Zverev gana su primer Grand Slam a la cuarta final
Perdió tres finales de Grand Slam antes de esta. A los 29 años, Zverev ganó Roland Garros 2026 en la pista donde lloró ante Alcaraz en 2024.
Alexander Zverev ganó en junio de 2026 su primer Grand Slam en Roland Garros, a la cuarta final y con 29 años. Lo hizo en la misma pista donde, dos veranos antes, se había derrumbado ante Carlos Alcaraz. Fue su victoria número 125 en un Grand Slam: nadie había ganado tantos partidos antes de estrenar su palmarés.
La pista donde más había llorado
El 7 de junio de 2026, sobre la tierra de la Philippe-Chatrier, Zverev se dejó caer de espaldas al cerrar el último punto ante Flavio Cobolli. Dos años antes, en esa misma pista, había llorado tras la final contra Alcaraz. El guion, ahora, se invirtió por completo.
El resultado fue un 6-1, 4-6, 6-4, 6-7(5) y 6-1 en cuatro horas y 16 minutos. El alemán arrancó arrollador, se dejó llevar el cuarto set en un tie-break agónico y respondió con un doble break en el quinto. Levantó la Copa de los Mosqueteros lanzándola al cielo desde la base.
Por qué esta victoria pesa más que un título
Durante años, Zverev cargó con la etiqueta más incómoda del circuito: el mejor tenista sin un grande. Era número dos del mundo, campeón olímpico y dueño de un tenis excelso, pero la conversión de siete partidos en 15 días en un major se le resistía una y otra vez.
La pieza no es solo un marcador. Es el final de una década de expectativas que se habían vuelto losa. Andre Agassi, que también perdió sus tres primeras finales de Grand Slam antes de ganar ocho, avisó en 2026 de que Zverev pecaba de demasiado pasivo con su repertorio.
El precedente que más asusta es el de su propio deporte. Dominic Thiem, el hombre que le negó su estreno en 2020, también había caído en sus tres primeras finales. La diferencia es que Zverev tardó seis años más en resolver la ecuación que Thiem despejó a la primera oportunidad clara.
Hay una capa que la etiqueta de eterno aspirante suele olvidar. En la semifinal de Roland Garros de 2022, Zverev se destrozó el tobillo ante Rafael Nadal —los tres ligamentos laterales del tobillo derecho, rotos— y estuvo meses lejos de las pistas. Que volviera a jugar finales de grande ya era, en sí mismo, una reconstrucción notable.
Las tres finales que lo persiguieron
La cuenta de fracasos era concreta y dolorosa. En el US Open de 2020, Zverev dominaba dos sets a cero ante Thiem y no supo sacar para el título: cayó en el quinto, resuelto en un tie-break. Fue su primera final y la primera herida.
La segunda llegó en la final de 2024, en este mismo Roland Garros. Zverev iba dos sets a uno por delante ante Alcaraz y estaba a un set del sueño. El murciano remontó por 6-3, 2-6, 5-7, 6-1 y 6-2. Otra ventaja evaporada, otra despedida entre lágrimas.
La tercera fue distinta: en el Abierto de Australia de 2025 no hubo drama de ventaja perdida, sino una superioridad aplastante del rival. Jannik Sinner lo barrió en tres sets, 6-3, 7-6(4) y 6-3, sin dejarle entrar nunca en el partido. Tres finales, tres formas de perder.
Un cuadro que se abrió de par en par
Sería deshonesto contar el título sin el contexto del sorteo. El cuadro masculino de 2026 se resquebrajó en la primera semana: Alcaraz, doble campeón defensor, se retiró antes de empezar por una lesión en la muñeca derecha. La autopista quedó despejada de golpe.
Y siguió despejándose. Sinner, favorito absoluto, ganaba por dos sets y 5-1 cuando los calambres lo tumbaron ante Juan Manuel Cerúndolo y cayó en segunda ronda. Novak Djokovic se despidió en tercera ante el emergente Joao Fonseca, y el francés Arthur Fils también renunció. Seis de los diez primeros cabezas de serie desaparecieron pronto.
El dato dimensiona el vuelco: Cerúndolo, número 56 del mundo, cortó una racha de 30 victorias y dejó a Sinner como el primer cabeza de serie número uno que cae en segunda ronda en Roland Garros desde Andre Agassi en 2000.
Eso no invalida el mérito. Zverev tuvo que ganar sus siete partidos y gestionar la presión del favorito, un rol que nunca le había sentado bien. Y el dato histórico es incontestable: ningún alemán había ganado en París desde Henner Henkel en 1937, y ninguno lo había hecho jamás en la era Open.
Cobolli, el rival que casi lo estropea
Enfrente estuvo Flavio Cobolli, italiano de 24 años y décimo cabeza de serie, que disputaba su primera final grande. Con solo llegar a ella se aseguró debutar entre los diez mejores del mundo, tras eliminar a Félix Auger-Aliassime y entrar en la final sin jugar: su compatriota Matteo Arnaldi renunció por un virus horas antes de la semifinal.
Cobolli firmó el momento más eléctrico de la tarde. Cuando Zverev tenía el partido encarrilado, el italiano remontó el cuarto set con un tie-break cerrado por un derechazo fulminante paralelo. Estuvo, por unos minutos, a un set de una de las mayores sorpresas recientes del torneo.
El detalle simbólico lo puso la entrega de premios. El trofeo lo dio Adriano Panatta, último italiano campeón en París allá por 1976. Cobolli aspiraba a ser el tercer italiano con un grande individual tras Panatta y Sinner, pero se quedó a las puertas.
Qué cambia ahora para Zverev
El primer cambio es psicológico. Quien acumula seis títulos de Masters 1.000 y dos Copas de Maestros pero ningún grande vive con una pregunta encima; Zverev ya no tendrá que responderla. Es, además, el tercer alemán de la era Open con un grande, tras Boris Becker y Michael Stich.
Conviene recordar de qué madera está hecho. En los Juegos de Tokio, disputados en 2021, se colgó el oro olímpico individual tras eliminar a Djokovic en semifinales y cortarle al serbio el sueño del Golden Slam. Compite, además, gestionando una diabetes de tipo 1 desde niño, un detalle que humaniza cada uno de sus triunfos.
El resto de 2026 se lee distinto. Con el major por fin en la vitrina, el alemán llega a la recta final del curso —con las ATP Finals de Turín, del 15 al 22 de noviembre, como gran cita del calendario— sin el peso que arrastró durante casi una década. Ganó donde más había sufrido, y esa deuda pendiente, por una vez, ya está resuelta.