El impacto económico del Mundial 2026 en las ciudades sede
El Mundial 2026 prevé 11.000 millones para la FIFA y miles de millones para las sedes, con NY/NJ por encima de 3.000. Pero los estudios advierten: el efecto suele ser limitado.
El Mundial 2026 mueve cifras descomunales en sus tres países anfitriones. Las ciudades sede esperan una auténtica lluvia de ingresos gracias al torneo, aunque el beneficio real sigue generando debate entre economistas, administraciones públicas y organizadores.
Un torneo de miles de millones
El alcance económico del Mundial es enorme. Solo la FIFA prevé ingresar alrededor de 11.000 millones de dólares, un 56% más que en Catar 2022. Nunca una Copa del Mundo había generado tantos recursos para el organismo que organiza la competición.
Ese dinero, sin embargo, no se queda únicamente en la FIFA. Las previsiones apuntan a entre cinco y siete millones de visitantes internacionales repartidos entre Estados Unidos, México y Canadá. El turismo aparece como el gran motor económico del torneo, especialmente en las grandes ciudades sede.
De dónde sale realmente el impacto económico
Cuando una ciudad habla de impacto económico no se refiere únicamente a la venta de entradas. Hoteles, restaurantes, comercios, transporte y ocio concentran buena parte del gasto que realizan los aficionados durante varias semanas de competición.
También hay un efecto sobre el empleo temporal y la actividad empresarial. Miles de trabajadores participan en operaciones de seguridad, logística, restauración o servicios turísticos. El Mundial genera movimiento económico, aunque no todo ese dinero representa riqueza completamente nueva para las ciudades anfitrionas.
El impulso a las ciudades
Algunas sedes manejan previsiones espectaculares. La región de Nueva York y Nueva Jersey calcula un impacto superior a 3.000 millones de dólares, impulsado por más de un millón de visitantes previstos entre partidos, eventos paralelos y actividades vinculadas al torneo.
Filadelfia también espera cifras históricas, con unos 770 millones de dólares de impacto económico estimado. Otras ciudades como Kansas City o Vancouver confían igualmente en que el Mundial sirva como escaparate internacional. El torneo coloca a las sedes en el centro del mapa turístico.
El reverso: un efecto limitado
No todos los estudios coinciden con esas previsiones optimistas. Diversos economistas sostienen que el impacto suele ser más modesto de lo anunciado, ya que parte del gasto turístico simplemente sustituye consumo que habría existido igualmente durante el verano.
Las administraciones, además, deben afrontar importantes inversiones en seguridad, transporte y operaciones especiales. Recuperar ese desembolso únicamente con la actividad económica del torneo resulta complicado. El retorno no siempre compensa el esfuerzo público, especialmente en las sedes con mayores costes operativos.
El legado económico, la gran incógnita
El verdadero éxito económico de un Mundial no termina con la final. La gran pregunta es qué queda después: nuevas inversiones, más turismo internacional o una mejor imagen de la ciudad. El legado vale tanto como el impacto inmediato, especialmente cuando apenas se construyen nuevas infraestructuras.
En ese aspecto, Norteamérica parte con ventaja respecto a otros organizadores recientes. La mayor parte de los estadios, aeropuertos y redes de transporte ya existían antes del torneo. El reto consiste ahora en aprovechar la visibilidad mundial para atraer actividad económica también cuando el balón deje de rodar.
El Mundial 2026 promete una inyección económica histórica, pero con letra pequeña. La verdadera rentabilidad se medirá dentro de unos años, cuando las ciudades comprueben cuánto del dinero, el turismo y la proyección internacional lograron conservar una vez apagados los focos del campeonato.