¿Por qué la Brasil de Ancelotti naufragó en el Mundial?
Brasil volvió a fracasar en el Mundial 2026. Analizamos las causas del nuevo naufragio de la 'canarinha', el papel de Ancelotti y la pérdida de identidad.
Brasil volvió a despedirse pronto del Mundial y la eliminación deja la sensación de una selección que hace tiempo dejó de parecerse a sí misma. Más allá de los nombres o el resultado, la gran pregunta es por qué lleva dos décadas buscando su identidad.
Las claves del nuevo naugrafio de Brasil en un Mundial
Hace un tiempo, en un espacio para televisión, Jorge Valdano le sacaba a Lionel Scaloni una serie de ideas que iban a ser clave para entender mejor qué es lo que está fallando a esta Brasil.
Es posible que la pentacampeona no se haya equivocado en los jugadores, ni en el entrenador (al menos no solo en eso), pero lo hizo en la elección de su estrategia.
Los primeros pasos del seleccionador en Argentina le hicieron enfrentarse a dos caminos con destinos paralelos: el lugar hacia dónde iba el fútbol y el lugar donde las virtudes de sus jugadores destacarían más. La decisión de Scaloni iba a determinar las claves para conformar la selección albiceleste, eligiendo potenciar y cuidar el fútbol en el que destacaban lossuyos.
Curiosamente, esa decisión les acercó a ganar el Mundial en 2022. Algo que evoca al viaje que vivió también Luis Aragonés antes de ganar la Eurocopa en 2008, poniendo las bases de lo que fue la España campeona del mundo cuatro años después.
Enfrentar las corrientes de pensamiento y las posibilidades de una plantilla no es una cuestión menor y Brasil lleva tiempo ignorando ese debate. Aunque haya ejemplos de equipos de fútbol que han sabido surfear esta realidad, saber capear el temporal de las nuevas tendencias no es sencillo.
Brasil cayó sin dignidad ni heroísmo. Ni Vinícius pudo salvar el barco ni Ancelotti supo revertir las malas sensaciones con su experiencia, pragmatismo y solidez, tantas veces mostradas en el fútbol de clubes.
Una victoria con dos nombres: Nyland y Haaland. Ni #Brazil estaba tan mal ni #Norway estaba tan bien, pero la realidad es que esos dos jugadores sí han sido diferenciales para poder acercar al equipo noruego a los cuartos de final. pic.twitter.com/Hu5CKhaXtz
— Miguel Ruiz (@miguelruizfc) July 5, 2026
Brasil no fue Brasil una vez más, herida de muerte por la falta de recursos y de eficacia ante una Noruega que, fuerte y segura, se impuso hasta dominar con la superioridad de Erling Braut Haaland. Dos golpes al mentón para devolver a Brasil a la realidad.
Más allá de Ancelotti
La llegada de Carlo Ancelotti se vio como un triunfo. Un tipo perfecto para un club, pero quizá no tanto para una selección en crisis. Bien pagado, con éxitos tremendos y gran entendimiento con las grandes figuras de la seleçao, casi todo pintaba bien. Aunque, futbolísticamente, el margen no era amplio.
‘Carletto’ llegó a Brasil a ganar y a competir, pero no necesariamente a revolucionar la estructura o el marco identitario de los brasileños. La falta de jugadores altamente competitivos (algo vital) y la ausencia de un plan de juego que pudiera hacer frente al ritmo actual han desembocado en otra cruel eliminación.
Brasil ha sobrevivido en aguas ajenas, navegando en el fútbol de los demás, y la deriva lleva sumando atrocidades año tras año. Parecen luchar a contracorriente contra su propia historia. Cada paso parece impregnado del miedo que supuso perder como nunca habían perdido en una época en la que todos parecen obsesionados con ganar a cualquier precio.
La deriva del ‘Jogo Bonito’
Y solo Vinícius parece cerca del nivel de la historia del fútbol brasileño, incluso con las dudas lógicas sobre si está más o menos cerca de los más grandes que no ganaron un Mundial. Como le pasó antes a jugadores como Socrates, Zico o le ha acabado pasando también a Neymar, Vinícius se enfrenta a una época poco esperanzadora.
Brasil no ha tenido alma en los estadios del Mundial 2026. Sí han tenido la competitividad justa para guardar algo de orgullo, pero el choque llegó cuando se enfrentaron a una selección que sabía mejor a lo que jugar y que tenía mejores jugadores para hacerlo.
Una derrota dura en todos los escenarios posibles: el de la idea, el del acierto y, por supuesto, el del talento puro. El difícil reto de Brasil, en el que estaba mucho antes del Mundial 2026, es lidiar con su propia idiosincrasia.
Parece mentira que se haya naturalizado que no se encuentran grandes laterales, que no haya un nueve claro para ser titular como podría ser el infrautilizado Endrick o que la ausencia de talento por dentro haya obligado a recuperar piezas más cerca ya del retiro que de un Mundial.
Hoy Brasil es un equipo normal. Algo de lo que han huído desde que descubrieran el fútbol hace más de cien años. De encarnar la diversión de jugar con un balón, Brasil ha pasado a cumplir la papeleta y tratar de ilusionar con un puñado de piezas por encima de la media y sin apenas capacidad para sorprender.
¿Y el futuro?
La caída ante Noruega en el Mundial 2026 se parece mucho a la caída en 2022 contra Croacia; en 2018 contra Bélgica; o en 2014 ante Alemania. Resultados y protagonistas distintos, con heridas incurables como la de los siete goles en Maracaná, pero sensaciones parecidas.
A corto plazo, fallaron en la elección del entrenador. Una estrella, pero alejado de la realidad del fútbol brasileño. Y a largo plazo, la Confederación Brasileña parece perdida. Preocupada por equilibrar el poder entre Brasil y los grandes europeos, parece dispuesta a hacerlo siguiendo las normas impuestas por el fútbol del viejo continente.
Y las responsabilidades se reparten entre muchos en este viaje de 24 años sin nuevas estrellas en el escudo de la ‘canarinha’ y de 22 sin llegar a una semifinal mundialista. Lo llamativo es que aún no han sabido reconocer algunos de esos problemas o que, al contrario de Scaloni, no han probado aún por ser fieles a su esencia natural.