La NBA arranca su temporada el 20 de octubre con un límite salarial de 164,961 millones de dólares por equipo. Es la cifra que marca cómo se construyen las plantillas, aunque casi ningún equipo la respeta: la mayoría juega por encima, porque el sistema lo permite y porque el tope no es un techo rígido.
Entender el límite salarial de la NBA exige conocer cuatro números: el propio tope, la línea del impuesto de lujo y dos umbrales más altos, llamados primer y segundo apron. Cada uno de ellos quita herramientas a los equipos que lo superan y castiga a los que más gastan.
Un tope ligado a los ingresos
El límite salarial se calcula a partir de los ingresos de la liga. Jugadores y propietarios se reparten a partes casi iguales los ingresos del baloncesto, y el tope es, en esencia, la parte de los jugadores dividida entre los 30 equipos. Para la temporada 2026-27 ha subido cerca de un 6,7%, desde los 154,647 millones del curso pasado.
El convenio fija también un salario mínimo de equipo, que este año es de 148,465 millones. Un equipo que no llegue a esa cifra debe pagar la diferencia a sus jugadores al final de la temporada, así que nadie puede ahorrar por debajo del mínimo.
Por qué casi todos lo superan
El límite de la NBA es un tope blando. Un equipo puede superarlo para renovar a sus propios jugadores gracias a los llamados derechos Bird, una excepción que lleva el nombre de Larry Bird y que permite pagar lo necesario para retener a una estrella sin tener espacio salarial.
Existen además otras excepciones para fichar. La más conocida es la excepción de nivel medio, que en 2026-27 permite ofrecer hasta 15,044 millones a un jugador a los equipos que no pagan impuesto, 6,064 millones a los que sí lo pagan y 9,366 millones a los que tienen espacio bajo el tope.
Los contratos máximos
El límite también fija cuánto puede cobrar un jugador. Los contratos máximos se calculan como un porcentaje del tope según los años de experiencia: un 25% para los jugadores con menos de siete temporadas, un 30% entre siete y nueve y un 35% para los que tienen diez o más años en la liga.
Con el tope de esta temporada, un contrato máximo del 35% supera los 57 millones de dólares en su primer año. Es la cifra que cobran las grandes estrellas y la razón de que dos de esos contratos ocupen ya más de dos tercios del límite.
En el extremo opuesto están los contratos mínimos y la escala de novatos. Los jugadores elegidos en la primera ronda del draft cobran según una tabla fija que depende de su posición, y los veteranos con contrato mínimo suponen un coste reducido para los equipos que buscan completar la plantilla.
El impuesto de lujo
El primer freno de verdad es el impuesto de lujo. Su línea está fijada en 200,428 millones para esta temporada, y cada dólar que un equipo gaste por encima tiene un recargo que crece por tramos. Los equipos que lo pagan varios años seguidos sufren además un tipo más alto como reincidentes.
El impuesto se calcula al final de la temporada, con la plantilla definitiva. Por eso muchos equipos hacen traspasos antes del cierre del mercado para bajar de la línea, y por eso algunos jugadores cambian de equipo por motivos puramente contables.
Los dos aprons
El convenio firmado en 2023 añadió dos umbrales más. El primer apron está en 209,015 millones y el segundo, en 221,686 millones. Superarlos no supone solo pagar más, sino perder herramientas para mejorar la plantilla, y ahí está la gran novedad del sistema: el dinero ya no basta.
Un equipo por encima del primer apron no puede usar la excepción bianual ni la versión completa de la de nivel medio, y tiene limitaciones para recibir más salario del que envía en un traspaso. Es un primer aviso para los que se acercan a la zona alta de la tabla salarial.
El segundo apron es mucho más duro. Los equipos que lo superan no pueden juntar varios contratos para traspasar a un jugador más caro, no pueden enviar dinero en un traspaso ni usar la excepción de nivel medio, y pueden ver congelada una primera ronda del draft futura.
El efecto en las plantillas
Las restricciones del segundo apron han cambiado la forma de construir equipos. Hasta hace pocos años, los propietarios más ricos podían mantener plantillas carísimas pagando impuestos; ahora, aunque estén dispuestos a pagar, pierden la capacidad de reforzarse durante la temporada.
La consecuencia es un mercado más movido. Los equipos con tres grandes contratos suelen tener que elegir entre mantener a sus estrellas o rodearlas de buenos secundarios, y cada verano aparecen traspasos pensados para bajar de alguno de los umbrales.
Un modelo distinto al europeo
El baloncesto europeo funciona con otras reglas. La Euroliga introdujo su propio límite salarial, con un modelo propio que no se parece al de la NBA. En las ligas nacionales, como la ACB, no existe un tope salarial de ese tipo.
La diferencia tiene raíces profundas. La NBA es una liga cerrada, sin ascensos ni descensos, que reparte sus ingresos entre los equipos y busca igualar la competición. En Europa, en cambio, el dinero de cada club depende de sus propios recursos, y las grandes plantillas se concentran en un puñado de equipos.
Lo que viene
Las proyecciones de la prensa estadounidense apuntan a que el tope subirá alrededor de un 6,7% en la temporada 2027-28, hasta unos 176 millones de dólares, empujado por el contrato de televisión que la liga estrenó en 2025. Con cada subida, los umbrales crecen en la misma proporción y el sistema mantiene su lógica.
Para el aficionado, conocer estas cifras ayuda a entender los movimientos del mercado. Detrás de muchos traspasos que parecen difíciles de explicar hay una cuenta sencilla: un equipo que necesita bajar de una línea y otro que tiene espacio para absorber un contrato.