El tenis ha cambiado la forma de cantar sus líneas. Durante más de un siglo, jueces sentados alrededor de la pista decidían si una bola había entrado o no, y los jugadores podían protestar ante el juez de silla. Hoy, en casi todos los grandes torneos, esa decisión la toma un sistema electrónico de cámaras.
El cambio se ha producido en pocos años. El ojo de halcón nació como una herramienta de revisión, con los famosos desafíos de los jugadores, y ha terminado sustituyendo a los jueces de línea en la mayoría del circuito. Entre los cuatro Grand Slams, solo Roland Garros mantiene jueces de línea humanos.
Cómo funciona
El sistema utiliza varias cámaras de alta velocidad colocadas alrededor de la pista. Cada una sigue la trayectoria de la bola, y un programa informático combina todas las imágenes para calcular el punto exacto en el que bota. En los desafíos, el resultado se mostraba en una reconstrucción gráfica que veía el público; hoy lo anuncia una voz grabada.
La tecnología tiene un margen de error de unos pocos milímetros, y Hawk-Eye Innovations, la empresa que creó el sistema, cifra su error medio en 3,6 milímetros. Aun así, los jugadores siguen cuestionando alguna decisión en las bolas más ajustadas.
La era de los desafíos
El ojo de halcón llegó al tenis profesional a mediados de la década de 2000 como sistema de revisión. Los jugadores podían desafiar la decisión de un juez de línea, y la reconstrucción de las cámaras confirmaba o corregía la llamada. El sistema añadió un momento de tensión a los partidos, con el público pendiente de la pantalla.
Cada jugador tenía un número limitado de desafíos. En general, contaba con tres fallos por set y uno más en el tie-break: si acertaba, conservaba el desafío; si fallaba, lo perdía. Esa norma obligaba a administrar las protestas con cuidado y generó una estrategia propia en los partidos igualados.
El cantado electrónico en directo
El siguiente paso fue eliminar a los jueces de línea. Con el cantado electrónico en directo, el sistema decide en tiempo real si la bola ha salido y lo anuncia con una voz grabada, sin necesidad de revisión. Se probó en las Next Gen ATP Finals de 2017 y se extendió durante la pandemia, cuando los torneos redujeron el personal en pista.
La ATP anunció en abril de 2023 que aplicaría el cantado electrónico en todos sus torneos a partir de 2025. Desde esa temporada, en los torneos del ATP Tour ya no hay jueces de línea, y los desafíos han desaparecido porque cada bola se decide al instante.
La tecnología exige una instalación cara. Cada pista necesita sus propias cámaras y un sistema de control, y los torneos más pequeños tardaron más en adoptarla. La decisión de la ATP obligó a extenderla a todos sus torneos, también a los más modestos.
Wimbledon, el último gran cambio
El cambio más simbólico llegó en Wimbledon. El torneo más tradicional del mundo prescindió de sus jueces de línea en 2025, después de casi siglo y medio de historia, y adoptó el sistema electrónico en todas sus pistas. Fue una decisión que sorprendió a muchos aficionados.
El Open de Australia y el US Open ya habían dado el paso antes, y en el circuito femenino también lo adoptó en 2025 el torneo de Charleston, sobre tierra batida. Con Wimbledon, el cantado electrónico se convirtió en la norma de los grandes torneos sobre pista dura y hierba.
El estreno de Wimbledon tuvo un tropiezo. El 6 de julio de 2025, en la Pista Central, el sistema quedó desactivado por error durante tres puntos del partido entre Anastasia Pavlyuchenkova y Sonay Kartal, y el torneo pidió disculpas. Para 2026 añadió marcadores que muestran las decisiones del sistema y una revisión por vídeo para otras jugadas.
La excepción de Roland Garros
Roland Garros es la gran excepción. En la tierra batida la bola deja una marca en la pista, y durante décadas el juez de silla bajaba a comprobarla cuando había dudas. El torneo ha mantenido a sus jueces de línea en 2026 y sigue confiando en la marca de la bola.
La tecnología de las cámaras también funciona en tierra, y las marcas siguen dando que hablar. En Madrid, Zverev recibió un aviso en 2025 por fotografiar una marca tras pedir que se comprobara una bola, y el juez de silla no pudo corregir la decisión electrónica.
Lo que cambia para los jugadores
Para los jugadores, el sistema electrónico ha reducido las discusiones. Ya no hay jueces a los que protestar, y las decisiones llegan tan rápido que el juego apenas se detiene. Algunos echan de menos los desafíos, que les daban un momento para respirar en los puntos más tensos.
El cambio ha afectado también a los árbitros. El juez de silla sigue dirigiendo el partido, controla el tiempo y aplica las normas, pero ha perdido buena parte de su papel en las líneas. Su trabajo se centra ahora en el comportamiento y el reglamento.
Más allá del tenis
La tecnología de las cámaras se ha extendido a otros deportes. El pádel incorporó su propio sistema de revisión en el World Padel Tour, y el bádminton y el críquet utilizan herramientas parecidas para resolver las jugadas dudosas. El ojo de halcón debutó en las retransmisiones de críquet en 2001, antes de llegar al tenis.
En el fútbol, la misma idea se aplica a la tecnología de la línea de gol, que decide si el balón ha cruzado por completo la línea. Los principios son parecidos: cámaras o sensores, cálculo de la trayectoria y una señal que llega en menos de un segundo al reloj del árbitro.
El fin de una profesión
La desaparición de los jueces de línea ha tenido un coste humano. En Wimbledon, el grupo era de unos 300 y solo unos 80 siguen en las pistas como asistentes de partido, dos por pista, junto al juez de silla. Es el precio de un tenis más preciso.
Para el aficionado, el resultado es un tenis con menos polémicas en las líneas y con un ritmo más fluido. Las imágenes de los jueces con gorra y uniforme agachados junto a la pista pertenecen ya a una etapa que se ha cerrado casi por completo.