Chourraut sigue ahí: el Mundial de eslalon, con siete vascos

España lleva 12 palistas, siete vascos, al Mundial de eslalon de Oklahoma City, con Chourraut, a sus 43 años, aún al frente.

Una palista con casco del Basque Team desciende entre las palas verdes y rojas de una manga de eslalon
Foto: Stefan Brending (2eight) / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0 de), recortada a 16:9.

Son 12 los palistas españoles, siete de ellos vascos, que disputan esta semana en Oklahoma City el Campeonato del Mundo de piragüismo en eslalon y kayak cross, la primera gran cita internacional en el canal que albergará los Juegos de Los Ángeles 2028. En una selección repleta de caras nuevas, la referencia sigue siendo la misma de hace tres ciclos olímpicos: Maialen Chourraut, que a sus 43 años no se ha apartado para dejar sitio, sino que continúa marcando el ritmo de toda una generación.

Una docena de palistas para estrenar el canal de 2028

El piragüismo es el deporte que más medallas olímpicas ha dado a España, 23 en total, y buena parte de esa tradición nace en las aguas bravas del eslalon. La selección viaja a Oklahoma City del 20 al 25 de julio con 12 palistas, y lo hace con un aliciente doble: el Riversport Rapids que acoge el Mundial será una de las sedes de Los Ángeles 2028 y el campeonato reparte plazas para ese ciclo. Competir aquí es, en la práctica, tomarle la medida al escenario olímpico dos años antes de la cita que de verdad importa.

Ese grupo confirma además una realidad del eslalon español: su corazón late en Euskadi. Siete de los 12 convocados pertenecen al Basque Team, y entre ellos hay olímpicos consagrados y campeones júnior que aún no habían nacido cuando Chourraut debutó en la élite. La cantera vasca sostiene una disciplina minoritaria que, sin embargo, produce medallas con una regularidad que ya quisieran deportes mucho más mediáticos.

Chourraut, la referencia que no se aparta

A Maialen Chourraut, nacida en Lasarte-Oria en 1983, el calendario no parece hacerle mella. Cumplió 43 años en marzo y arrancó la temporada 2026 subiéndose al podio de la primera Copa del Mundo, en el Centro de Kayak de Tacen, en Liubliana. Fue bronce, por detrás solo de la eslovena Eva Alina Hocevar y de la australiana Jessica Fox, considerada la mejor palista de aguas bravas de la historia.

Su palmarés en la especialidad no admite discusión. Suma tres medallas olímpicas repartidas en tres Juegos distintos —bronce en Londres 2012, oro en Río 2016 y plata en Tokio 2020— y ha disputado cinco citas olímpicas, un tapiz que casi ninguna palista exhibe. El bronce de Tacen, además, elevó a 18 su cuenta de metales en Copas del Mundo, con ocho oros, cinco platas y cinco bronces desde aquel primer triunfo en La Seu d’Urgell en 2010.

Lo relevante para este Mundial no es la nostalgia, sino la vigencia. Chourraut ha entrado en todas las finales de la Copa del Mundo de esta temporada, señal de que no acude a despedirse, sino a competir. Después de quedarse sin podio en París 2024 —un golpe que llegó a poner en duda su continuidad—, su regreso ha reordenado las expectativas de todo el equipo.

Echaniz y Llorente, el relevo que ya pesa

Si hay un nombre que encarna el relevo, es el de Pau Echaniz. El donostiarra, criado por Chourraut y su pareja, Xabier Echaniz, entrenador del propio Pau, dio la campanada en París 2024 al colgarse el bronce en K1 en su primera cita olímpica, con 23 años y saliendo el primero en una final que se resolvió por apenas unas centésimas. Aquel podio lo confirmó como la nueva sensación del eslalon español, y en Oklahoma City llega como uno de los cabezas de cartel.

El otro veterano en forma no es vasco, sino segoviano. David Llorente, décimo en los Juegos de Tokio 2020, fue precisamente quien abrió el casillero español en este Mundial: se colgó el bronce en la contrarreloj individual de kayak cross en la jornada inaugural, el 20 de julio, en el estreno absoluto del canal olímpico. Su medalla dio el primer aviso de que España venía a pelear en todas las modalidades.

El kayak cross, disciplina olímpica desde París 2024, se ha convertido en terreno propicio para España. En esa misma prueba inaugural, Miren Lazkano firmó una meritoria cuarta posición y Laia Sorribes y la propia Chourraut se metieron entre las diez mejores, de modo que hasta seis palistas españoles se clasificaron para las eliminatorias del fin de semana.

La cantera que empuja desde Irún

Detrás de los nombres consagrados asoma una hornada que justifica el viaje. El caso más llamativo es el de Oier Díaz, palista de Irún que en 2025 se proclamó campeón del mundo júnior de C1 en Foix y que ya había competido en un Mundial júnior con 15 años. Su irrupción resume el momento del piragüismo del Bidasoa, capaz de alimentar a la selección absoluta casi sin pausa.

No es el único que llega desde esa comarca. La también irundarra Klara Olazabal aporta galones en la canoa, mientras que la lasartearra Leire Goñi y el guipuzcoano Álex Segura completan una nómina vasca que abarca todas las modalidades. A ellos se suman fuera de Euskadi la experimentada Nuria Vilarrubla en C1 y Miquel Travé, quinto en la Copa del Mundo de Praga, que doblará esfuerzos en kayak y canoa.

El dato que da profundidad al proyecto es que casi todos ellos apuntan a Los Ángeles 2028, no a una despedida. La convivencia entre la veterana que sigue ganando y los júnior que ya rozan la élite es lo que distingue a este grupo de una simple expedición de recambio: aquí hay varias generaciones compitiendo por lo mismo.

Las finales, el examen del nuevo ciclo

El grueso del reparto de medallas se juega el fin de semana, con las finales individuales de K1 y C1 y las eliminatorias de kayak cross entre el 24 y el 25 de julio. Es ahí donde el Mundial dejará de ser una toma de contacto con el canal de Los Ángeles para convertirse en el primer veredicto serio del ciclo hacia 2028.

España llega a esa cita con argumentos por arriba y por abajo del cartel. Chourraut y Echaniz parten como candidatos en kayak, la canoa se apoya en Travé y Vilarrubla, y el kayak cross —donde ya hay una medalla en la vitrina— ofrece una vía extra en un formato de choques directos donde cualquier bajada limpia vale un podio. El desenlace, con las finales aún por remar, dirá hasta dónde llega esta selección.

Pase lo que pase en Oklahoma City, el relato ya está escrito a medias. Una palista de 43 años sigue liderando a un equipo en el que hay campeones júnior que la veían por televisión, y esa foto —la de una referencia que no cede el testigo, sino que rema junto a quienes vienen a recogerlo— es probablemente la mejor noticia que el eslalon español podía dar de cara a su propio canal olímpico.