La NBA cambia la lotería para que perder no compense
Lotería 3-2-1, veto al número 1 repetido y límite al top-5: la NBA aprobó 29-1 su reforma contra el tanking. Así cambia el reparto de talento.
La NBA lleva dos décadas premiando al que peor juega. El 28 de mayo de 2026 lo cortó de raíz: su Junta de Gobernadores aprobó por 29-1 una lotería que ya no premia hundirse.
El día que la NBA rompió su propia regla
El baloncesto profesional estadounidense llevaba años conviviendo con una trampa incómoda: perder a propósito para caer entre los peores y así aspirar al mejor talento del draft. La liga lo llama tanking, y en la temporada 2025/26 varios equipos se dejaron caer en el tramo final del calendario.
El 28 de mayo de 2026, la Junta de Gobernadores votó 29-1 a favor de una reforma que reescribe el reparto de talento. Solo los Memphis Grizzlies se opusieron. La medida estrella se llama 3-2-1 Lottery y entra en vigor con el draft de 2027.
El sistema anterior era simple y perverso: los tres peores equipos compartían la mayor probabilidad de ganar el número uno del draft. Cuanto peor terminabas, mejor mirabas al futuro. Adam Silver, comisionado de la liga, avisó en marzo de 2026 de que ese incentivo tenía los días contados.
Cómo funciona la nueva lotería
El cambio más visible amplía la lotería de 14 a 16 equipos e iguala las probabilidades entre todos los que no entran a los playoffs ni al play-in. Los tres peores dejan de ser favoritos para el número uno y entran en lo que la liga llama draft relegation: pierden una de sus tres bolas. A cambio se les garantiza un suelo, porque ninguno puede caer más allá del puesto 12, mientras que el resto de la lotería sí puede descolgarse hasta el 16.
Un dato ilustra el vuelco. En el modelo saliente, cada uno de los tres peores equipos disponía de un 14% de opciones al número uno, la máxima posible. Con la reforma esa ventaja no solo desaparece: baja del 14% al 5,4%, por debajo del 8,1% que tendrán los siete equipos que se queden fuera de playoffs y play-in sin hundirse hasta el fondo. Perder mucho pasa a costar dinero.
Hay dos vetos nuevos que golpean a los reincidentes. Ningún equipo podrá ganar el número uno con su propia elección dos años seguidos. Y ninguno podrá elegir dentro del top-5 tres temporadas consecutivas. Las restricciones siguen a la franquicia aunque el pick ya se haya traspasado.
La liga añadió un tercer freno menos comentado: se prohíbe blindar con protecciones bajas los picks recién traspasados. Y le dio a Silver un garrote real, con poder para rebajar probabilidades, mover puestos de draft e imponer multas de hasta 10 millones de dólares a quien se deje perder.
Por qué cambia el modo de reconstruir
El fondo del asunto no es la aritmética de las bolas, sino el mensaje: reconstruir hundiéndose deja de ser rentable. Durante una década, la fórmula para renacer pasaba por ser malísimo un par de años, acumular picks altos y esperar al elegido. Esa autopista se estrecha.
La duda honesta es si funcionará. Aplanar las probabilidades reduce el premio a perder, pero también el castigo: un equipo mediocre y otro pésimo pasan a jugar casi la misma lotería. El incentivo a competir mejora, aunque el azar gana peso y algún año coronará a un equipo que no lo necesitaba.
La propia liga desconfía de su invento y lo blindó con fecha de caducidad. El sistema 3-2-1 regirá los drafts de 2027, 2028 y 2029, con una revisión formal antes de 2030. Si no frena el tanking, habrá otro parche; si funciona, se quedará. Nadie firma que sea definitivo.
Aquí conviene recordar en qué consiste el tanking antes de celebrar nada. La liga ya ha retocado su lotería media docena de veces en cuatro décadas, siempre para tapar el mismo agujero. Cada parche movió la conducta unos años y después el ingenio de las franquicias encontró un nuevo hueco.
Ganadores, perdedores y una frontera fina
Los analistas ya dibujan ganadores y perdedores. Salen beneficiados los equipos que compiten cada noche sin renunciar a mejorar, como el modelo que defiende Miami desde hace años. Salen perjudicados los proyectos que planificaban su renacer a base de temporadas deliberadamente ruinosas.
No todos aplauden. Un sector avisa de que igualar tanto las bolas puede castigar a franquicias pequeñas que pierden por falta de recursos, no por cálculo, y regalar suerte a equipos que ya estaban en el buen camino. La frontera entre reconstruir y rendirse nunca fue tan fina.
La polémica: por qué Memphis votó solo
El único voto en contra tiene nombre y motivo. Los vetos se aplican con efecto retroactivo, y ahí Memphis salió trasquilado. Los Utah Jazz eligieron en el top-5 en 2025 y 2026, así que su pick de 2027 no podrá entrar entre los cinco primeros.
El detalle que enfada a Memphis es que ese pick ya no es de Utah: los Grizzlies lo adquirieron en febrero de 2026 en el traspaso de Jaren Jackson Jr. Compraron el mejor activo del acuerdo y, tres meses después, la liga le puso un techo que no existía al firmar.
Algo parecido salpica a Washington. Como los Wizards ganaron el número uno en 2026, no podrán repetirlo en 2027 con su propia elección. La liga asumió el coste de estos casos concretos para no dejar impune un tanking que, reconocía en privado, había llegado demasiado lejos.
El sistema que colocó a Pau Gasol se reescribe
Para el aficionado español, la reforma toca una fibra sentimental. La vieja lotería fue la que repartió a nuestros mejores exportados a la NBA. En 2001, Pau Gasol salió en tercera posición por Atlanta y sus derechos viajaron enseguida a los Grizzlies, hoy la franquicia rebelde.
La lista sigue con nombres del baloncesto español. Ricky Rubio fue elegido en quinta posición por Minnesota en 2009, con 18 años y una expectación descomunal. Y el ejemplo más fresco es Aday Mara, escogido duodécimo por Oklahoma City en el draft de 2026, ya campeón universitario con Michigan.
La ironía es cristalina: los tres llegaron a su destino gracias al mecanismo que ahora se desmonta. La próxima hornada española que aspire al draft de 2027, la primera bajo el nuevo modelo, llegará a un tablero distinto, donde caer entre los peores ya no garantiza absolutamente nada.