El PSG destroza al Villarreal (0-6) con cuatro goles en los primeros 17 minutos y una exhibición de presión alta. El equipo de Luis Enrique desnuda el planteamiento de Iñigo Pérez, incapaz de encontrar respuestas ante el bicampeón europeo. Un equipo que parece jugar en otra dimensión.
C’est fini en 17 minutos
La previa había estado marcada por los elogios de Luis Enrique a Iñigo Pérez. Dos entrenadores de marcada personalidad táctica que comparten la ambición de ser protagonistas con balón. Pero lo que debía ser un duelo de pizarras terminó convirtiéndose en una demostración de superioridad obscena. El PSG no solo destrozó al Villarreal: lo hizo aprovechando una y otra vez las debilidades del plan diseñado para intentar contenerlo.
El primer gesto parisino fue una declaración de intenciones. Sacó de centro y envió directamente el balón fuera para presionar arriba. Una maniobra habitual, pero que iba a convertirse en una premonición. Iñigo había reforzado la medular con tres hombres, situado a Macià sobre Vitinha y devuelto a Mouriño al eje de la defensa en detrimento de Pau Navarro. Una modificación de su estructura habitual que, lejos de ofrecer protección, terminó exponiendo al Villarreal a la mejor presión alta del continente.
Porque el PSG no había viajado a La Cerámica para demostrar que sigue siendo el mejor equipo de Europa. Eso ya lo sabíamos. Pero, por si todavía quedaba algún descreído, los de Luis Enrique necesitaron apenas 17 minutos para refrendar su condición de grandes favoritos a conquistar su tercera Champions League consecutiva, una candidatura que también respaldan las casas de apuestas. Su superioridad colectiva, cuando encuentra espacios y huele sangre, resulta prácticamente imposible de contener.
La pizarra de Iñigo, combustible para la presión del PSG
El primer golpe llegó en el 9′. Un córner cerrado, una defensa colectiva incapaz de resolver la acción y un balón amortiguado por Pacho a la altura de la cadera que João Neves, casi haciendo un escorzo, introdujo en la portería. El 0-1 abrió la veda, pero no modificó el plan local. El Villarreal seguía empeñado en atraer la presión del PSG desde su propia área, sin disponer de las líneas de pase ni de los perfiles adecuados para superarla.
En el 12′, Gulácsi cometió un error gravísimo en la salida. Akliouche y Mayulu aprovecharon el regalo con una combinación de precisión quirúrgica, el segundo giró cerca del poste y sirvió atrás para que Doué castigara. Un minuto después, déjà vu. Otra salida defectuosa del guardameta húngaro, otra recuperación parisina, otra combinación vertical y otro gol, esta vez de Mayulu. Tres tantos en apenas cuatro minutos, dos de ellos nacidos de una insistencia casi suicida en jugar desde atrás.
Porque una cosa es querer ser protagonista y otra ignorar las condiciones del partido. Con Gulácsi, Renato Veiga y un Mouriño que estrenaba posición en el eje de la zaga esta temporada, el Villarreal trataba de superar a un equipo que había cerrado por completo el acceso a sus centrocampistas. No había salida interior, superioridad en primera línea ni alternativa reconocible cuando la presión parisina asfixiaba la jugada.
Iñigo, mientras tanto, observaba cómo su plan se descomponía sin encontrar una respuesta inmediata. Una noche durísima para un entrenador que ya había reconocido las dificultades para transmitir su mensaje al equipo.
Y todavía faltaba el cuarto. En el 17′, otro robo en tres cuartos de campo, otros tres o cuatro toques rápidos, precisos y mortíferos, y Fabián Ruiz terminó enviando a la red un balón suelto. El internacional español celebró formando un nueve con sus dedos, en recuerdo del fallecido Jesús de Miguel. Un gesto cargado de significado en mitad de una exhibición que había dejado La Cerámica en silencio.
9⃣🙏 La dedicatoria de Fabián Ruiz tras el primero de sus goles en La Cerámica en honor de Jesús de Miguel https://t.co/vJGCaWfwsW
— Relevo (@relevo) November 3, 2026
Cuatro goles. Diecisiete minutos. Partido finiquitado. Después, el PSG levantó el pie del acelerador de ese bólido de fibra de carbono que Luis Enrique pilota desde el banquillo, pero siguió manejando el encuentro a su antojo. Un 75% de posesión al descanso y un Villarreal cuyo primer remate entre palos no llegó hasta el 45+2′. Todo ello sin Kvaratskhelia, Nuno Mendes, Marquinhos ni Dembélé. Cuatro titulares indiscutibles. Imagínense.
#DATO HISTÓRICO.
El @VillarrealCF es el PRIMER equipo en TODA la HISTORIA de la Champions League que encaja 4 goles en los primeros 17 minutos de un partido. https://t.co/qD94S7Pz5y
— Fran Martínez (@LaLigaenDirecto) November 3, 2026
Fabián Ruiz, un futbolista inconmensurable
Iñigo solo movió una pieza al descanso: Cardona por Pépé, buscando un doble lateral por la izquierda y nuevas vías de salida exterior. Pero en el 50′, Fabián Ruiz volvió a castigar al Villarreal. Vitinha filtró un envío vertical y el sevillano recortó a Renato Veiga, dejando al descubierto todas las costuras del central portugués, antes de definir con el exterior por debajo de las piernas de Gulácsi. Una maniobra y una ejecución a la altura de los mejores nueves del mundo.
El 0-5 coronaba una actuación inconmensurable de Fabián, todavía más brillante que la del resto de sus compañeros. Un futbolista al que no le hacen falta Balones de Oro para demostrar un talento tan colectivo como arrollador, capaz de interpretar cada espacio y acelerar cuando el partido lo exige. Una pieza fundamental de un PSG que también ha sabido sobreponerse a la ausencia de Kvaratskhelia.
El PSG no tuvo piedad ni levantando el pie
Después hubo algún acercamiento local, un carrusel de cambios, un intento de chilena de João Neves incluso sentado sobre el césped, silbidos esporádicos y los cánticos constantes de unos 600 aficionados parisinos. Poco más que rascar. La segunda mitad fue algo más igualada, pero también profundamente engañosa: el PSG había decidido el partido mucho antes de que el Villarreal pudiera empezar a competirlo.
Y todavía quedaba un último golpe. En el 78′, David Boly, de apenas 17 años, firmó un debut en Champions que difícilmente olvidará. El joven atacante irrumpió en el área desde la derecha ante un marcaje fantasma de Renato Veiga, confirmación de su tétrico partido, y remató con comodidad. El balón golpeó en el propio central portugués antes de colarse en la portería. El 0-6 era también la presentación europea de otra de las perlas de Luis Enrique.
Iñigo Pérez sale muy tocado de una noche que obliga a revisar su planteamiento y la falta de contundencia de sus futbolistas. Enfrente estaba el mejor equipo del mundo, sí, pero eso no exime de responsabilidad. El PSG suma ya 20 goles en cuatro jornadas de Champions, una media salvaje de cinco tantos por partido. La competición empieza a parecerse para los de Luis Enrique al Jardín de las Tullerías: un lugar por el que pasear, disfrutar y sentirse como en casa. Porque, a estas alturas, Europa también es suya.