Jon Rahm, atrapado en un circuito que se hunde
Rahm lidera el LIV pero el PIF corta la financiación tras 2026. Sus tres salidas y qué está en juego para el golf español.
Jon Rahm encara el tramo final de la temporada de LIV Golf como campeón individual por tercer año consecutivo, título que ya selló en Nueva York, y al mismo tiempo sin ninguna garantía de que el circuito por el que renunció al PGA Tour vaya a existir en 2027.
El vizcaíno llega a la cita de Indianápolis, prevista del 20 al 23 de agosto, con el trofeo individual ya asegurado, pero con una sensación incómoda de estar atrapado.
El Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí (PIF) dejará de financiar la liga cuando acabe este curso y, a partir de ahí, el futuro del mejor golfista español se reduce a tres salidas, ninguna sencilla.
Un mecenas que anuncia su retirada
LIV Golf nació en 2022 como la gran disrupción del golf mundial, sostenida por los petrodólares del PIF, que ha inyectado alrededor de 5.000 millones de dólares en fichajes, premios y expansión internacional.
En abril de 2026 el fondo soberano saudí comunicó que mantener esa apuesta ya no encaja en su estrategia de inversión, y confirmó que solo cubriría los gastos hasta el final de esta temporada, dejando al circuito ante una cuenta atrás sin red.
Desde entonces, el consejero delegado, Scott O’Neil, ha buscado a contrarreloj entre 250 y 350 millones de dólares para reflotar un proyecto que aspira a reinventarse en 2027 con un calendario global más corto, de apenas una decena de torneos y sin depender del capital estatal.
El 5 de agosto, O’Neil anunció que ya cuenta con un inversor principal comprometido, con la firma prevista para septiembre, aunque ni su identidad ni la cifra exacta se han revelado. El acuerdo, todavía sin cerrar del todo, es el primer salvavidas real que recibe la liga.
El pulso con el PGA Tour, que resistió el desgaste económico y reformuló su producto, se ha inclinado del lado americano. El circuito estadounidense actúa ahora como árbitro de una posible reconciliación, y los grandes nombres de LIV, empezando por Rahm y Bryson DeChambeau, negocian su futuro desde una posición de debilidad impensable hace dos años.
El mejor del curso en un barco a la deriva
La paradoja es que Rahm firma su mejor temporada regular desde que se marchó. Ganó en Hong Kong en marzo y en Ciudad de México en abril, acumuló varios segundos puestos con su equipo, Legion XIII, y a principios de agosto selló en Nueva York su tercer título individual consecutivo, pese a firmar allí mismo su peor resultado del curso.
El contraste aparece en los grandes. En el Open de Royal Birkdale terminó en el puesto 46, lejos de la pelea del domingo, y encadena una sequía en los majors que ya dura tres años, pese a haber rozado el PGA Championship esta misma temporada. Su golf compite al máximo nivel, pero el ruido de los despachos lo persigue en cada comparecencia.
Tres salidas, todas con factura
Quedarse es la primera opción. Supondría apostar por la refundación privada del circuito y aceptar, previsiblemente, ingresos muy inferiores a los del paraguas saudí, con premios y estructura todavía sin definir. Rahm firmó en 2023 el contrato más lucrativo de la liga, una cifra irrepetible en el modelo austero que se dibuja para 2027, de modo que la fidelidad tendría un precio evidente.
Invertir es la segunda vía, y él mismo la ha dejado entreabierta. Preguntado en el Abierto de Escocia por la posibilidad de aportar dinero, no descartó poner capital propio para sostener la liga, con un célebre ‘nunca digas nunca’.
Matizó, eso sí, que no le habían pedido nada y que de negocios sabe poco, lo que convierte el gesto en una intención más que en un plan cerrado.
Volver al PGA Tour es la tercera, y la más cara en términos de orgullo. El programa de reinserción exige una fuerte multa con destino benéfico, veta durante cinco años cualquier reclamación sobre las acciones del circuito y obliga a ganarse de nuevo el acceso a los eventos destacados.
Rahm ya avisó de que respetará su contrato hasta final de 2026 antes de plantearse ese camino.
El frente europeo, más despejado de lo que parecía
El contencioso con el DP World Tour amenazaba con enredarlo todo, porque de la membresía europea depende su elegibilidad para la Ryder Cup. En marzo de 2026 Rahm retiró la apelación que mantenía congeladas las multas por competir en el LIV sin autorización, y durante unas semanas su estatus quedó en el aire por completo.
El desenlace llegó en mayo. El vizcaíno pactó con el circuito europeo abonar las sanciones pendientes desde 2024, en torno a 3 millones de dólares, y disputar los torneos acordados fuera de los majors. Ese acuerdo, a priori, le devuelve la elegibilidad para 2027, aunque antes de esa temporada ambas partes tendrán que volver a sentarse a negociar los términos.
Aquí asoma la baza española. Rahm es el mejor golfista español en activo y el rostro del golf nacional, y su situación condiciona la presencia de España en los grandes y en el equipo europeo que en 2027 defenderá el título en Adare Manor. Que su acceso a Europa ya no dependa de un litigio es la mejor noticia para el aficionado de casa.
Lo que se juega en Indianápolis
Indianápolis es la penúltima cita del calendario y la sede de la final del campeonato individual, aunque el título ya esté decidido desde Nueva York, antes de que Michigan cierre la temporada por equipos a finales de agosto. Allí ya no queda nada deportivo por resolver para Rahm; el institucional, el que de verdad marca su carrera, seguirá abierto más allá del torneo.
Rahm llegará, un año más, como favorito y como emblema de un circuito que no sabe si tendrá continuidad.
Ganar o no en Chatham Hills apenas alterará la ecuación de fondo: a sus 31 años, el de Barrika sigue siendo el mejor activo de un proyecto incierto, y su próxima gran decisión, por primera vez, no dependerá solo de lo que haga con los palos.