¿Por qué Bangladesh es hincha de Argentina en el Mundial?

Bangladesh no juega el Mundial 2026, pero lo vive como local: el origen de su pasión por Argentina, de Maradona en 1986 al fenómeno viral de la era Messi.

Un aficionado de Argentina sostiene una réplica de la Copa del Mundo en Dhaka, la capital de Bangladesh.
AP Photo/Rajib Dhar

En Dhaka no juega la selección local y aun así cada partido de Argentina en el Mundial 2026 paraliza al país. La explicación mezcla un televisor estatal, Maradona y una herencia familiar de cuatro décadas.

La madrugada en la que Dhaka remontó ante Egipto

La noche de los octavos de este Mundial, mientras Argentina sufría ante Egipto en Atlanta, más de 2.500 personas seguían el partido en una pantalla gigante del campus de la Universidad de Dhaka. Con el 0-2, silencio; con el 3-2 en el descuento, la capital de Bangladesh se echó a la calle con banderas y tambores.

Aquel partido tuvo de todo: Egipto se puso 2-0, Messi falló un penalti y la remontada llegó con los goles de Romero, del propio Messi y un cabezazo de Enzo Fernández en el 93′. En Dhaka, los comercios permanecieron abiertos hasta la madrugada y miles de aficionados siguieron el encuentro en plazas, universidades y pantallas improvisadas.

La dimensión del fenómeno ya no es una anécdota viral. Según un informe del Financial Times publicado en junio de 2026, Argentina tiene más de 70 millones de simpatizantes potenciales en Bangladesh —alrededor del 60% de la población—, más que los 46 millones de habitantes de la propia Argentina.

1986: el Mundial que llegó por la televisión estatal

Para entender la escena hay que retroceder a México 1986. Aquel fue el primer Mundial que Bangladesh vio en directo: BTV, la televisión estatal y entonces único canal del país, emitió en vivo las eliminatorias y algunos partidos de la fase de grupos, justo cuando los televisores se multiplicaban en los hogares.

En ese escaparate apareció Diego Armando Maradona. El 22 de junio de 1986, en los cuartos ante Inglaterra, firmó la mano de Dios y el llamado gol del siglo. Para una tierra que fue colonia británica hasta 1947, aquel 2-1 se leyó como una revancha frente al viejo imperio.

La lectura fue política además de futbolística. Bangladesh, independizado de Pakistán en 1971 tras una guerra devastadora, se reconoció en aquel equipo capaz de tumbar a los poderosos con picardía y talento, y adoptó al campeón de 1986 como causa propia. La imagen de Maradona empapeló cuadernos, camisetas y pósteres en Dhaka y en las aldeas.

De Maradona a Messi: una herencia que pasó de padres a hijos

El fenómeno sobrevivió a su fundador porque se transmitió en casa. Los niños que descubrieron el fútbol con Maradona criaron hijos hinchas de Lionel Messi, que terminó consolidando aquella pasión, y cada Mundial renovó el rito: pantallas colectivas, banderas en las azoteas y una lealtad heredada que no exige pasaporte.

El mundo lo descubrió en el Mundial de Catar 2022. La FIFA difundió el vídeo de una multitud bangladesí celebrando el gol de Messi a México, y las imágenes del campus de la Universidad de Dhaka, teñido de celeste y blanco, dieron la vuelta al planeta en horas.

La respuesta llegó desde el vestuario. El 1 de diciembre de 2022, la cuenta oficial de la selección argentina agradeció el apoyo con un mensaje ya célebre —»¡Están re locos como nosotros!»— y Lionel Scaloni sumó su agradecimiento público un día después. Cuando llegó la consagración ante Francia, Bangladesh celebró el título como una conquista compartida.

Una embajada reabierta por una hinchada

El idilio tuvo consecuencias diplomáticas medibles. El 27 de febrero de 2023, Argentina reabrió su embajada en Dhaka, cerrada desde 1978, durante la dictadura militar. El fenómeno futbolístico ayudó a impulsar una decisión de Estado que llevaba 45 años pendiente.

El entonces canciller Santiago Cafiero lo resumió en la inauguración: «Vinimos a Bangladesh a devolver humildemente el amor que recibió nuestro país». Aquella visita dejó además un acuerdo de cooperación futbolística entre ambos países, la cara institucional de un vínculo nacido en las gradas. Hasta Muchachos, el himno de Catar 2022, fue traducido íntegramente al bengalí.

La otra mitad de Dhaka viste de amarillo

El amor por Argentina convive con una devoción igual de antigua por Brasil, la otra potencia que llegó con los Mundiales televisados. Durante cada torneo, el país se parte en dos colores: azoteas albicelestes frente a fachadas amarillas, familias divididas y pueblos que compiten por la bandera más larga, aunque esta vez la Brasil de Ancelotti se despidiera pronto.

La rivalidad tiene episodios que preocupan a las autoridades. El 2 de junio de 2026, en el distrito de Habiganj, un amistoso entre hinchas de ambos bandos terminó 3-2 para los de Argentina; un día después, la celebración derivó en un choque con al menos 25 heridos, según la prensa local. Nada de eso frena el ritual: es la fiesta que el país entero comparte, aunque su selección nunca esté invitada.

Qué dice esta pasión del Mundial 2026

En el Mundial 2026, el fenómeno dejó de ser una curiosidad y pasó a ser un dato de mercado. En el primer torneo de 48 selecciones, pensado para expandir el fútbol a nuevas audiencias, Bangladesh demuestra que la globalización llegó hace décadas: no hizo falta clasificarse para que 3 de cada 5 habitantes sigan el torneo.

Para la Scaloneta, además, es una localía emocional a medio mundo de distancia: de los octavos ante Egipto al cruce de cuartos con Suiza y, más si cabe, en las semifinales ante la antigua metrópoli inglesa, cada cita se sigue en Dhaka con la misma intensidad que en Buenos Aires, Córdoba o Rosario.

Hay también una lectura que excede al marketing: elegir a Argentina o a Brasil funciona en Bangladesh como una segunda identidad heredada, parecida a la del club en otros países. El desafío local, admiten sus propios periodistas, es que tanta pasión no se traduce en fútbol propio: la liga nacional apenas compite con el críquet.

El Mundial 2026 terminará con otra final, otro título o en forma de varapalo, y en Dhaka puede que cambie el ánimo, pero nunca la fe. Habrá pantallas gigantes, tambores y lágrimas de un signo u otro. 40 años después de aquella primera transmisión en directo, Bangladesh sigue jugando cada Mundial con una camiseta ajena que siente como propia.