Por debajo de los Grand Slams, los Masters 1000 y los torneos ATP que se ven cada semana en televisión hay un circuito en el que se forjan casi todas las carreras del tenis masculino: el ATP Challenger Tour.

Es la segunda categoría del tenis profesional, el lugar donde los jugadores que salen del top 100 o aspiran a entrar en él suman puntos para dar el salto.

Casi todos los grandes nombres del circuito han pasado por él. Rafael Nadal, Roger Federer, Novak Djokovic, Carlos Alcaraz o Jannik Sinner jugaron Challengers antes de consolidarse en el circuito principal, y el torneo se ha convertido en un laboratorio de campeones que crece cada temporada.

Alcaraz es el mejor ejemplo reciente. En 2020, con 17 años, ganó sus primeros Challengers, entre ellos el de Trieste, y aquellos títulos le abrieron la puerta del top 100, en el que entró en 2021. Al año siguiente ya era número uno del mundo.

Cinco categorías

El Challenger Tour se fundó en 1976 para sustituir al antiguo circuito de satélites como segundo escalón del tenis. En 2022 la ATP anunció una reforma que entró en vigor en 2023 y ordenó los torneos en cinco categorías según los puntos que recibe el campeón: Challenger 50, 75, 100, 125 y 175, la más alta de todas.

Los Challenger 175 son los torneos más importantes de la categoría. Se disputan durante la segunda semana de los Masters 1000 más largos, como Indian Wells, Madrid o Roma, cuando muchos jugadores ya han sido eliminados de esos torneos y buscan competición. Por eso suelen reunir cuadros con jugadores del top 100, algo poco habitual en el resto de Challengers.

Para un jugador de fuera del top 100, ganar un Challenger 125 supone 125 puntos, la mitad de lo que da un título ATP 250, y encadenar varios títulos puede suponer un salto de decenas de puestos. Por eso muchos tenistas organizan su calendario alrededor de estos torneos, buscando las semanas con más puntos en juego y menos competencia.

Hasta 2008, el circuito se llamaba ATP Challenger Series. El cambio de nombre llegó con una reorganización que buscaba darle más identidad propia, y desde entonces la ATP ha ido acercando sus condiciones a las del circuito principal, con más cobertura televisiva, más dinero en premios y más torneos.

Más torneos y más dinero

El circuito vive un momento de crecimiento. Para 2026, la ATP anunció una bolsa récord de 32,4 millones de dólares en premios, un 167% más que en 2022, y una ampliación del calendario de 216 a 265 torneos, con 50 nuevos Challenger 50 pensados para que los jugadores jóvenes tengan más oportunidades de progresar.

Los premios por torneo también suben en todas las categorías. En 2026, un Challenger 50 reparte al menos 63.000 dólares; un 75, 107.000; un 100, 177.000, y un 125, 225.000, y los Challenger 175 llegan a los 300.000. Además, los jugadores suelen recibir alojamiento durante el torneo, una ayuda importante para tenistas que viajan casi todas las semanas.

Aun así, la vida en el Challenger es dura. Los jugadores pasan buena parte del año viajando de un país a otro, a menudo sin entrenador fijo, y muchos apenas cubren gastos. El crecimiento de los premios forma parte del plan estratégico de la ATP para que más tenistas puedan vivir del tenis profesional, y no solo los del top 100.

Quién juega un Challenger

La mayoría de los participantes están fuera del top 100, pero no es una regla. Jugadores consolidados aparecen en Challengers cuando vuelven de una lesión, cuando necesitan partidos o cuando su ranking ha caído, y los organizadores pueden invitar a figuras con un ranking alto mediante una invitación aceptada por la ATP.

Para los más jóvenes, el Challenger es el paso natural después del circuito ITF, el tercer escalón del tenis profesional. Un buen año en estos torneos puede cambiar una carrera: el español Dani Mérida, por ejemplo, pasó de fuera del top 200 al top 60 en un año y terminó ganando su primer título ATP.

Las normas limitan, sin embargo, la presencia de los mejores. Los jugadores situados entre los puestos 11 y 50 del ranking solo pueden jugar un Challenger con una invitación del torneo aceptada por la ATP, y no en los de premios más modestos. Así se evita que las estrellas acaparen los puntos pensados para quienes intentan subir.

Los Challengers en España

España es uno de los países con más tradición en este circuito, con torneos repartidos por buena parte del calendario y muchos jugadores de la Armada compitiendo en ellos cada semana.

En 2026, la Copa Faulcombridge de Valencia subió a la categoría 175, la más alta, y se trasladó a mayo, coincidiendo con el Masters de Roma, mientras que el torneo de Alicante ocupó su semana de otoño. Junto a ellos, otros torneos españoles mantienen su lugar en un calendario que reparte puntos por todo el país.

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Los Challengers españoles han visto crecer a muchos jugadores de la Armada antes de su salto al circuito principal. Para el aficionado, son una oportunidad de ver tenis profesional de nivel alto a pocos metros de la pista, en recintos mucho más pequeños que los de los grandes torneos.

Los partidos de muchos Challengers se pueden seguir en directo a través de la plataforma de vídeo del circuito, que la ATP ofrece de forma gratuita. Es la manera de seguir a los próximos protagonistas del tenis antes de que lleguen a los grandes escenarios, en la cantera del circuito ATP.