LaLiga ha arrancado con un reglamento distinto al que se cerró en junio: la Ley Vinicius, que sí se aplicó en el Mundial de 2026, se queda fuera de la competición española.
El Comité Técnico de Árbitros presentó el 4 de agosto el paquete de modificaciones que se aplica desde la primera jornada, y el objetivo es uno solo: que el balón esté en juego más tiempo.
No es una reforma inventada en España, aunque no todas sus medidas vienen del Mundial. La regla de los diez segundos para las sustituciones sí se probó en el Mundial de 2026.
El ensayo contra las lesiones fingidas de los porteros, en cambio, es una prueba piloto que la IFAB autorizó para la Premier League inglesa esta misma temporada, y el resto responde a aclaraciones de las Reglas de Juego aprobadas por la IFAB.
Diez segundos para salir del campo
La norma más visible afecta a las sustituciones, aunque no cambia cuántos cambios se pueden hacer en un partido. El jugador que va a ser cambiado debe abandonar el terreno de juego en un plazo de diez segundos desde que se muestra el cartel o, si no lo hay, desde la señal del árbitro.
El castigo por incumplirlo es deportivo, no disciplinario, y es más duro de lo que parece. El sustituido tiene que salir igualmente, pero el suplente no puede entrar hasta la primera interrupción posterior a que haya pasado un minuto de tiempo efectivo desde la reanudación.
No es una espera de un minuto, sino un minuto más el siguiente parón natural. Hasta entonces el equipo se queda con uno menos.
La regla tiene una excepción expresa. No se aplica cuando salir en diez segundos no era posible por lesión o por razones de seguridad o protección del jugador, supuestos en los que el árbitro no penaliza la demora.
Cuando haya varios cambios en la misma interrupción, el plazo se cuenta una sola vez. Todos los futbolistas que salgan deberán hacerlo en esos diez segundos desde que se indique la última sustitución.
Para los porteros hay una precisión añadida. Deben salir por la línea de meta y, si tardan demasiado, el suplente entra de inmediato y el guardameta saliente ve la tarjeta amarilla.
La tarjeta, eso sí, no castiga la vía de salida sino el retraso excesivo más allá de los diez segundos: es una sanción específica para el portero, no una regla general para cualquier jugador.
El ensayo contra las lesiones fingidas
La medida más novedosa apunta a los porteros que se tiran al suelo para frenar el ritmo. El CTA participa en un ensayo autorizado expresamente por la IFAB para combatir ese tipo de acciones.
El diagnóstico del CTA es explícito: esas lesiones funcionaban como un tiempo muerto encubierto. Mientras atendían al portero, los jugadores de campo se juntaban con el entrenador y el rival perdía el ritmo que llevaba.
El mecanismo es llamativo. Si un partido se detiene por la lesión de un guardameta, el entrenador debe designar a un futbolista de campo que salga, de modo que su equipo juegue con uno menos durante un minuto de tiempo efectivo.
Que salga un jugador de campo y no el propio portero no es un capricho. Un equipo no puede jugar sin guardameta, así que la penalización tenía que recaer en otro para poder aplicarse sin dejar la portería vacía.
El plazo, además, está fijado con precisión. El técnico tiene diez segundos desde que el árbitro autoriza la entrada de las asistencias médicas; si no designa a nadie, sale el capitán de forma automática.
Hay tres excepciones concretas: que la lesión venga de una falta que conlleva tiro libre y exija atención inmediata, que se produzca un choque entre el portero y un jugador de campo que obligue a atender a los dos, o que el guardameta esté sangrando.
El ensayo está recogido en la circular n.º 34 de la IFAB, y España se ha acogido a la variante conocida como Protocolo B, que es la que deja la elección al entrenador en lugar de fijarla por reglamento.
Con carácter general, cualquier futbolista atendido sobre el césped debe salir y esperar fuera un minuto de tiempo efectivo tras la reanudación, salvo esas excepciones.
