El Gran Premio de Estados Unidos se disputa del 23 al 25 de octubre en el Circuit of The Americas, y llega con un cambio que en Austin no gustará: este año no hay carrera al sprint. Texas pierde su fin de semana corto.
El cambio no es un capricho de calendario. La Fórmula 1 ha sacado las carreras cortas de todo el tramo final de 2026 y las ha concentrado antes de octubre. El desenlace se corre a formato clásico.
Austin sale de la lista del sprint
El Circuit of The Americas había acogido el formato corto desde que la categoría amplió el número de sprints a seis. Este año lo pierde, junto a Losail e Interlagos. Las tres eran citas de otoño.
Esa coincidencia no es casual. Desde el Gran Premio de Singapur, a mediados de octubre, no queda ninguna carrera corta en el calendario: las seis últimas rondas del año son fines de semana convencionales. El tramo decisivo va sin sábados cortos.
Para Austin significa recuperar el programa de siempre: tres tandas de entrenamientos libres repartidas entre viernes y sábado, clasificación el sábado por la tarde y carrera el domingo. Vuelve el guion de toda la vida.
Tiene una consecuencia práctica para los equipos. Con tres sesiones de libres se puede probar de verdad, algo que importa en un trazado ondulado donde la altura de la suspensión es un quebradero permanente. Hay tiempo para acertar la puesta a punto.
Y explica por qué el fin de semana texano vuelve a parecerse a lo que era antes de 2023. Sin clasificación del viernes ni carrera del sábado, el domingo recupera todo el peso. Solo hay una salida que cuente.
El circuito que copió a media Europa
El Circuit of The Americas mide 5,5 kilómetros, tiene 20 curvas y un desnivel de 41 metros, con la subida ciega a la curva 1 como imagen de marca. Lo firmó Hermann Tilke junto al estudio estadounidense HKS. Es el trazado más quebrado del calendario.
Su diseño es abiertamente un homenaje. Hay secuencias inspiradas en Silverstone, en Suzuka y en el antiguo Istanbul Park, montadas una detrás de otra sobre un terreno con pendiente. Media Europa cabe en Texas.
Esa mezcla obliga a un compromiso incómodo. El primer sector pide carga aerodinámica y el segundo, velocidad punta, así que el reglaje siempre deja a alguien insatisfecho. Nadie corre con el coche ideal.
La Fórmula 1 llegó allí en 2012, y fue el primer Gran Premio de Estados Unidos desde el de Indianápolis de 2007. La construcción no estuvo exenta de sobresaltos y retrasos. El proyecto nació con dificultades.
Estados Unidos, además, ya no es una parada exótica en el calendario. Con Miami y Las Vegas en la lista, el país aporta tres grandes premios y se ha convertido en el mercado que más ha crecido para la categoría. Texas fue el primero de los tres.
El segundo triplete, y el que decide
Estados Unidos abre además el segundo bloque comprimido del campeonato. Del 25 de octubre se pasa al Gran Premio de México el 1 de noviembre y, sin pausa, al de Sao Paulo el 8. Tres carreras en tres domingos.
Es el segundo triplete del año. El primero encadenó Bakú, el Gran Premio de Baréin trasladado a Sepang y Singapur entre finales de septiembre y mediados de octubre. La F1 ha apilado el final.
Que el tramo americano vaya sin sprints y en bloque tiene un efecto claro sobre los equipos. Tres fines de semana seguidos de formato completo son tres montajes de paddock y tres desmontajes en 15 días. El desgaste es logístico antes que deportivo.
Y hay una razón por la que este triplete pesa más que el anterior. Si quedan cuentas por resolver en el campeonato, se resuelven aquí o en las carreras que vienen justo después. Octubre y noviembre reparten el título.
La grada texana es, además, la que sostiene el resto del negocio estadounidense. Cuando la Fórmula 1 volvió al país en 2012 lo hizo con una sola carrera y muchas dudas; hoy hay tres, y Austin sigue siendo la que más historia acumula. Es la puerta que abrió el mercado.
Ese peso se nota en la programación del fin de semana. El circuito monta un festival paralelo con conciertos de artistas de primera línea el viernes y el sábado, algo que ninguna otra sede del calendario replica con esa escala. La entrada incluye dos noches de música.
Un calendario de 23 carreras y coches nuevos
La temporada 2026 es la número 77 del Mundial y ha acabado con 23 grandes premios, después de que la cancelación de citas en Oriente Medio obligara a recolocar fechas y a añadir la carrera de Malasia. El calendario se rehízo sobre la marcha.
El año trae además un reglamento técnico nuevo y una parrilla de 22 coches, con un equipo más del que había. Eso significa que las referencias históricas de cada circuito valen menos de lo normal. Los datos de años anteriores sirven poco.
En Austin ese factor se nota especialmente. Es un circuito con mucho graining y baches, donde la elección de compuestos y la altura del coche marcan la diferencia entre una parada y dos. La estrategia se decide el sábado.
Hay además un factor local que condiciona la carrera. Texas en octubre ronda los 26 grados de media, un calor moderado que mantiene alta la temperatura del asfalto y castiga el neumático trasero en las secuencias rápidas. El compuesto duro gana enteros.
Ese detalle, unido a los baches del trazado, explica por qué en Austin las estrategias de una y dos paradas suelen quedar muy igualadas. Es de los pocos circuitos donde la decisión se toma sobre la marcha. El muro improvisa más de lo normal.
Austin, en definitiva, se queda con lo que siempre ha tenido: un trazado exigente, una grada llena y el arranque del último tramo del Mundial. No necesitaba el sábado corto.