Usyk evita el mayor susto de su carrera ante un kickboxer y gana con una parada muy discutida

Usyk venció a Rico Verhoeven por KO técnico en el undécimo asalto ante las pirámides de Guiza, cuando iba por detrás en casi todas las tarjetas de los jueces.

Oleksandr Usyk golpea a Rico Verhoeven durante su combate por el título mundial del peso pesado ante las pirámides de Guiza
Oleksandr Usyk golpea a Rico Verhoeven en el combate por el titulo mundial del peso pesado ante las piramides de Guiza. AP Photo

Oleksandr Usyk salvó su invicto y sus tres cinturones en el último minuto. El 23 de mayo de 2026, en un ring montado ante las pirámides de Guiza, el ucraniano venció por nocaut técnico a Rico Verhoeven en el undécimo asalto.

Conviene precisar qué había en juego, porque no era el indiscutido: Usyk llegaba unificado, no indiscutido, después de dejar vacante el título de la OMB el año anterior. En el contrato solo estaba el cinturón del CMB, pero los de la AMB y la FIB se habrían declarado vacantes si perdía. Los conservó los tres.

Un rival con un solo combate profesional

La sorpresa estuvo mucho más cerca de lo previsto. Verhoeven llegó al undécimo con dos tarjetas empatadas y otra a su favor, después de competir de igual a igual con Usyk. Un kickboxer estuvo a minutos de poner contra las cuerdas a uno de los grandes pesos pesados.

El punto de partida explica el asombro. Verhoeven es un kickboxer de toda la vida cuya única pelea previa como boxeador profesional fue una victoria hace doce años, en 2014. Enfrente tenía a uno de los mejores pesos pesados de su generación.

Nadie le concedía demasiadas opciones. Sin embargo, con 1,96 metros, 37 años y un estilo poco habitual para el boxeo, el neerlandés encontró golpes al cuerpo, cambios de guardia y una intensidad que incomodó a Usyk durante buena parte del combate.

Verhoeven empezó mejor y logró que la pelea avanzara sin que el campeón pudiera imponer su superioridad habitual. La comparación comenzó a aparecer inevitablemente: Buster Douglas contra Mike Tyson en 1990, la gran referencia histórica cuando un peso pesado amenaza con romper todos los pronósticos.

El undécimo asalto lo cambió todo

Usyk empezó a encontrar mejores respuestas en el tramo final. Llegó al undécimo con el combate prácticamente igualado y aumentó definitivamente la presión. Entonces derribó a Verhoeven y transformó en pocos minutos una pelea que se le había complicado enormemente.

El derribo llegó con un gancho de derecha a unos veinte segundos del final, y con él saltó por los aires el protector bucal del neerlandés. Ahí está la secuencia que explica la polémica: Verhoeven superó la cuenta, el árbitro paró el combate para recolocarle el protector —una pausa a la que Usyk protestó en el acto— y, al reanudarse, el ucraniano se le echó encima con una ráfaga que el neerlandés ya no devolvió.

El árbitro Mark Lyson decidió detener el combate a los 2:59 minutos del undécimo asalto, exactamente un segundo antes de que sonara la campana, con Verhoeven en pie y apoyado en las cuerdas.

El propio Verhoeven lo dijo sin rodeos: «Me pareció temprano, aunque al final no depende de mí. El árbitro sabe que estamos casi al final del asalto: que me deje salir con el escudo o que suene la campana». Anunció además que recurriría el resultado. La discusión no es si estaba ganando claramente, sino si todavía podía continuar.

Las tarjetas ayudan a entenderlo. Después de diez asaltos, dos jueces tenían el combate 95-95 y el tercero daba ventaja a Verhoeven por 96-94. El campeón llegó al tramo decisivo con su invicto seriamente amenazado.

Pero la caída del undécimo también cambia cualquier lectura hipotética. Si Verhoeven hubiera alcanzado la campana, Usyk probablemente habría ganado ese asalto por 10-8. El duodécimo habría seguido siendo decisivo, no una simple supervivencia del neerlandés para ganar a los puntos.

