El pádel reparte medallas por primera vez: España va a Taranto

El pádel debuta como deporte de medalla en los Juegos Mediterráneos de Taranto y España viaja como favorita, pero sin Coello, Galán, Lebrón ni Bea González.

Dos jugadores de pádel disputan un punto en una pista exterior acristalada con público en la grada
El pádel reparte medallas por primera vez en unos Juegos Mediterráneos. Imagen generada con inteligencia artificial.

El pádel entra por primera vez en un reparto de medallas de un gran multideportivo. Ocurrirá en los XX Juegos Mediterráneos de Taranto, la cita que Italia acoge entre el 21 de agosto y el 3 de septiembre de 2026, donde el deporte de la pala deja atrás su condición de exhibición para jugarse metal en tres modalidades.

Y España, que copa la élite mundial y no tendrá enfrente a sus verdugos habituales, aterriza en la Puglia con una obligación sencilla de enunciar y con una lista de convocados que no incluye a ninguna de sus grandes estrellas.

Del cartel de exhibición al podio oficial

Los Juegos Mediterráneos son un evento con casi ocho décadas de historia que reúne cada cuatro años a los países de las tres orillas del mar. Hasta ahora el pádel había asomado por sus alrededores como reclamo, sin puntuar ni repartir preseas.

Esa frontera es justo la que se cruza en Taranto: el Comité Internacional de los Juegos Mediterráneos y la Federación Internacional de Pádel lo han incorporado al programa principal, de modo que el metal cuenta en el medallero oficial. No es un matiz menor para un deporte que lleva años empujando puertas institucionales.

La FIP presenta la operación como un peldaño dentro de una carrera más larga. La propia federación recuerda que Taranto llega después del estreno en los Juegos Europeos de 2023 y enmarca el movimiento en su aspiración a entrar en el olimpismo.

El pádel quiere que se le mida con la vara de los deportes consolidados, y para eso necesita medalleros, banderas y actas oficiales, no torneos de escaparate.

Un torneo dibujado a la medida de España

El argumento que sostiene el favoritismo español no es una impresión de aficionado, sino un dato que maneja la propia FIP: el 51% de los deportistas del ranking mundial procede de países mediterráneos y casi el 50% de los clubes y pistas del planeta se concentran en esa misma región. Dicho de otro modo, el mapa del pádel se dibuja alrededor de ese mar.

Y España ocupa el centro de ese mapa desde hace más de una década, tanto en número de licencias como en presencia en la parte alta del ranking.

El detalle competitivo es aún más goloso para los intereses nacionales. Los grandes rivales de las parejas españolas en el circuito profesional son argentinos, y Argentina, por pura geografía, no compite en un torneo reservado a comités mediterráneos. Eso deja a España sin sus obstáculos más incómodos y explica su condición de favorita.

En Taranto no estarán los duelos que suelen decidir los grandes títulos, y sí muchos rivales asequibles para la selección.

Cómo se reparten las medallas

El formato reparte tres juegos de medallas: prueba masculina, femenina y mixta. Cada Comité Olímpico Nacional puede inscribir un máximo de dos parejas masculinas, dos femeninas y una mixta, un tope pensado para que ningún país inunde el cuadro.

La categoría mixta, todavía poco explotada a nivel profesional, añade un aliciente táctico que rara vez se ve en los circuitos.

La competición se disputará del 22 al 28 de agosto en el Salinella Mediterranean Park, una instalación de nueva construcción levantada para la ocasión y llamada a quedarse como legado deportivo de la ciudad.

La cifra de participantes se ha ido ajustando: de los 136 deportistas y 19 países que manejaba la organización en julio se ha pasado, en la inscripción definitiva, a 88 jugadores y jugadoras de 18 países. Las fechas exactas han bailado en algún calendario preliminar, pero la FIP fija esa semana como la ventana del pádel dentro de los Juegos.

La lista completa la componen Albania, Croacia, Chipre, Egipto, Francia, Grecia, Italia, Kosovo, Mónaco, Montenegro, Marruecos, Portugal, Serbia, Eslovenia, España, Túnez y Turquía, más Athletica Vaticana a título demostrativo. Argelia, que figuraba en los listados de julio, se cayó por el camino.

La convocatoria que cambia la historia

La Federación Española de Pádel hizo pública la lista el 22 de julio, y el titular no es quién va sino quién no. No están Coello, Galán, Lebrón ni Bea González, es decir, ninguno de los nombres que sostienen el favoritismo español en el circuito profesional.

El motivo es de calendario. La élite se reserva para el Mundial de Catar de finales de año, la gran cita de la temporada por selecciones y la única en la que España se cruzará con Argentina, su rival real por el oro. Taranto, sin argentinos en el cuadro, ha quedado en segundo plano para ellos.

Lo que viaja a Italia es otra cosa: cuatro jugadores y cuatro jugadoras que mezclan juventud y veteranía. En el cuadro masculino, el seleccionador Juanjo Gutiérrez ha citado a David Gala, José Antonio Diestro y a la pareja formada por Pol Hernández y Guille Collado.

Gala es la referencia. Madrileño nacido en 2006, número 34 del mundo, fue oro en los Juegos Europeos de Cracovia 2023 y campeón con la selección en la FIP Euro Padel Cup de 2025. Es una de las grandes promesas del pádel español, no su número uno.

Diestro, pacense de 36 años y también campeón de Europa, aporta el oficio. Hernández y Collado, de 22 y 21 años, llegan con la ventaja de jugar juntos en el circuito, algo que en un torneo corto por parejas cuenta más de lo que parece.

En el cuadro femenino manda la experiencia. Carolina Navarro debuta como seleccionadora y se apoya en dos ex números uno del mundo, Lucía Sainz y Patty Llaguno, que siguen compitiendo en la élite de Premier Padel pasados los 40 años.

Con esos mimbres, el favoritismo español sigue en pie pero descansa sobre otra base. No es la de un país que envía a sus mejores parejas, sino la de uno con tanta profundidad que puede ganar con la segunda línea. El examen, en realidad, es ese.

Y hay una pregunta incómoda que el propio torneo plantea. Si el pádel usa Taranto para acreditarse ante el movimiento olímpico, que sus mejores jugadores se queden en casa no ayuda al argumento.

Un ensayo con vistas a los anillos

Más allá del medallero, Taranto funciona como banco de pruebas de una ambición mayor. El pádel quiere acostumbrarse al formato de villa, delegación y bandera, tan distinto al del negocio profesional, porque es el lenguaje del movimiento olímpico.

Cada acta oficial suma argumentos para futuras candidaturas y normaliza la idea de un pádel que compite por países y no solo por parejas comerciales.

Para España, el reto tiene una doble lectura que va más allá del fin de semana de finales. Ganar sería lo esperable; fallar dejaría una herida difícil de explicar en el país que más ha hecho crecer este deporte.

El debut como deporte de medalla mide tanto a la disciplina como a la potencia que la domina, y esa presión de partir por delante es la mochila con la que viaja la selección.