Cada torneo de tenis reserva unas pocas plazas que no dependen del ranking: las invitaciones, conocidas en el circuito como wild cards. Los organizadores las reparten a su criterio, y con ellas pueden dar una oportunidad a un joven local, recuperar a una estrella que vuelve de una lesión o atraer a un nombre que venda entradas.
Son una pieza pequeña del reglamento con un peso enorme en algunas carreras. Muchos jugadores que hoy están en la élite debutaron en un gran torneo gracias a una invitación, y algunas de las historias más recordadas del tenis empezaron con una plaza regalada.
Cómo se entra en un torneo
La mayoría de las plazas de un cuadro se reparten por ranking. Los jugadores mejor clasificados que se inscriben entran directamente, y el resto tiene que pasar por la fase previa, un torneo previo en el que se juegan las últimas plazas. Además, algunos jugadores entran como perdedores afortunados si un clasificado se retira antes de empezar.
Las invitaciones son la excepción a ese sistema. No dependen del ranking ni de los resultados, sino de la decisión del torneo, que las usa para completar el cuadro con jugadores que considera interesantes por razones deportivas, comerciales o de promoción de su país.
Cuántas hay
El número de invitaciones depende del tamaño del cuadro y de la categoría del torneo. Los Grand Slam, con cuadros individuales de 128 jugadores, reparten ocho por cuadro. Los torneos más pequeños suelen tener tres o cuatro, y en la fase previa existen también invitaciones propias.
Hay además invitaciones para los cuadros de dobles, que los torneos suelen conceder a parejas locales o a jugadores de individuales que quieren sumar partidos. En los torneos por equipos y en los Juegos Olímpicos existen otros sistemas de plazas, con reglas propias.
A quién se las dan
La mayoría de las invitaciones van a jugadores del país organizador. Es una forma de que los jóvenes compitan ante su público y de que los torneos apoyen a su federación. En España, el Mutua Madrid Open o el Conde de Godó suelen reservar varias para los tenistas españoles que empiezan.
Otras invitaciones tienen motivos distintos. Los torneos las conceden a estrellas que vuelven de una lesión y han perdido ranking, a campeones veteranos que se despiden del circuito o a figuras con tirón mediático. En esos casos, la decisión combina lo deportivo con el interés del torneo.
Carlos Alcaraz es un buen ejemplo. Antes de consolidarse en el circuito, recibió invitaciones en torneos españoles, y en el Mutua Madrid Open de 2021, el día de su 18.º cumpleaños, se midió a Rafael Nadal en un partido que muchos recuerdan como el anticipo de su carrera.
El acuerdo de los Grand Slam
Los cuatro grandes tienen un sistema propio. El Open de Australia, Roland Garros y el US Open se intercambian invitaciones: cada uno reserva plazas para jugadores de los otros dos países, de modo que las federaciones australiana, francesa y estadounidense se benefician de un acuerdo recíproco.
Wimbledon funciona de otra forma y reparte sus invitaciones con más libertad, aunque también suele dar prioridad a los jugadores británicos. El resto de las plazas se deciden en función del ranking, de los méritos recientes o de la historia del jugador en el torneo.
Las federaciones organizan además torneos o clasificaciones internas para decidir a quién dan sus invitaciones. Así, un joven puede ganarse la plaza en una competición previa en lugar de depender solo de la decisión de los organizadores.
El ranking protegido
Para los jugadores que vuelven de una lesión larga o de la maternidad existe otra vía: el ranking protegido. Permite entrar en los torneos con la posición que tenían antes de la baja durante un número limitado de competiciones. Es una alternativa a la invitación, que no depende de la voluntad del organizador.
La combinación de ambas herramientas decide el regreso de muchas estrellas. Algunos usan su ranking protegido en los torneos grandes y reciben invitaciones en otros, un calendario que les permite volver a competir sin tener que pasar por las fases previas.
Las invitaciones que hicieron historia
El caso más famoso es el de Goran Ivanisevic, que ganó Wimbledon en 2001 después de entrar en el cuadro con una invitación. Fue el primer campeón de Grand Slam que llegó al torneo como invitado, una historia que todavía se cita cada vez que un jugador sorprende desde fuera del ranking.
En el circuito femenino, Kim Clijsters ganó el US Open de 2009 con una invitación, pocas semanas después de volver a la competición tras su maternidad. Son ejemplos de que una plaza regalada puede convertirse en un título de Grand Slam.
Las invitaciones en la fase previa
Los torneos reservan también invitaciones para la fase previa. Son plazas que no garantizan un sitio en el cuadro principal, pero que permiten a jugadores jóvenes o sin ranking suficiente competir en un torneo grande y buscar su oportunidad ganando dos o tres partidos seguidos.
Para muchos jóvenes, esa es la primera experiencia en un torneo del circuito principal. Jugar ante el público de un gran evento, aunque sea en una pista secundaria, les sirve para medir su nivel y para darse a conocer ante patrocinadores y entrenadores.
El debate
Las invitaciones tienen también críticos. Algunos jugadores se quejan de que los torneos favorecen a figuras mediáticas o a jugadores con contactos frente a quienes se ganan la plaza con resultados. Los organizadores responden que el tenis necesita estrellas y que las invitaciones ayudan a desarrollar el deporte en cada país.
Para el aficionado, son una fuente constante de historias. Cada semana hay algún invitado que da una sorpresa o que vive su primer gran partido, y por eso las invitaciones siguen siendo una de las tradiciones más queridas del circuito.