Jódar y Landaluce, dos chavales de 2006 en cuartos en Roma

Nacidos en 2006 y con cuartos en Roma los dos, Jódar y Landaluce tomaron el relevo del tenis español mientras Alcaraz se curaba la muñeca.

Rafael Jódar saca en su partido de tercera ronda ante Shintaro Mochizuki en Wimbledon 2026.
AP Photo/Kirsty Wigglesworth

Nacidos en 2006 y con un US Open júnior cada uno, Rafa Jódar y Martín Landaluce irrumpieron cuando Carlos Alcaraz se rompía la muñeca. El relevo del tenis masculino español llegó antes de tiempo.

Dos chavales del 2006 al mando de la Armada

El Foro Itálico de Roma se quedó sin Alcaraz en mayo de 2026 y, aun así, acabó hablando español. Rafa Jódar y Martín Landaluce, los dos nacidos en 2006 y salidos del mismo club madrileño, se plantaron a la vez en los cuartos de final del Masters 1000. La sensación fue inmediata.

No era un ruido pasajero. Con Carlos Alcaraz de baja por la lesión de muñeca que arrastraba desde abril, el tenis masculino español necesitaba nombres, y estos dos los pusieron sin avisar. Ninguno había pisado antes unos cuartos de un Masters 1000 sobre tierra batida.

Jódar pasó de la universidad al top 30 en un curso

Rafael Jódar empezó 2026 como número 168 del mundo, recién salido de una beca en la Universidad de Virginia. En abril conquistó su primer título ATP en Marrakech, ante el argentino Marco Trungelliti (6-3 y 6-2), y se convirtió en el sexto español de la Era Open en ganar antes de los 20.

Los números del arranque asustan un poco. Jódar ganó 17 de sus primeros 25 partidos en el circuito, mejor registro inicial que Nadal o Alcaraz en su día. Lo dirige su padre, Rafael, entrenador y preparador físico, en una estructura familiar poco habitual en la élite del circuito.

A partir de ahí no paró. Semifinales en el Conde de Godó, cuartos en Madrid ante Jannik Sinner y cuartos en Roma tras arrasar a Learner Tien (6-1 y 6-4). Con 19 años y 7 meses, fue el más joven en llegar tan lejos en Roma desde Novak Djokovic en 2007.

Allí se topó con la noche más rara de su año. Perdió con el italiano Luciano Darderi por 7-6(5), 5-7 y 6-0 en un partido de más de tres horas que acabó a las 2:02 de la madrugada, con una parada de veinte minutos: el humo de los fuegos artificiales de la Copa de Italia dejó ciego al ojo de halcón.

Jódar levantó dos bolas de partido en el segundo set antes de quedarse sin piernas. Los calambres decidieron el tercero.

Poco después debutó en Roland Garros como cabeza de serie —algo inédito para un novato— y alcanzó los cuartos, donde cayó ante Alexander Zverev. El chico que en 2024 fue campeón júnior en Nueva York ya asomaba entre los 30 mejores del mundo.

Landaluce, el repescado que asustó a Medvédev

Martín Landaluce llegó por otro camino. En marzo, saliendo desde la fase previa, se coló en los cuartos de Miami tras tumbar a Karen Khachanov y Sebastian Korda, y fue el primer nacido en 2006 en pisar esa ronda de un Masters 1000.

En Miami salvó un punto de partido ante Korda antes de ganar en tres sets. Saliendo desde el puesto 151, fue el tenista peor clasificado en meterse en unos octavos de Masters 1000 desde 2009, y el primer nacido en 2006 en pisar unos cuartos.

Ahí se acabó el cuento. Cayó ante Jiri Lehecka por 7-6(1) y 7-5, después de salvar tres bolas de partido en el duodécimo juego del segundo set.

En Roma repitió, y de forma aún más rocambolesca: entró como lucky loser tras una baja, batió a Marin Čilić y a Hamad Medjedović, y llevó a Daniil Medvédev al límite (1-6, 6-4 y 7-5). Formado en la Rafa Nadal Academy, se quedó a un paso de una gesta.

Con ese resultado se convirtió en el primer tenista de su generación en firmar cuartos sobre tierra y sobre pista dura en un Masters 1000. Y contra pronóstico: llegaba a Roma con un balance de 3-8 en tierra y eliminado en primera ronda tanto en Barcelona como en Madrid.

