La reventa de entradas del Mundial 2026 y por qué preocupa a la FIFA

La FIFA quitó los topes de precio, lanzó su propia plataforma de reventa y afronta investigaciones de las fiscalías. Te explicamos el escándalo de las entradas del Mundial 2026.

Dos aficionados ingleses, de espaldas en los aledaños del estadio de Dallas en el Mundial 2026.
AP Photo/Jessica Tobias

La reventa de entradas del Mundial 2026 ha sido uno de los mayores escándalo de la antesala de la Copa del Mundo. La FIFA abandonó los topes de precio, lanzó su propia plataforma y ahora afronta investigaciones de las fiscalías.

El cambio de reglas que lo desató todo

En ediciones anteriores la FIFA limitaba la reventa al valor nominal y cobraba comisiones modestas. Para 2026 hizo lo contrario: eliminó los topes de precio en los partidos de Estados Unidos y Canadá, una decisión que ha marcado toda la polémica.

La justificación oficial fue el mercado secundario estadounidense. Si la FIFA vendía barato, argumentaron, los revendedores comprarían y revenderían a precios desorbitados igualmente; así que el organismo decidió quedarse ese margen. En lugar de frenar la reventa, se sumó a ella.

Cómo funciona el sistema de reventa de la FIFA

Por primera vez, la FIFA lanzó su propia plataforma de reventa sin límite de precios. Cobra una comisión a ambas partes, comprador y vendedor, en cada transacción. Las cifras citadas por la prensa hablan de un 15% a cada lado.

El diseño tiene un fallo de raíz. El portal oficial funciona bien para quien quiere vender a valor nominal, pero elimina el incentivo de beneficio que llevaría al revendedor a usarlo. Los especuladores simplemente lo esquivan.

El resultado es un mercado paralelo fuera de la plataforma. Los revendedores compran asientos por el sistema oficial y los revenden con grandes sobreprecios en redes sociales, webs secundarias y mercados callejeros junto a los estadios, donde el portal de la FIFA no puede controlar nada.

Por qué la reventa preocupa de cara al Mundial 2026

El núcleo del problema es que el aficionado medio quedó fuera. La imposibilidad o falta de voluntad de la FIFA para restringir la reventa permitió que innumerables revendedores se infiltraran en los sorteos mientras el hincha corriente luchaba por acceder.

Los precios cuentan la historia. En 2022, la entrada más cara para la final rondaba los 1.600 dólares de valor nominal; en 2026 alcanzó los 11.000 dólares de precio original. En la plataforma de reventa, las localidades han escalado hasta cifras de cinco y seis cifras.

La presión política llegó pronto. Las fiscalías de Nueva York y Nueva Jersey emitieron citaciones a la FIFA dentro de una investigación conjunta sobre sus prácticas de venta, con el foco en el MetLife Stadium, donde se jugarán ocho partidos incluida la final.

Un grupo europeo de aficionados fue más allá y calificó la estrategia de la FIFA de «traición monumental». El presidente Gianni Infantino la defendió apelando a la demanda: sostiene que esta supera con creces a la oferta y que los precios reflejan lo que el mercado paga.

El giro inesperado: precios que bajan

La antesala dio un vuelco a pocos días del inicio. Los precios empezaron a caer en el mercado secundario: un análisis halló que el precio más bajo disponible había bajado en 76 de los 78 partidos en Estados Unidos.

El dato más llamativo es que, en casi la mitad de los partidos de grupos, las entradas se vendían por debajo del valor nominal de la FIFA. Algunas localidades llegaron a listarse por apenas 100 dólares en webs de reventa.

La caída encendió una nueva sospecha. Surgió la teoría de que la FIFA estaría colocando inventario no vendido en plataformas como StubHub y SeatGeek para recuperar dinero sin admitir que sobrevaloró los partidos. Ambas empresas negaron tener acuerdo de distribución con el organismo.

La saga de la reventa deja a la FIFA en una posición incómoda: defendió precios récord apelando a una demanda que, al final, no llenó los estadios. La pregunta que queda abierta es cuánto daño le hace a su propia imagen haber tratado el Mundial como una subasta.