Badosa, del top 25 al puesto 103 en seis meses

De semifinalista en Australia a jugar Challengers: la caída de Badosa hasta el puesto 103 no fue solo la espalda, y en julio empezó a revertirla.

Paula Badosa se estira para golpear la bola ante Emma Navarro en su partido de Wimbledon en Londres
Badosa devuelve una bola a Emma Navarro en su partido de individuales en Wimbledon, en junio de 2026. (AP Photo/Kin Cheung)

Hace un año, Paula Badosa figuraba entre las 12 mejores del mundo. Tras Hamburgo escaló al puesto 84, después de una caída hasta el 103 que ella misma no atribuye solo a la espalda.

Cómo se desploma un ranking en un año

El desplome de Badosa se lee mejor con fechas que con adjetivos. En agosto de 2025 era la número 12 del mundo. No volvió a competir tras Wimbledon por la espalda, arrancó 2026 en el puesto 25 y, desde ahí, el descenso fue casi ininterrumpido.

Conviene recordar de dónde cae. Badosa fue número 2 del mundo en abril de 2022 y campeona del Masters 1000 de Indian Wells en 2021, uno de los títulos más grandes fuera del Grand Slam. Hablamos de una jugadora de época, no de una promesa fallida.

En el Abierto de Australia de 2026 cayó en primera ronda ante la número 101 y no pudo defender las semifinales del año anterior. Esa derrota la dejó fuera del top 60 y, en febrero, ya rodaba fuera de las 100 primeras del ranking WTA.

El punto más bajo llegó en primavera. En marzo de 2026 disputó un torneo Challenger en Miami y ganó su primer partido en ese circuito en siete años. Se retiró después por la espalda, estuvo dos meses parada y en el ranking en vivo llegó a asomar por el puesto 113.

El calendario se le volvió una trampa. Cada torneo que en 2025 había sido un éxito llegaba en 2026 con muchos puntos que defender y sin margen para fallar. Cada baja por la espalda, en ese contexto, se pagaba por partida doble en la clasificación.

Una espalda que arrastra desde 2023

La raíz del problema tiene fecha. El 12 de mayo de 2023, Badosa se fracturó la vértebra L-4 durante un partido en el Masters 1000 de Roma. Aquella lesión, que ella describió como una dolencia crónica, marcó todo lo que vino después.

Badosa ha sido explícita sobre lo que convive con ella. Reconoció que necesita tratamiento constante y llegó a hablar de inyecciones de cortisona para sostener el dolor. En 2023 admitió que tendría que vigilar la zona el resto de su carrera.

El desgaste no fue solo físico. La propia jugadora ha contado que las recaídas la golpearon también en lo mental, y que cada regreso reabría los viejos fantasmas de la espalda. Es un relato suyo, no un diagnóstico ajeno, y conviene tratarlo así.

Por qué la caída no fue solo la espalda

Aquí está la lectura que va más allá del parte médico. Buena parte del desplome fue aritmética pura: Badosa defendía en 2026 los puntazos de un tramo 2024-2025 excelente, con semifinal en Australia incluida, y cada ausencia por lesión borraba de golpe cientos de puntos.

Los números del bajón asustaban. En su peor racha firmó seis victorias en 17 partidos, con derrotas ante rivales muy inferiores y un escenario agotador de retiradas encadenadas. La prensa española llegó a hablar del peor momento de su carrera.

El gran interrogante de su carrera cabe en una frase. Cuando el cuerpo aguanta, Badosa es capaz de ganar a cualquiera; cuando no, se cae del circuito entero. Toda su temporada 2026 se explica en ese vaivén entre las dos versiones de sí misma.

Hay un precedente que invita al optimismo. En 2024 ya remontó desde fuera del top 100 hasta el top 10, un giro que la WTA premió como el regreso del año. La diferencia es que aquella escalada la firmó con la espalda por fin en calma.

El giro de julio sobre tierra batida

Y entonces, en julio de 2026, todo giró. Sobre tierra batida, Badosa conquistó el título de Bastad, su primer trofeo desde Washington en 2024. Conviene situarlo: fue un WTA 125, un escalón por debajo del circuito principal, así que sus títulos WTA siguen siendo cuatro.

Una semana más tarde alcanzó la final de Iasi, que sí llegó a jugar y abandonó con 6-4 y 4-0 en contra ante Mayar Sherif. Ella lo atribuyó a una enfermedad, no a la espalda.

La racha resultó difícil de frenar. Encadenó 11 victorias en sus últimos 12 partidos, regresó al top 100 y aseguró su plaza en el cuadro principal del US Open. En Hamburgo firmó los cuartos de final antes de caer de nuevo ante Sherif.

Lo esperanzador está en cómo gana. En Bastad no cedió un set en todo el torneo y en Hamburgo llevó a Sherif a tres horas y media de partido. Son argumentos de tenista competitiva, no de una jugadora que apenas sobrevive.

Ella misma lo resumió con prudencia tras Iasi. Habló de haber recuperado algo de positividad y de disfrutar por fin de varios partidos seguidos con el cuerpo respondiendo. Después de meses de incertidumbre, es un cambio de tono que dice mucho.

El premio se vio en la clasificación. Esa presencia en cuartos en Hamburgo le aseguró el puesto 82 en el ranking en vivo y la dejó finalmente en el 84 de la lista publicada, a un mundo de distancia del 103 al que había caído apenas unos meses antes. El objetivo declarado ya es el top 50.

Lo que le espera en la gira americana

La cita que ordena su verano es el US Open, que arranca el 30 de agosto de 2026. Nueva York guarda buenos recuerdos recientes: en 2024, en plena resurrección, Badosa alcanzó allí los cuartos de final, su mejor resultado en el torneo.

El salto de la tierra al cemento no es menor. La gira norteamericana exige y castiga más el cuerpo, justo lo que ella necesita gestionar. Su propio discurso repite una condición: puede competir con las mejores siempre que las lesiones la respeten.

El factor tiempo pesa, pero no la sentencia. Badosa tiene 28 años, una edad en la que muchas tenistas firman sus mejores campañas, y su tenis de fondo sigue intacto. La pregunta nunca fue si sabe jugar; es cuántas semanas seguidas podrá hacerlo.

Por eso su presencia en Flushing Meadows es a la vez una recompensa y una incógnita. Nadie firmará por ella un resultado concreto en Nueva York. Lo indudable es que ha vuelto a ganarse el derecho a esa pregunta.