TENIS

Jannik Sinner, el niño bueno que desafía las leyes del tenis: "Entrenaba menos de tres horas a la semana"

Tiene una trayectoria totalmente opuesta al canon tenístico: de familia humilde, hasta los 13 años apenas entrenaba, rompió después con el entrenador más laureado de su país y no usa las redes sociales.

Jannik Sinner, durante una rueda de prensa en Italia tras su triunfo en el Open de Australia. /EFE
Jannik Sinner, durante una rueda de prensa en Italia tras su triunfo en el Open de Australia. EFE
Nacho Encabo

Nacho Encabo

Son las 5:30 de la madrugada en Dubái. Con los primeros rayos del sol entrando por las cristaleras del aeropuerto, Jannik Sinner avanza lentamente por la fila del control de seguridad. Ojeras en la cara, gafas de pasta y esa melena pelirroja despeinada. Las casi 15 horas de vuelo desde Melbourne son duras incluso volando en primera clase. El italiano lleva una maleta en la mano derecha y en la izquierda sostiene una bolsa verde aterciopelada. Dentro va la copa de campeón del Open de Australia. Es el tenista del momento, con su rostro en las portadas de medio mundo. Pero ahí está él, esperando la fila como uno más.

Unos metros más a la izquierda, Daniil Medvedev, que viajaba en el mismo vuelo desde Melbourne, se abre paso con su equipo acompañados de un guardia de seguridad. Oculto dentro de una capucha negra y con una bolsa de Chanel en la mano -regalos de última hora-, el hombre que desaprovechara dos sets de ventaja en la final de Australia se salta la cola y pasa el control de seguridad antes que el resto. Sinner lo mira desde la distancia, pero el italiano no levanta la voz ni reclama ese privilegio. Espera paciente a que las cinco personas que tiene delante saquen sus ordenadores, sus líquidos y sus objetos metálicos. Después pasa el trofeo por el escáner y se dirige hacia la puerta de embarque del vuelo que le llevará hasta Italia.

Esa estampa resume bien quién es Jannik Sinner, el tenista del que todo el mundo habla desde que el domingo 28 de enero conquistara en Australia su primer título de Grand Slam. Hablamos de un hombre de 22 años con una educación y unos modales exquisitos, un hombre con los pies bien anclados en la tierra y con un discurso colmado de valores.

Un tenista diferente en todos los sentidos

"Me gustaría que todos pudieran tener los padres que tengo. Siempre me dejaron elegir lo que yo quería. Incluso cuando era más joven y practicaba otros deportes, nunca me presionaron. Deseo esa libertad para los niños", dijo Sinner nada más ganar en Melbourne. Unas palabras que demuestran una madurez impropia para un chaval de 22 años que acaba de tocar la cima de su deporte. Pero es que todo en Sinner escapa de los cánones habituales.

Para empezar, porque es un italiano pelirrojo de casi 1,90. Para continuar, porque viene una familia humilde, algo difícil de ver en el tenis. Y se pueden seguir añadiendo extrañezas: como, por ejemplo, que hasta los 13 años apenas entrenaba un par de horas a la semana al tenis; que iba para estrella del esquí: que después de decidirse por la raqueta y cuando empezaba a despuntar rompió con su entrenador, y no es un entrenador cualquiera, sino el más respetado de cuantos hay en Italia; y que no usa las redes sociales.

"Siempre les digo a los tenistas jóvenes que tengan cuidado con las redes sociales porque proyectan cosas que no son ciertas. La gente transmite una vida fantástica cuando en realidad las cosas les pueden ir mal. No me gustan las redes porque no demuestran la realidad y, sinceramente, vivo mucho mejor sin ellas y así seguiré", ha señalado Sinner esta semana en Italia, donde ha paseado de acá para allá con la copa de campeón.

El viaje de la nieve al tenis

Nacido el 16 de agosto de 2001 en San Cándido, una pequeña localidad a los pies de los Dolomitas, en la zona del Tirol, Sinner creció en la nieve. Sus padres, de antepasados alemanes (de ahí el apellido) trabajaban en un resort de esquí. Johann, el padre, estaba en la cocina del restaurante y Singladine, la madre, era camarera.