La recompensa fue de ranking. Número uno júnior en su día y campeón del US Open júnior de 2022, Landaluce entró en Roma como número 94 y salió con su primera presencia en el top 100 asegurada, en torno al puesto 66. El rival que lo frenó, Medvédev, era entonces uno de los diez primeros del mundo.

El salto de 2026, sin épica pero con datos

Conviene medir el salto sin inflarlo. Buena parte del foco llegó porque Alcaraz no estaba, y un cuadro sin el número dos del mundo abre huecos. Pero los partidos se ganan igual, y ni Sinner en Madrid ni Medvédev en Roma les regalaron nada.

El dato que enmarca todo conviene acotarlo, porque se ha contado de más. Lo raro no es que España meta a dos tenistas en unos cuartos de Masters 1000: lo hizo en Montecarlo en 2025. Lo raro es que los dos tengan menos de 21 años.

Eso no le pasaba a España desde 2006, cuando Rafael Nadal y Nicolás Almagro lo firmaron en el mismo Foro Itálico y el mallorquín acabó ganando el título. Veinte años justos de espera.

Y no es solo cosa española. Desde 2000, un mismo país había colocado a dos sub-21 en los cuartos de un Masters 1000 en cuatro ocasiones: Ginepri y Roddick en 2003, Nadal y Almagro en 2006 y Auger-Aliassime y Shapovalov en 2019. Roma 2026 es la quinta.

Los dos perfiles se complementan. Jódar es orden, físico de 1,91 y una derecha pesada que ya incomoda a los mejores; Landaluce es pólvora, un pegador vertical que sube el listón cuando el rival aprieta. Uno transmite madurez; el otro, techo.

Y no van solos. En Roland Garros 2026 España volvió a exhibir una imagen coral —Jódar, Landaluce y Daniel Mérida— que el país no proyectaba en un Grand Slam desde 2005, con el joven Nadal, Fernando Verdasco o Guillermo García-López.

Pablo Llamas fue parte de esa misma semana romana, y no de refilón. Salió también de la fase previa, se deshizo de Ethan Quinn y de Corentin Moutet y llevó a Medvédev a tres sets en tercera ronda, la ronda en la que se cruzó con el mismo rival que después frenaría a Landaluce.

El efecto colectivo se nota en la tabla. Tras Roma, España colocó a siete tenistas entre los cien primeros del mundo de cara a Roland Garros, con Jódar como tercer mejor español y Landaluce en el grupo de cabeza. La base vuelve a empujar hacia arriba.

No es humo de un torneo suelto. Ya en enero de 2025, Toni Nadal vaticinaba que Landaluce se convertiría «muy pronto en uno de los mejores del mundo». La diferencia de 2026 es que las palabras empezaron a tener resultados detrás.

Los dos comparten algo más que el año de nacimiento: los dos empezaron en el Club de Tenis Chamartín, aunque Landaluce se mudara después a Manacor para formarse en la Rafa Nadal Academy. El mismo club de barrio, dos caminos distintos.

Ahora bien, la prudencia manda, y la marca el propio Jódar: «Me tomo este año completo como un año de aprendizaje». Una cosa es asaltar unos cuartos y otra sostenerse ronda tras ronda al mejor de cinco sets. El reto pasa de sorprender a sostener, que cuesta mucho más.

Qué se juega la generación 2006 en Nueva York

El próximo examen es el US Open, del 30 de agosto al 13 de septiembre de 2026. Y llega con un giro: Alcaraz apunta a reaparecer en la gira estadounidense tras más de tres meses de baja, inscrito en el Masters 1000 de Cincinnati.

Nada garantiza que su muñeca responda al máximo nivel, y ningún regreso se copia de otro. Para Jódar y Landaluce la asignatura es distinta: confirmar en un Grand Slam sobre pista rápida lo que enseñaron esta primavera.

Durante 20 años, el tenis español vivió pendiente de una sola pregunta: qué pasaría después de Nadal. Alcaraz cambió la conversación, pero el 2026 de estos dos madrileños ha añadido un matiz que hace tiempo no se oía: el relevo, por fin, viene en pareja.