Sacar de centro con un pelotazo largo: la moda del Mundial

Marruecos, Estados Unidos o Francia arrancan el Mundial 2026 lanzando el saque de centro al córner rival. Así funciona la moda del pelotazo largo.

Balón de fútbol sobre el punto de saque en el círculo central de un estadio iluminado antes del inicio del partido

El silbato inicial ya no garantiza un pase atrás: cada vez más selecciones arrancan sus partidos del Mundial 2026 lanzando el balón directo al córner rival. Detrás del aparente regalo hay un plan muy medido.

Foxborough, 71 segundos y un plan visible desde el saque

19 de junio de 2026, Foxborough. Marruecos mueve el saque inicial ante Escocia y el balón, en vez de rodar hacia atrás, vuela hacia la esquina del campo escocés. El equipo de Mohamed Ouahbi eligió empezar el partido sin balón, pero a 80 metros de su portería.

El premio llegó enseguida. A los 71 segundos, Brahim Díaz picó un pase por encima de la zaga e Ismael Saibari fusiló a Angus Gunn para firmar el gol más rápido del Mundial 2026. Aquel 1-0 valió tres puntos y retrató una idea: jugar en campo ajeno desde el pitido inicial.

La escena se repite por todo el torneo. Estados Unidos, Marruecos o la propia Francia han sacado de centro con un pelotazo largo, a veces directamente fuera, y han renunciado al primer pase. Es una enmienda al dogma de la posesión que gobernaba los saques desde hace una década.

Cómo funciona: 80 metros a cambio de un saque de banda

La jugada tiene poco de improvisación. El equipo que saca golpea el balón hacia la zona del banderín rival, buscando que muera junto a la línea o que salga fuera. El resultado es un saque de banda rival pegado a su propio córner, la zona del campo con menos opciones de pase.

Mientras el balón viaja, el bloque entero salta a presionar. El receptor queda encerrado entre la banda, su línea de fondo y dos o tres rivales que llegan lanzados. Si despeja largo, devuelve la posesión en zona ventajosa; si arriesga en corto, coquetea con una pérdida al borde de su área.

La paradoja es reglamentaria. Desde 2016, la IFAB permite sacar de centro hacia atrás, un retoque que consagró las salidas ensayadas con pase al portero. Diez años después, la élite usa esa misma libertad para hacer exactamente lo contrario: desprenderse del balón cuanto antes.

Quién lo hace en el Mundial 2026

Marruecos es el caso más sistemático. Lo mostró ante Brasil el 13 de junio en el MetLife (1-1) y lo repitió ante Escocia seis días después. Ouahbi, campeón del mundo sub-20 en 2025 y relevo de Walid Regragui a tres meses del torneo, convirtió el saque inicial en una declaración: territorio y presión antes que toque.

Estados Unidos siguió el mismo camino. La selección de Mauricio Pochettino lanzó sus saques de centro directamente fuera, sobre la banda profunda del campo rival, para montar su presión alrededor del saque de banda. La prensa estadounidense señaló el espejo evidente: una estrategia calcada a la del PSG.

Ni los favoritos se resistieron. Según recogió FourFourTwo, Francia abrió su debut ante Senegal (3-1, el 16 de junio en East Rutherford) mandando el primer balón fuera, pese a tener plantilla de sobra para salir jugando. Esa noche, Kylian Mbappé firmó un doblete y alcanzó, con 58 goles, el récord goleador histórico de su selección.

Territorio antes que posesión: lo que revela la moda

El pelotazo inicial condensa un giro más profundo del fútbol de élite. Los primeros minutos concentran el máximo riesgo: piernas frescas, presiones al límite y partidos que se tuercen con un error. Ante ese escenario, muchos entrenadores prefieren ceder el balón antes que exponer su área.

La tendencia viene de arriba. El PSG de Luis Enrique sistematizó el kick-off largo desde la temporada 2024/25, con Vitinha como ejecutor habitual, y lo exhibió en su camino hacia la final del Mundial de Clubes 2025. En la Premier League 2025/26 lo copiaron Arsenal, Newcastle o Crystal Palace, y desde ahí dio el salto a las selecciones.

Los números confirman el giro. Según datos de Opta, la Premier 2025/26 promedió 99,7 balones largos por partido, frente a los 93,4 de la temporada anterior, y el 48,4% de los saques de puerta terminó en campo contrario, la primera subida en una década. El fútbol directo dejó de ser un estigma.

El Brentford ya había enseñado el potencial de esa fase. En la Premier 2024/25 ensayó el saque inicial como si fuera un córner y marcó en el primer minuto en tres jornadas consecutivas, algo que ningún equipo había logrado en la competición. La lección caló en los banquillos: el saque de centro es una fase explotable, no un trámite.

En un torneo del K.O. el cálculo se agudiza. Nadie quiere regalar un gol en el minuto uno de unos cuartos de final, y empezar el partido a 80 metros de la propia portería es la forma más barata de comprar seguridad sin renunciar a presionar arriba, aunque el mismo plan expone a quien presiona alto con el calor norteamericano.

El debate: ¿se está pareciendo esto al rugby?

No todos aplauden. Michael Cox, analista táctico de The Athletic, lamentó en septiembre de 2025 la ola de popularidad del recurso y pidió sacar del fútbol «esa tontería del rugby». Su aviso fue más allá: si se consolida como táctica habitual, el juego se parecerá al rugby union, donde patear a la banda para ganar metros es rutina.

Diego Latorre, exjugador y comentarista, resumió la objeción de fondo: «El fútbol consiste en ganar posiciones de gol, no terreno». Para los críticos, regalar la primera posesión empobrece el espectáculo desde el minuto cero y consagra una idea conservadora del juego.

El propio Luis Enrique, precursor del invento, rebajó la euforia: «No hay nada que sea mágico. No funciona cuando el rival se adapta». Y en Inglaterra ya circulan ideas para desactivarlo por reglamento: Cox llegó a sugerir permitir adelantar los saques de banda en campo propio, quitándole el premio territorial a la patada.

Queda por ver quién mueve ficha primero: los rivales que aprendan a desactivar la presión sobre el saque de banda o unos legisladores tentados de retocar la norma. Mientras tanto, cada silbato inicial de este Mundial esconde la misma pregunta: quién se atreve a quedarse con el balón.