en un Gran Premio,

Y un año después se proclamó campeón de la cuarta temporada, la 2023-24, tras ganar la gran final de San Francisco: una sola carrera contra Australia y Nueva Zelanda, con dos millones de dólares para el vencedor y nada para los otros dos. Aquel triunfo cortó la racha de tres títulos de Tom Slingsby y Australia.

Fue el primer título absoluto de España en la competición.

Entre medias, el mar le devolvió lo que le debía. Botín, cántabro de Santander, había acabado cuarto en Tokio 2020, a las puertas del podio. En París 2024 no falló: junto a Trittel dominó la medal race de Marsella y colgó el primer oro de toda la delegación española. En 2025 completó la colección con el título mundial de la clase en Cagliari.

Los Gallos, el equipo más joven del circuito

El equipo español se llama Los Gallos y presume de ser la tripulación más joven del circuito, desde que debutó en la segunda temporada.

Alrededor de Botín como piloto y Trittel como trimador de ala se ha consolidado un bloque con el controlador de vuelo Joel Rodríguez, la estratega Nicole van der Velden, el menorquín Joan Cardona como táctico y grinder y el portugués Bernardo Freitas, el sexto a bordo, también en los molinos. Andrés Barrio figura como grinder reserva.

Ese bloque no se ha movido. Pese a los sustos —en enero rompieron el barco en un accidente de entrenamiento en Perth—, el equipo decidió mantener la misma alineación para 2026, convencido de que la continuidad es su mayor activo. En un deporte de milímetros, conocerse de memoria vale tanto como el barco.

La otra novedad es de despacho. En abril de 2026 el fondo Quantum Pacific compró la franquicia de Los Gallos, la mayor inversión hasta la fecha en un equipo de vela español. Hasta entonces, España y Nueva Zelanda eran los únicos equipos sin dueño privado, así que el pase supone un salto hacia el modelo profesional del resto de la parrilla.

La vela olímpica española se vacía hacia la velocidad

El caso de Botín no es aislado. La propia federación internacional constata que varios de los mejores regatistas de Tokio 2020 dejaron el circuito olímpico o desviaron su atención hacia SailGP y la Copa América. Es una fuga de talento hacia el foiling que redibuja el mapa de la alta competición.

La razón es técnica antes que económica. La tecnología de los barcos voladores empuja a los olímpicos, a SailGP y a la Copa América a competir por los mismos nombres, porque las tres disciplinas piden hoy un perfil parecido. El regatista que domina el vuelo tiene tres circuitos peleándose por ficharlo a la vez.

Botín y Trittel son el ejemplo perfecto de esa vida a tres bandas. Además de SailGP y de su campaña olímpica hacia Los Ángeles 2028, en 2026 firmaron por K-Challenge, el desafío francés de la 38ª Copa América, que se disputa en Nápoles en 2027.

En el equipo, presentado en Lorient como La Roche-Posay Racing Team, Botín será uno de los dos patrones junto al francés Quentin Delapierre, algo que devuelve a un español a la regata más antigua del mundo.

No había ninguno a bordo desde que Xabi Fernández tripuló el Luna Rossa en 2013.

La temporada estrena además un formato nuevo. Con 13 equipos en la parrilla, la flota se parte en dos grupos y solo los dos mejores de cada uno llegan a la final, a cuatro barcos y una sola manga.

Eso explica lo de Sassnitz: Los Gallos llegaron obligados a ganar la última manga de su grupo y la ganaron desde el fondo.

Valencia, el estreno mediterráneo en casa

Todo ese recorrido desemboca en Valencia. Los días 5 y 6 de septiembre de 2026, la Marina acoge por primera vez el Spain Sail Grand Prix, única parada española del calendario y décima de las 13 pruebas de la temporada. Será el debut de SailGP en la ciudad, dentro de un acuerdo que la mantendrá como sede hasta 2028.

Para Los Gallos es un estreno con matices. El equipo ya había corrido en España, en aguas atlánticas de Cádiz, pero Valencia será su primera regata del circuito en el Mediterráneo y, encima, ante su afición. Competir en casa añade presión y también empuje: pocas veces coinciden deportista, equipo y regata españoles en el mismo punto del mapa.

Llegan lanzados. Ganaron en junio el Gran Premio de Canadá en Halifax y repitieron en Portsmouth remontando en la carrera decisiva; en agosto fueron terceros en Sassnitz.

Son dos victorias y tres podios consecutivos que los dejan segundos con 62 puntos, a 14 de Australia y por delante de Suecia, con Valencia y Ginebra por delante en la gira europea. La cita valenciana medirá si el vuelo de Botín llega a tiempo para pelear otra vez por el título.