Perder tiempo saldrá caro
El árbitro podrá sancionar directamente a los equipos que retrasen la puesta en juego del balón. Y las sanciones son deportivas, no disciplinarias: cambian la posesión.
El mecanismo es lo más televisivo de toda la reforma. El colegiado hace sonar el silbato, señala que debe ejecutarse la reanudación y arranca una cuenta atrás visual de cinco segundos con la mano.
Si al llegar a cero el balón sigue parado, se aplica el castigo. Es la extensión de la lógica que la temporada pasada se estrenó con los porteros y la regla de los ocho segundos.
Si un equipo pierde tiempo sacando de banda, el saque se concederá al contrario. Si hace lo mismo con un saque de meta, la decisión será todavía más severa: córner para el rival.
Cuatro situaciones nuevas para el VAR
La ampliación de competencias del videoarbitraje es la otra pata de la reforma. El VAR podrá intervenir en cuatro supuestos que antes quedaban fuera de su alcance.
El primero es la segunda tarjeta amarilla. Cuando la amonestación que provoca la expulsión sea claramente errónea, la sala podrá avisar al colegiado para que la corrija.
El segundo es el error de identidad en amonestaciones: el VAR ya podía corregir a un árbitro que expulsaba al jugador equivocado, pero ahora esa misma corrección se extiende a las tarjetas amarillas, aunque la corrección afecta al destinatario de la tarjeta, no a la decisión sobre la acción.
El tercero es el córner mal concedido, y el cuarto, las infracciones previas a la puesta en juego.
El penalti de Julián Álvarez, resuelto
La aclaración más esperada viene de aquel penalti de la Champions 2024-25 entre Atlético y Real Madrid, anulado en la tanda que decidió la eliminatoria. La RFEF se suma a la IFAB para cerrar el debate del doble toque en las tandas.
El criterio queda así para los penaltis de una tanda: si el lanzador toca accidentalmente el balón dos veces y el penalti acaba en gol, el lanzamiento se repite. Si falla después de ese doble contacto involuntario, se contabiliza como penalti fallado. En el juego normal, ese mismo doble toque sigue resolviéndose como antes: libre indirecto para el equipo rival.
Es un cambio sustancial: entonces el tanto se anuló sin repetición y ahora la sanción se ajusta al resultado de la jugada.
El saque de meta, unificado
El último bloque busca coherencia arbitral. El balón entra en juego en el saque de meta en cuanto el portero lo golpea y queda claramente en movimiento; si a partir de ahí un compañero lo toca deliberadamente con la mano dentro del área, la decisión correcta es penalti.
Antes no había criterio único sobre cuándo se consideraba ejecutado el saque en esas situaciones. La directriz lo fija con ese único momento, el golpeo que pone el balón claramente en movimiento, y no con un toque posterior de otro jugador.
Qué cambia para el espectador
El hilo conductor de todo el paquete es el cronómetro. Las medidas atacan los minutos que se escapan entre acción y acción, que es uno de los problemas que más desespera a los aficionados.
Para los jugadores, la adaptación es menor de lo que parece. Quienes disputaron el Mundial de 2026 ya convivieron con varias de estas directrices durante el verano, así que llegan con el hábito medio aprendido.
Y para quien sigue los partidos con una apuesta en juego, las casas de apuestas deportivas tendrán que ajustar sus mercados de tiempo efectivo y descuentos a un reloj mucho más estricto.
La otra consecuencia es de uniformidad. Varias de las novedades no cambian el reglamento, sino que fijan una interpretación única para situaciones en las que cada árbitro decidía de una manera, con la polémica consiguiente cada fin de semana.
Y no son cambios exclusivos de España. Al proceder en su mayoría de modificaciones aprobadas por la IFAB, podrán aplicarse también en otras competiciones que adopten el nuevo reglamento a lo largo de la temporada.