Lo que dicen los números

Las estadísticas explican mejor que cualquier impresión lo igualado del combate. Según CompuBox, Verhoeven conectó 113 golpes por los 112 de Usyk. El aspirante terminó incluso ligeramente por delante en golpes totales conectados.

También hubo una pequeña ventaja neerlandesa en los golpes de poder: 93 frente a 89. Para alguien que afrontaba apenas su segunda pelea profesional bajo las reglas del boxeo, competir estadísticamente de igual a igual con Usyk resulta extraordinario.

El ucraniano, sin embargo, encontró el daño decisivo cuando más importaba. Con la victoria mantiene su récord perfecto en 25 triunfos y ninguna derrota como profesional y conserva su condición de campeón en la élite del peso pesado.

Para Verhoeven, de 37 años, era apenas su segunda pelea como boxeador profesional. Perdió oficialmente, pero salió de Guiza con un prestigio muy diferente al que tenía cuando entró al ring.

El propio campeón reconoció su actuación después del combate y lo calificó como un peleador increíble. Usyk, de 39 años, dedicó además el triunfo al pueblo y a los soldados ucranianos, como ha hecho después de varias de sus grandes victorias.

Una noche pensada como espectáculo

El escenario formaba parte del reclamo. Montar un ring frente a las pirámides de Guiza responde al tipo de puesta en escena que el boxeo ha buscado durante los últimos años para competir por la atención de una audiencia global.

El resultado deportivo terminó superando a la escenografía. Lo que parecía preparado como otra exhibición del campeón se convirtió en once asaltos de incertidumbre, estadísticas casi idénticas y una detención que seguirá generando discusión.

Verhoeven salió reforzado precisamente por eso. Llegó como una curiosidad de cartel, procedente de otro deporte, y se marchó después de obligar a Usyk a recurrir a su mejor versión cuando la pelea empezaba a escaparse.

Una velada con más titulares

La cartelera de Guiza dejó otros resultados importantes. El cubano Frank Sánchez noqueó a Richard Torrez Jr. con un derechazo al rostro en el segundo asalto y provocó la primera derrota profesional del estadounidense después de 14 victorias.

Sánchez dejó su registro en 26-1, con 19 nocauts, y mejoró considerablemente su posición dentro de la Federación Internacional de Boxeo. Fue el otro gran nocaut de una noche dominada por los pesos pesados.

El británico Hamzah Sheeraz, por su parte, ganó el título vacante del supermediano de la Organización Mundial de Boxeo con un nocaut en el segundo asalto ante el alemán Alem Begic, liquidado con un golpe al cuerpo.

Lo que estuvo en juego

Una derrota habría tenido una dimensión enorme. Usyk no arriesgaba únicamente su posición como campeón, sino el relato de una carrera profesional construida alrededor de un récord perfecto contra los mejores rivales disponibles.

El rival hacía todavía más improbable el escenario. Perder ante un kickboxer con una sola pelea profesional previa habría convertido la noche de Guiza en uno de los mayores batacazos del boxeo moderno.

Por eso apareció la comparación con Tyson-Douglas. La derrota del estadounidense en Tokio sigue funcionando como la vara de medir de cualquier sorpresa entre los pesos pesados, y durante varios asaltos Verhoeven hizo imaginable una historia parecida.

Qué viene ahora

El futuro inmediato de Usyk tiene un nombre. El siguiente rival apuntado es Agit Kabayel, que estuvo presente en Guiza siguiendo el combate desde primera fila y aparece como una de las principales alternativas para el campeón.

La revancha con Verhoeven también tiene argumentos deportivos después de una pelea tan cerrada y una detención tan discutida. Pero existe una diferencia importante: Usyk y su equipo ya conocen ahora las particularidades del estilo del neerlandés.

Queda además el debate habitual del peso pesado: cuándo cumplirá el campeón con las obligaciones de los distintos organismos y durante cuánto tiempo seguirá compitiendo a las puertas de los cuarenta años.

Guiza deja, en cualquier caso, una noche extraña. Usyk conserva su invicto y su condición de campeón, pero llegó al undécimo asalto con dos tarjetas empatadas y otra en contra. Un hombre con una sola pelea profesional previa estuvo muy cerca de cambiar la historia.