Mundial 2026: casi uno de cada cuatro juega para otro país

El Mundial 2026 bate el récord de futbolistas que juegan para un país distinto del que nacieron: 289 casos. Así funcionan las reglas FIFA que lo permiten.

Pasaportes de distintos colores y un balón de fútbol sobre un mapamundi con rutas migratorias entre continentes

El Mundial 2026 es también un mapa de migraciones: 289 de los 1.248 convocados representan a un país distinto del que nacieron. Detrás de cada elección hay reglas, familia y estrategia federativa.

Una isla de 156.000 habitantes y una plantilla nacida en Europa

La foto de Curazao en este Mundial resume la época: 25 de sus 26 convocados nacieron en Países Bajos, a un océano de la isla caribeña que representan. La nación más pequeña que ha disputado nunca una Copa del Mundo, unos 156.000 habitantes, armó su plantilla en la otra orilla del Atlántico.

El caso extremo ilustra una tendencia general: según los datos de Transfermarkt, 289 de los 1.248 jugadores del torneo —un 23,2%— visten una camiseta distinta a la de su país natal. Es la cifra más alta en la historia del Mundial: casi uno de cada cuatro futbolistas.

El fenómeno atraviesa todo el cuadro. De las 48 selecciones, 40 cuentan con al menos un futbolista nacido fuera, y solo ocho presentaron listas íntegramente nacidas en casa. En otros ocho equipos, los nacidos en el extranjero alcanzan al menos la mitad de la plantilla.

Selección Nacidos en el extranjero Países de nacimiento más comunes
Curazao 25 de 26 Países Bajos
RD Congo 20 de 26 Francia, Bélgica, Inglaterra y Suiza
Marruecos 19 de 26 Francia, España y Bélgica

El salto respecto al precedente es brusco. En Catar 2022, un informe de la Organización Internacional para las Migraciones contó 137 futbolistas nacidos en el extranjero, el 16,5% de los participantes. Cuatro años después, el porcentaje ha crecido casi siete puntos, empujado por la ampliación del torneo y por federaciones que rastrean sus diásporas de forma profesional.

Qué exige el reglamento FIFA para vestir una camiseta

El punto de partida es sencillo: quien tiene la nacionalidad permanente puede ser convocado. La complejidad llega cuando un futbolista acumula dos o tres nacionalidades posibles, algo cada vez más habitual en las canteras europeas.

El matiz decisivo es que el pasaporte, por sí solo, no basta: cuando la nacionalidad es compartida o se ha adquirido, la FIFA exige un vínculo genuino con el país, ya sea el lugar de nacimiento, la raíz familiar de padres o abuelos o una residencia prolongada. Para los naturalizados sin raíces familiares, el artículo 7 fija el listón más alto: cinco años de residencia continuada tras cumplir los 18. Es la vía de Álvaro Fidalgo, nacido en Oviedo y mundialista con México en 2026, y la que respaldó a Aymeric Laporte, nacido en Agen (Francia) y nacionalizado español en mayo de 2021.

Hay otra frontera que el aficionado suele ignorar: los amistosos no atan de forma definitiva. La nacionalidad deportiva solo queda sellada al disputar, aunque sea un minuto, un partido de competición oficial con la absoluta. Ese detalle explica varias de las elecciones más comentadas de este torneo.

La reforma de 2020: dejar de castigar una decisión juvenil

Durante décadas, un puñado de minutos oficiales encadenaba a un futbolista de por vida. Munir El Haddadi debutó con España en septiembre de 2014, en el 5-1 a Macedonia, y aquellos minutos finales le cerraron la puerta de Marruecos: el TAS rechazó su cambio en 2019.

Su caso empujó la reforma. El 18 de septiembre de 2020, el Congreso de la FIFA aprobó la primera modernización integral de la elegibilidad desde 2008: desde entonces, un futbolista puede cambiar de asociación una sola vez si cumple estas condiciones acumulativas.

  • Nacionalidad previa: ya poseía la nacionalidad de la nueva federación cuando debutó con la anterior.
  • Máximo tres partidos oficiales absolutos, todos antes de cumplir los 21 años.
  • Sin fases finales de un Mundial o de un torneo continental.
  • Tres años de espera entre su último partido oficial y la solicitud del cambio.

La letra pequeña rescató al propio Munir: la FIFA aprobó su cambio en febrero de 2021. El mismo camino, con menos obstáculos, siguió Brahim Díaz: nacido en Málaga y con un único amistoso absoluto con España en junio de 2021, fue convocado por Marruecos en marzo de 2024.

Por qué el Mundial de 48 multiplica los pasaportes cruzados

La ampliación del torneo explica parte del salto. Con 48 plazas entraron selecciones que dependen estructuralmente de su emigración, de Curazao a una RD Congo con una veintena de nacidos en Europa. Para esos países, la diáspora es la única forma de competir al máximo nivel.

Marruecos convirtió ese trabajo en método: 19 de sus 26 mundialistas nacieron fuera, sobre todo en Francia, España y Bélgica, fruto de años de rastreo federativo en Europa. El plan sostuvo la semifinal de Catar 2022 y los cuartos de final alcanzados en esta edición.

España vive el fenómeno en las dos direcciones. Exporta 11 futbolistas nacidos en su territorio, seis de ellos con Marruecos, de Achraf Hakimi a Ismael Saibari, mientras que la lista de Luis de la Fuente incluye un solo nacido en el extranjero, Laporte. Y la fuga continúa: Nico Paz juega con Argentina e Iñaki Williams, nacido en Bilbao de padres ghaneses, eligió Ghana en 2022.

El mayor exportador sigue siendo Francia: casi un centenar de futbolistas nacidos en su suelo pueblan una docena de listas ajenas, señal de que las grandes canteras europeas producen más internacionales de los que sus selecciones pueden absorber. El Mundial de 48 no inventó el fenómeno; le dio escala.

¿Identidad, familia o pragmatismo? El debate detrás de cada elección

Cada decisión mezcla motivos distintos: los hijos de la emigración con doble arraigo real, como Hakimi o Williams; los que encuentran en la otra federación el protagonismo que no tenían, como Brahim; y los naturalizados por residencia, como Fidalgo. Reducirlo todo a pragmatismo ignora que la mayoría de estos casos son biografías familiares, como recuerdan las historias de los jugadores con doble nacionalidad.

Las federaciones, mientras, compiten por los indecisos. Marruecos y la RFEF se disputaron durante años a Lamine Yamal, que optó por España. Para las federaciones pequeñas, el reglamento es un salvavidas; para las grandes, una amenaza a su inversión formativa.

La camiseta que ya no se hereda

El torneo que corona campeón el 19 de julio en el MetLife Stadium deja también una marca menos visible que el trofeo: la selección ya no se hereda solo por el lugar de nacimiento. Se elige, se negocia y, cada vez más, se disputa. Del 16,5% de Catar 2022 al 23,2% de esta edición median apenas cuatro años; si el ritmo se mantiene, la duda para 2030 no será quién representa a otro país, sino cuántos no lo hacen.