"Cuando volvía del colegio mis padres no estaban en casa. Estaban trabajando. Después me iba a esquiar y entrenaba de 14:00 a 16:00 esquiando. Después volvía a casa y a veces me iba a jugar al fútbol, otras veces al tenis...", decía Sinner estos últimos días. "Yo no solía estar en casa y creo que ese es el tipo de mentalidad que me inculcaron. Que si quería alcanzar algo, tenía que trabajar. Obviamente esa ética de trabajo la puedes aprender, pero la mayoría de las veces la tienes porque te la inculcan tus padres".

"Irte de casa con 14 años te hace crecer muy rápido. Tuve que cocinar, tuve que hacerme la colada. Puede que sea la forma más rápida de madurar"

Jannik Sinner Campeón del Open de Australia

A Sinner le encantaba el esquí cuando era niño. Y era muy, muy bueno. Con ocho años fue campeón nacional en un país de enorme tradición alpina. Pero había algo que no le terminaba de cuadrar cuando bajaba a toda velocidad por las laderas de los Dolomitas. "La principal razón por la que acabé eligiendo el tenis y no el esquí fue por que en el esquí si cometes un error no puedes ganar la carrera. En el tenis puedes fallar y aún así ganar el partido. Eso te da confianza: puedes fallar, pero tienes que estar listo para el siguiente punto", señalaba el lunes durante el reportaje fotográfico en Melbourne como campeón del Open de Australia.

Con 13 años decidió que lo suyo iba a ser la raqueta. Aparcó los esquís, la tradición familiar, y sus padres lo apoyaron. Y empezó a entrenar en serio. "Cuando tenía ocho o nueve años no entrenaba mucho. Entrenaba menos de tres horas a la semana. Cuando menos entrenaba era en invierno, porque estaba muy cansado del entrenamiento de esquí. Entrenaba esquí todos los días y de tenis hacía dos días una hora. Después, los fines de semana, esquiaba. Pero después, con 13 años, empecé a jugar al tenis más y más. No hay una regla de cuánto tienes que entrenar, lo que tienes que hacer es disfrutar. Eso es lo más importante, sonreír durante el camino".

Fuera del circuito júnior

Y el camino siguió mudándose al Piatti Tennis Center, la academia de Riccardo Piatti, el entrenador de tenis que es una leyenda en Italia. Por esas instalaciones en Bordighera, cerca de la frontera con Francia, han pasado tenistas de la talla de Novak Djokovic, Ivan Ljubicic, Ricard Gasquet, Borna Coric, Maria Sharapova o Milos Raonic. Aquello le hizo madurar a marchas forzadas.

"Irte de casa con 14 años te hace crecer muy rápido. Tuve que cocinar, tuve que hacerme la colada. Puede que sea la forma más rápida de madurar. Para mí fue difícil, pero para mis padres dejar que su hijo de 14 años se fuera tampoco fue sencillo. Nunca me presionaron y esa es la clave de que esté aquí hoy. Soy una persona muy relajada que disfruta jugando al tenis. Son los padres perfectos, aunque obviamente son los únicos que he tenido", decía entre risas.

Sinner y Piatti eligieron un camino totalmente diferente al de la mayoría de tenistas. Mientras los niños se suelen curtir en el circuito júnior, el italiano apenas compitió a nivel internacional antes del salto a profesionales. Su mejor ranking júnior fue el 133 y nunca jugó un Grand Slam júnior. De hecho, es el primer campeón de Grand Slam del siglo XXI que no ha jugado ningún torneo júnior. En el tenis femenino hay tres ejemplos: las hermanas Serena y Venus Williams y Naomi Osaka.

En 2022, para sorpresa de muchos, Sinner y Piatti separaron sus caminos y el jugador se puso en manos de Simone Vagnozzi, un técnico con muchísima menos experiencia. Poco después se unió el mítico Darren Cahill, que entrenó en su momento a Andre Agassi, Lleyton Hewitt, Andy Murray o Simona Halep. La jugada no le pudo salir mejor.

Sinner llegó a la élite por un camino apenas explorado y, una vez ahí, explotó hasta convertirse en campeón de Grand Slam. Con 22 años, tiene todavía una larga carrera por delante si las lesiones le respetan. Tendrá una apasionante rivalidad con Carlos Alcaraz. Peleará por los torneos más prestigiosos del mundo. Se convertirá, si nada se tuerce, en una estrella internacional. Todo cambiará pero, en esencia, nada cambiará. Porque parece imposible que algo vaya a despegar a Sinner los pies de la tierra. "Esto no cambia lo que soy. Soy un chico muy sencillo que ha ganado un buen torneo", dijo en Melbourne. Nada más y nada menos.