Wimbledon subió los premios un 20% y no calmó a nadie

Wimbledon repartió 64,2 millones de libras en 2026, un 20% más y récord. Y aun así los jugadores firman cartas: reclaman un reparto mayor de los ingresos.

Pista de tenis de hierba vista desde lo alto de la grada, con el graderío lleno y el sol bajo de la tarde sobre el césped
La hierba de una pista central, vacía antes de un torneo. Imagen generada con inteligencia artificial.

Wimbledon repartió en 2026 la mayor bolsa de su historia, 64,2 millones de libras, un 20% más. Y aun así los mejores tenistas firman cartas: el reparto sigue por debajo del de hace una década.

Las cuentas que no terminan de cuadrar

El anuncio llegó envuelto en récords. La bolsa de 64,2 millones de libras superó en 10,7 millones a la de 2025 y colocó el cheque de cada campeón en 3,6 millones, unos 4,2 millones de euros. Pero ninguna cifra apagó el conflicto que arrastra el tenis desde hace más de un año.

Y los jugadores lo dijeron en voz alta. Un comunicado en nombre de los mejores del circuito ATP y WTA saludó el anuncio como «un paso adelante genuino y significativo» y «una señal de intenciones con sentido», reconociendo que era la mayor subida anual que había hecho el torneo.

La paradoja llega justo después. Según el cálculo de los propios jugadores, esos 64,2 millones equivalen a cerca del 14,4% de los ingresos que el torneo prevé generar, por debajo del 14,9% que se destinó a premios en 2015. Pagar más dinero que nunca y, a la vez, un porcentaje menor que hace una década. Ese es el nudo.

Cómo se reparte la bolsa de 2026

El grueso se lo llevan los dos cuadros individuales. Los campeones de 2026, Linda Nosková el sábado 11 de julio y Jannik Sinner el domingo 12, embolsaron 3,6 millones de libras cada uno; los finalistas, 1,8 millones. Wimbledon paga lo mismo a hombres y mujeres desde 2007.

La escalada no es nueva. Wimbledon lleva años anunciando cada junio un premio récord, con la bolsa cruzando el umbral de los 50 millones de libras a mediados de la pasada década. Los 10,7 millones de subida son el mayor salto en un solo año de la historia del torneo.

La progresión impresiona vista de lejos. El premio al campeón ha crecido cerca de un 80% en una década y el ganador de 2016 fue el primero en superar los 2 millones de libras. Incluso caer en primera ronda dejó este año 80.000 libras, un 21% más que en 2025.

No todo el dinero se concentra en la cima, y ahí está la letra pequeña de la reforma. Los campeones de dobles se repartieron 760.000 libras por pareja y la bolsa de la fase previa subió hasta los 6,2 millones.

El detalle revelador está en el reparto. Los eliminados en primera ronda crecieron por encima de la media del torneo, señal de que el dinero se está repartiendo hacia abajo: es la cara menos vistosa de los premios millonarios.

El debate llega en plena edad de oro económica del tenis. Nunca los cheques habían sido tan altos ni la lista de los mejor pagados tan abultada. Y sin embargo, cuanto más crecen los ingresos de los torneos, más evidente resulta para los jugadores el desfase con lo que reciben.

Por qué un Grand Slam paga menos que el circuito

Aquí aparece el argumento de fondo. Los cuatro grandes no pertenecen ni a la ATP ni a la WTA: son torneos independientes, propiedad de sus federaciones. Los acuerdos de reparto de beneficios que los jugadores negociaron con los circuitos no llegan a Wimbledon, Roland Garros, el Abierto de Australia ni el US Open.

La cuestión de fondo tiene que ver con el modelo, no con la codicia. Un tenista de la ATP o la WTA tiene garantizado, por contrato colectivo, un porcentaje de lo que genera su circuito. En los cuatro grandes depende de la voluntad anual de cada organización, y esa asimetría es la que hoy quieren corregir.

El contraste es claro con un Masters 1000. En esos torneos, integrados en los circuitos, los tenistas reciben una porción de los beneficios pactada con la ATP y la WTA. En los Grand Slam no hay fórmula: cada torneo decide cada año cuánto suelta, y esa discrecionalidad es justo lo que los jugadores quieren romper.

Los números ayudan a entender el enfado. Wimbledon ingresó alrededor de 427 millones de libras el año pasado, según datos que citan los propios jugadores. Sobre esa base, un reparto del 16% habría elevado la bolsa hasta unos 71 millones, casi siete más que los 64,2 finalmente anunciados.

La carta que encendió el pulso

El conflicto tiene un origen concreto. A comienzos de 2025, una veintena de tenistas de la élite —con Sinner y Aryna Sabalenka entre los nombres visibles— firmó una carta dirigida a los cuatro Grand Slam. Pedían tres cosas: más reparto, aportaciones a un fondo de bienestar y voz en las decisiones.

La petición no era caprichosa. Los jugadores reclaman que cada Grand Slam dedique el 16% de sus ingresos a premios de forma inmediata, y que ese porcentaje suba hasta el 22% en 2030. Es la enésima vuelta a un pulso que arrancó cuando los mejores exigieron más.

La presión saltó a la vista en la pista. Varias estrellas limitaron sus comparecencias con la prensa a 15 minutos, un gesto calculado: esos 15 minutos simbolizaban el 15% de los ingresos que, a grandes rasgos, reciben hoy los tenistas.

Y en Wimbledon fueron a más. Pese a haber celebrado la subida, los jugadores ampliaron la protesta al fin de semana de medios y a las ruedas de prensa posteriores a los partidos de toda la primera semana, porque en los otros dos frentes —el fondo de bienestar y la voz en las decisiones— dicen no haber recibido una respuesta sustantiva.

Wimbledon no se quedó callado. «Siempre hemos tenido claro que estamos del lado de los jugadores», dijo Debbie Jevans, presidenta del All England Club, «pero usar los ingresos para determinar los premios no tiene ningún sentido. Se lo hemos dicho a Larry Scott», el exdirigente de la WTA que lidera la campaña de los tenistas.

El precedente que ya se mueve

El frente de los cuatro grandes tampoco es monolítico. Roland Garros subió sus premios un 9,5% y se quedó también en torno al 15% de sus ingresos, y los representantes de los jugadores esperaban que la federación francesa presentara propuestas para acortar distancias durante la quincena de Wimbledon.

El foco se traslada ahora a Nueva York. El US Open, que se disputa del 30 de agosto al 13 de septiembre de 2026, debe anunciar su bolsa en los días previos al cuadro final y cargará con toda la presión: en 2025 ya subió sus premios un 20%, hasta unos 90 millones de dólares.

El pulso no se cierra con un cheque récord. Mientras un Masters 1000 reparta beneficios y un Grand Slam siga decidiendo a dedo, la brecha seguirá ahí. Wimbledon pagó en 2026 más que nunca, y esa es justo la razón por la que la discusión no se apaga.