Nadal, Iniesta, Kroos… Es peor de lo que pensaba
¿Se puede anticipar el dolor? Creo que no. Uno puede adelantarse al daño e intentar adivinar si lo que le va a venir encima va a romper su umbral. Pero resulta casi imposible predecir la magnitud del golpe. Yo soy de los que aprieta la nalga y suelta un quejido antes de que el practicante (¿se le sigue llamando practicante?) clave la inyección. Me lo imagino vestido de luces, con el ojo derecho guiñado y la lengua sacada buscando la precisión. «Relaja, que no es lo que piensas», me insiste. Y siempre tiene razón. Es peor. Me pasa también con las despedidas. A cierta edad uno comienza a familiarizarse con ellas, pero no se acostumbra. Ni a las repentinas, ni a las programadas. Porque ellas te gritan que ya eres viejo a pesar de tu juventud.