«Ha sido frustrante, agotador y, en ocasiones, muy difícil de aceptar, especialmente cuando trabajas tan duro para conseguir algo y tu cuerpo y mente simplemente no responden». Con estas palabras, la tenista alemana Eva Lys anunció a través de un comunicado en sus redes sociales que pone fin de manera anticipada a su temporada.

Del mejor año de su vida al peor en cuestión de meses

A sus 24 años, la jugadora se ha visto obligada a hacer un alto en el camino para priorizar su salud física y mental. Detrás de esta decisión se encuentra la artritis, una enfermedad crónica contra la que lleva luchando más de seis años y que en los últimos meses le ha mostrado su cara más amarga. La dificultad para controlar sus síntomas la ha llevado a tomar una decisión importante: cambiar de tratamiento con la esperanza de recuperar la estabilidad y volver a competir al máximo nivel.

La promesa alemana parecía consolidarse en 2025, el mejor año de su carrera. Ganó por primera vez a una top-10, Elena Rybakina, actual número uno del mundo. También alcanzó por primera vez los cuartos de final de un WTA 1000 y llegó a octavos de final de un Grand Slam, el Open de Australia 2025. Hitos que la llevaron a acabar la temporada dentro de las 40 mejores del mundo con 23 años.

Todo era felicidad. «Después de todo lo que ocurrió el año pasado, afronté esta temporada con grandes expectativas, objetivos ambiciosos y muchísima ilusión. Pero a veces las cosas no salen como uno las había planeado», añadió en ese comunicado.

La teutona se llevaba todas las miradas. Era la gran esperanza de un país como Alemania, que tiene muchas ganas de una nueva Steffi Graf o Angelique Kerber. Pero este año no fue igual. Todo ha sido frustración. Una de las imágenes del año fue ver a Eva llorando en el banco tras retirarse por lesión ante Sun Xinran, de 16 años y 582 del mundo, en el debut del torneo de Pekín. Es decir, hace unas semanas. No podía más.

La artritis en una deportista de élite bajo la visión de un médico

Lys padece esta enfermedad crónica desde hace seis años, aunque lo desveló hace dos. La alemana convive con una espondiloartritis, que afecta a la columna vertebral y a las articulaciones: «Gran parte de todo esto (sin victorias) se debe a mi lucha constante contra la artritis, una enfermedad que este año ha sido especialmente difícil de controlar», explicó la tenista nacida en Kiev.

Para comprender el alcance de la enfermedad, Relevo ha consultado al médico César Canales, miembro de la comisión médica de la World Climbing, de la Federación Internacional de Esquí de Montaña (ISMF) y de la Federación Internacional de Skyrunning (ISF), que explica las dificultades que puede encontrar una deportista de alto rendimiento cuando sufre una patología inflamatoria articular.

«La artritis, en este caso autoinmune, es una inflamación de la articulación. Al ser autoinmune, para que lo entendamos, es que el cuerpo se ataca a sí mismo«, señala Canales al explicar este tipo de enfermedades.

El problema adquiere una dimensión especial en una disciplina como el tenis, que exige aceleraciones, frenadas, cambios de dirección y movimientos explosivos durante varias horas. «Lo que va a ocurrir es que va a producir limitación en la movilidad por la inflamación de dicha articulación», explica. «Cuando la enfermedad afecta a la columna lumbar puede provocar rigidez, contractura de la musculatura periarticular y una incapacidad funcional importante, además del dolor asociado a la inflamación», añade.

Canales recuerda, además, que estas enfermedades no tienen por qué manifestarse siempre con la misma intensidad. Pueden alternar periodos de estabilidad con otros de mayor actividad inflamatoria. De ahí la frustración de la joven tenista alemana que le ha llevado a romper a llorar en medio de la pista. «Las enfermedades autoinmunes no es que afecten después de tanto tiempo, es que pueden estar silentes o pueden tener bastantes brotes», explica.

Cuando el deporte de élite agrava los efectos de la artritis

Aunque la actividad física moderada puede resultar beneficiosa para quienes padecen este tipo de enfermedades, las exigencias del deporte de élite plantean un escenario muy diferente. «Muchas de estas enfermedades mejoran con la actividad física. Al principio puedes sentir mucha rigidez, pero cuando empiezas a realizar ejercicio leve o moderado, te encuentras mejor porque, para que lo entendamos, es como si la articulación se engrasara», explica Canales.

Sin embargo, esa mejoría no siempre se produce cuando el cuerpo se somete a esfuerzos de máxima intensidad. «En el alto rendimiento esto no ocurre de la misma manera. Estás forzando continuamente las articulaciones al máximo para llegar a una pelota, devolver un golpe o ejecutar un saque exigente», señala el médico.

En estas condiciones, advierte, la artritis puede agravar la inflamación y provocar mayores limitaciones de movilidad, lo que supone una dificultad añadida para una tenista que necesita llevar su cuerpo al límite en cada entrenamiento y competición.

La decisión de cambiar el tratamiento

Eva anunció, junto a su equipo, que ha tenido que tomar medidas ante la situación vivida este año. La alemana ha pasado de ser la 40 del mundo a la 137: «Después de más de seis años, hemos decidido dar un paso importante y cambiar mi tratamiento. Es un cambio considerable que requerirá tiempo, pero confío en que sea un paso en la dirección correcta».

César Canales cuenta que «el tratamiento de la artritis consiste siempre en intentar modular o frenar la actividad inflamatoria«. Además, señala que existen diferentes líneas terapéuticas y que los especialistas pueden modificar la medicación en función de la evolución de la enfermedad y de la respuesta del paciente.

Entre las opciones utilizadas en determinadas enfermedades inflamatorias autoinmunes se encuentran fármacos como el metotrexato y tratamientos biológicos, incluidos los denominados anti-TNF. «Si la enfermedad no está controlada, pues hay que seguir subiendo escalones», apunta Canales, que subraya la importancia de evitar que la inflamación se mantenga activa durante periodos prolongados.

El especialista advierte de que, si esa actividad inflamatoria persiste, las articulaciones pueden sufrir daños estructurales y aparecer problemas que perduren en el tiempo. Una situación que seguramente habrán valorado Eva y su equipo para ver qué es lo mejor para la tenista. Tiene tan solo 24 años.

¿Podrá seguir jugando al tenis?

«Todo depende. Si la enfermedad se controla con el tratamiento, no hay actividad inflamatoria. Por ende, puede entrenar y competir de forma más o menos normal», explica el doctor.

Eso sí, el especialista insiste en que la preparación física adquiere una importancia fundamental. En particular, destaca la necesidad de trabajar la estabilidad de la zona lumbar y pélvica para afrontar las exigencias de los movimientos deportivos.

La situación cambia cuando la enfermedad no está controlada y la deportista continúa sometiendo su cuerpo a esfuerzos de máxima intensidad. «Si no se controla la enfermedad y sigue compitiendo, las secuelas pueden ser de por vida«, advierte Canales, que relaciona ese riesgo con la persistencia de la inflamación y el posible daño articular.

Ojalá que Eva Lys encuentre la solución y podamos volver a verla brillar. «Por ahora, voy a tomarme el tiempo que necesite para recuperar mi salud. Tengo muchas ganas de que llegue 2027 y de afrontar todo lo que venga», terminó la alemana en su comunicado. Así que solo queda esperar para ver cuándo regresará Eva a la pista y, sobre todo, si logran dar con la tecla para dejar de verla sufrir.