La carrera que ordenó Trump: IndyCar aterriza en Washington

Un decreto presidencial coló el Freedom 250 en el corazón de Washington en menos de siete meses. Álex Palou, líder del campeonato, afronta un circuito que ningún piloto ha pisado antes.

Operarios y maquinaria asfaltan una avenida de Washington con el Capitolio al fondo
Las obras del Freedom 250 avanzan en el National Mall, con el Capitolio al fondo, el 11 de agosto de 2026. AP Photo/Tierney L. Cross

El Freedom 250 no nació de una negociación deportiva, sino de una orden ejecutiva. En menos de siete meses convirtió el National Mall de Washington en un circuito urbano con Álex Palou de por medio.

Una carrera que no figuraba en el calendario

El calendario de la IndyCar para 2026 se publicó el 16 de septiembre de 2025 y no incluía ninguna prueba en la capital. Washington no aparecía por ningún lado, y en el paddock nadie contaba con correr allí aquel verano.

Ese punto de partida importa para entender lo que vino después. La ronda de Washington no salió de una puja entre promotores ni de un hueco en la agenda deportiva: la incorporó una decisión del Gobierno federal, no el propio campeonato.

Con el calendario ya cerrado, empezaron a circular rumores de que el presidente quería una carrera para el 250 aniversario del país. Lo que parecía un globo sonda acabó tomando forma de decreto pocos meses después.

De inviable a decreto

La propia IndyCar había mirado Washington antes y lo había aparcado. El campeonato reconoció que lo había hablado el año anterior, pero que la planificación no había llegado a un punto viable para montar el evento.

El 30 de enero de 2026, Donald Trump firmó en el Despacho Oval una orden ejecutiva que resucitaba el proyecto. El texto encargaba a los departamentos de Transporte e Interior designar un trazado en 14 días por la ciudad.

La orden pedía además que todos los permisos y autorizaciones salieran cuanto antes. La vía del decreto se eligió, según la crónica del proceso, después de que el apoyo del Congreso no terminara de concretarse.

El secretario de Transporte, Sean Duffy, enmarcó la prueba dentro de la celebración del 250 aniversario. Interior, con Doug Burgum, gestionó los permisos, y el grupo de Penske mantuvo más de 80 reuniones con la Administración.

La colaboración cruzó líneas políticas. La alcaldesa demócrata de Washington, Muriel Bowser, se declaró encantada de acoger la prueba y puso a la policía y los servicios de emergencia de la ciudad al servicio del montaje, en un acuerdo que junta a rivales.

Un circuito contra el reloj

El trazado mide 1,7 millas, unos 2,7 kilómetros, con siete curvas que rodean el National Mall. Tiene un tramo rápido por la avenida Pensilvania, con el Capitolio al fondo, donde los coches rozarán los 320 kilómetros por hora.

El bicampeón Josef Newgarden ha descrito un circuito de dos caras: velocidad pura en Pensilvania y curvas técnicas alrededor de la calle 9. Es, en sus palabras, distinto a cualquier otro urbano del campeonato.

La carrera se corre el 23 de agosto a 147 vueltas, unas 250 millas, como decimoquinta ronda del campeonato. La IndyCar la sumó a un calendario que creció hasta 18 pruebas, una añadida al margen de lo deportivo.

Levantar todo esto en meses ha exigido una burocracia descomunal. El libro de permisos que maneja la organización alcanza las 1.300 páginas de trámites, y las obras en las calles empezaron a finales de julio.

Para sacarlo adelante, la serie trabaja con Harbinger Strategies, la misma consultora que montó el evento de la UFC, y ha instalado parte de su operación en oficinas de Fox en la ciudad. El despliegue ha exigido presencia constante en Washington.

El día antes, el 22 de agosto, una carrera de leyendas reunirá a viejos ganadores de la Indy 500 como Hélio Castroneves, Dario Franchitti y Tony Kanaan. La entrada al Mall será gratuita para el público general.

El propio Trump comparó la cita con el combate de la UFC y prometió audiencias de récord en Fox. La carrera se plantea como escaparate turístico y patriótico, abierto y gratuito junto a los monumentos de la capital.

Palou, líder en una ronda con ruido

Para el aficionado español, el foco está en Álex Palou. El piloto catalán llega como cuatro veces campeón de la IndyCar y lidera la clasificación de 2026, así que se juega puntos de verdad en Washington.

Un mal resultado en una ronda inédita, con un trazado que ningún piloto ha pisado antes, puede pesar en la pelea por el campeonato. Palou afronta Washington sin referencias previas de ese circuito, igual que el resto de la parrilla.

Palou fue uno de los tres pilotos que Trump recibió en la Casa Blanca el 13 de julio. Con Felix Rosenqvist, ganador de la Indy 500 de 2026, y David Malukas, ensayó una parada en boxes ante las cámaras.

El acto juntó deporte y política de una forma poco habitual en la IndyCar. Ver a un piloto que pelea el título posando en un escenario oficial del Gobierno no es una estampa corriente en el campeonato.

El precedente que deja

Más allá de quién gane, el caso deja una pregunta de fondo. Un jefe de Estado ha añadido una prueba a un campeonato de propiedad privada, el que controla el grupo de Roger Penske, también promotor del evento y condecorado por el propio Trump en 2019.

No es un gesto aislado. La misma iniciativa Freedom250 llevó un combate de la UFC a los jardines de la Casa Blanca el 14 de junio, coincidiendo con el 80 cumpleaños del presidente.

La mezcla no siempre ha salido fina. En mayo, la IndyCar lanzó y retiró una camiseta con el lema ONE NATION ONE RACE sobre el Lincoln Memorial, con Lincoln sustituido por un piloto, tras las quejas de sus clientes.

Todo eso aterriza en Washington el 23 de agosto con la carrera aún por decidir. Lo que pase en pista será deporte; lo que ya está escrito es una forma nueva de crear carreras desde el poder político.