El Atlético interrumpe su racha de seis victorias consecutivas con un empate en Stuttgart (1-1). Julián Álvarez volvió a marcar después de casi seis meses, pero la expulsión de Hjulmand frenó la reacción de un equipo colchonero que sufrió durante buena parte del encuentro.

20 segundos para descubrir que Stuttgart no iba a ser un paseo

Stuttgart es la ciudad de Porsche y Mercedes-Benz, pero el Atlético de Madrid tardó apenas veinte segundos en descubrir que su visita a la capital del motor no iba a transcurrir por una pista lisa y bien asfaltada. El Khannouss aprovechó una pérdida de Marcos Llorente en la salida para lanzar el primer aviso. Y durante casi toda la primera mitad no pararían de llegar. El equipo de Simeone pareció empeñado en conducir directamente hacia los obstáculos que le colocaba su rival.

Porque aquello no fue una acción aislada, sino el anticipo de una de las peores primeras partes rojiblancas de la temporada. El equipo de Sebastian Hoeness consiguió llevar el encuentro exactamente donde quería: presión alta, agresividad tras pérdida y especial insistencia por la izquierda, donde Chris Führich amenazaba una y otra vez. El Atlético, por su parte, no lograba superar la primera línea de presión ni encontrar espacios para correr.

Führich avisó en el 3′ y volvió a hacerlo en el 13′, aunque con el punto de mira bastante desviado. Entre ambas ocasiones, Jan Oblak ya había tenido que intervenir por tercera vez en el minuto 10, esta última ante un disparo franco de Angelo Stiller desde la frontal. El Atlético era incapaz de enlazar diez pases. Ni encontraba continuidad con balón ni podía transitar porque sus pérdidas se producían demasiado cerca de su propia portería.

El gol de Leweling, la consecuencia de todos los males

Y tanto fue el cántaro a la fuente que terminó rompiéndose. En el 36′, Pubill recuperó un balón dentro del área, pero, con todas las salidas perfectamente cerradas por el Stuttgart, eligió un recorte impropio de su nivel. Otra pérdida, otro robo y esta vez un castigo real. Jamie Leweling recibió, recortó y definió con la zurda junto a la cepa del poste. El 1-0 no fue un accidente: fue la consecuencia de todo lo que había sucedido hasta entonces.

Curiosamente, el gol despertó al Atlético. Hancko protagonizó el primer acercamiento rojiblanco con un cabezazo en el 39′ y volvió a aparecer tres minutos después, esta vez con el primer remate a puerta de los de Simeone. El equipo madrileño empezó por fin a asentarse en campo rival, a sumar pases y a encontrar algo de continuidad. 40 minutos después, el Atlético había comenzado a jugar el partido que necesitaba desde el principio.

El Cholo encontró la marcha adecuada y Julián volvió a marcar

Simeone no esperó más. Retiró al desaparecido Jonathan David al descanso, introdujo a Ademola Lookman y transformó el 4-4-2 inicial en una suerte de 4-2-3-1, con Álex Baena ocupando posiciones interiores y libertad para bajar a recibir incluso en campo propio. El equipo ganó amplitud, encontró un mejor reparto espacial y empezó a jugar lejos de Oblak.

La recompensa llegó apenas dos minutos después. Lookman recibió abierto en la izquierda y puso un centro raso al corazón del área que Julián Álvarez conectó de primeras con la zurda, enviando el balón muy lejos del alcance de Dennis Seimen. Go-la-zo. Y no uno cualquiera: el argentino volvía a marcar con el Atleti por primera vez desde el pasado 29 de abril, también en la Champions League. Casi seis meses de espera resueltos con un remate extraordinario.

El Stuttgart había cometido el error de dar un paso atrás después de adelantarse y el Atlético de Madrid encontró por fin el espacio que necesitaba. Baena comenzó a gobernar el carril central, Lookman ofrecía amplitud y Barrios multiplicaba las soluciones. A la hora de partido, una combinación del canterano por la derecha terminó en un disparo cruzado que Seimen rechazó con apuros. La remontada parecía cuestión de tiempo y las tornas se habían dado completamente la vuelta.

Hjulmand frenó en seco la remontada

Pero cuando mejor funcionaba el Atlético llegó otro punto de inflexión. Morten Hjulmand entró sobre Stiller a la altura del tobillo en el centro del campo y el colegiado señaló inmediatamente la roja directa. Un error individual manifiesto que dejó a los rojiblancos con diez justo cuando parecían más cerca del segundo gol. Quedaban todavía 25 minutos y el descuento.

Simeone reaccionó retirando a Baena para introducir a Johnny Cardoso y apuntalar la medular. Giuliano comenzó a multiplicarse en las ayudas y el Atlético recuperó una versión que conoce bien: la de resistir, cerrar espacios y tratar de sobrevivir al empuje rival.

Ya no tocaba remontar, sino evitar que la noche terminara en una derrota, una capacidad competitiva que también había mostrado en su anterior compromiso europeo ante el Manchester United.

El Stuttgart volvió a crecer y terminó encerrando a los visitantes. Una sucesión de rechaces dentro del área en el 79′, un cabezazo de Jeff Chabot que se marchó por centímetros en el 80′, otra ocasión de Grischa Prömel en el 88′ y un último testarazo de Dzenan Pejcinovic en el descuento. Los alemanes acumularon ocasiones suficientes para ganar, pero perdonaron a un Atlético que acabó agradeciendo el pitido final.

Un punto para agradecer y un aviso para el futuro

El empate pone fin a seis victorias consecutivas pero, dadas las circunstancias, tampoco puede considerarse un mal resultado. El Atlético de Madrid fue claramente inferior durante buena parte del encuentro, encontró soluciones tras el descanso y tuvo que disputar más de media hora en inferioridad. Un punto en Stuttgart, después de semejante recorrido, tiene cierto valor.

La lectura, sin embargo, también exige autocrítica. El equipo de Simeone solo consiguió imponer su fútbol durante unos 20 minutos en total y, además, lo hizo como reacción al dominio rival, no desde la iniciativa. La entrada de Lookman y el movimiento interior de Baena demostraron que había respuestas, pero llegaron tarde y quedaron anuladas por una expulsión totalmente evitable.

El Stuttgart frenó al Atlético de Madrid, aunque no consiguió derrotarlo. Seis victorias seguidas habían alimentado la sensación de que el equipo empezaba a encontrar su mejor versión, pero la noche le recordó que todavía quedan ajustes pendientes. En la ciudad alemana del motor, el Atleti descubrió que no basta con tener caballos de potencia: también hay que saber cómo llevarlos a su máximo rendimiento.