Cannavaro y Uzbekistán: un campeón del mundo en un debut histórico

Fabio Cannavaro, campeón del mundo en 2006, dirige a Uzbekistán en su primer Mundial. Debuta el 17 de junio ante Colombia en el Estadio Ciudad de México.

Fabio Cannavaro, seleccionador de Uzbekistán en el Mundial 2026

Uzbekistán jugará su primer Mundial en 2026 con un nombre ilustre en el banquillo: Fabio Cannavaro. Campeón del mundo y Balón de Oro en 2006, el italiano llega a una selección que ya había hecho historia clasificándose.

Un campeón del mundo en el banquillo

Pocas selecciones debutantes pueden presumir de un entrenador con semejante currículum como jugador. Cannavaro levantó la Copa del Mundo con Italia en 2006 como capitán y terminó aquel año ganando también el Balón de Oro. Muy pocos defensas alcanzaron una cima semejante en la historia reciente del fútbol.

Su presencia aporta algo que Uzbekistán nunca había tenido: experiencia directa en el mayor escenario posible. Cannavaro sabe qué significa afrontar la presión de un Mundial y convivir con expectativas enormes. Su figura añade prestigio inmediato a una selección que pisa territorio desconocido.

Quién es Fabio Cannavaro

El italiano, de 52 años, afronta su segundo proyecto como seleccionador nacional tras un breve paso por China en 2019. Como futbolista fue una leyenda; como entrenador, su recorrido ha sido mucho más irregular. Su carrera en los banquillos nunca terminó de despegar al nivel que muchos esperaban.

Ha pasado por equipos muy distintos en China, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Italia, donde dirigió al Benevento y al Udinese. Ganó títulos en Asia y acumuló experiencias diversas, pero no consiguió asentarse durante mucho tiempo en una gran liga europea. Su trayectoria ha sido tan internacional como imprevisible.

Una carrera de entrenador todavía por consolidar

Precisamente ahí reside parte del atractivo de esta historia. Cannavaro llega al Mundial con mucho menos reconocimiento como técnico que como jugador. Para algunos, Uzbekistán representa la oportunidad de demostrar que puede construir una identidad competitiva propia desde el banquillo y no solo vivir de su prestigio pasado.

Además, el reto tiene un matiz especial. La selección uzbeka ya había logrado la clasificación histórica antes de su llegada. Cannavaro no fue el arquitecto del billete mundialista, sino el elegido para dirigir el siguiente paso: competir en la primera Copa del Mundo del país. Su misión es gestionar un sueño ya conseguido.

Cómo Uzbekistán llegó por primera vez a un Mundial

La clasificación para 2026 representa el mayor éxito de la historia del fútbol uzbeko. Durante años, la selección rozó varias veces el acceso a una Copa del Mundo sin conseguir dar el salto definitivo. La ampliación a 48 equipos abrió una puerta que el país llevaba décadas intentando cruzar.

El logro fue celebrado como un acontecimiento nacional. Uzbekistán se convirtió en una de las grandes historias de la fase clasificatoria asiática y aseguró una presencia histórica en Norteamérica. El Mundial dejó de ser una aspiración para convertirse en realidad por primera vez.

Las estrellas de la selección uzbeka

La generación actual cuenta con jugadores cada vez más visibles fuera de Asia. El nombre más reconocido es Abdukodir Khusanov, defensa del Manchester City, que se ha consolidado en la élite y simboliza el crecimiento reciente del fútbol uzbeko. Es la cara más internacional del proyecto junto al delantero Eldor Shomurodov, ex de la Roma.

A su alrededor aparece una base competitiva construida durante años en categorías inferiores y torneos continentales. Uzbekistán no ha llegado al Mundial con superestrellas globales, pero sí con una generación cohesionada y acostumbrada a jugar junta. La fuerza del grupo es su principal argumento.

Sin presión, con ilusión

Cannavaro ha intentado rebajar las expectativas desde el primer día. El técnico insiste en que la prioridad es competir con dignidad y disfrutar una experiencia inédita para el país. El objetivo inicial no es otro que demostrar que Uzbekistán puede pertenecer a este tipo de escenarios.

Esa falta de presión puede convertirse en una ventaja. Mientras otras selecciones llegan obligadas a alcanzar rondas concretas, Uzbekistán afronta cada partido como una oportunidad para sorprender. El margen para crecer es enorme y cualquier éxito será celebrado como un acontecimiento nacional porque la propia clasificación ya ha transformado la percepción del fútbol en el país.

El debut de Uzbekistán en un Mundial une dos historias muy diferentes. Por un lado, la de un país que por fin alcanza este hito tras décadas persiguiéndolo. Por otro, la de un campeón del mundo que todavía busca consolidarse como entrenador de nivel. Ambos, con una oportunidad histórica por delante.