Cómo ha cambiado el fútbol en Estados Unidos desde el Mundial de 1994

Del Mundial de 1994 al de 2026: cómo nació la MLS, creció el soccer en institutos y universidades y Estados Unidos se transformó en una potencia futbolística.

Varios futbolistas de Estados Unidos, con el capitán Pulisic al frente, saludan a la afición tras un partido.
AP Photo/Manu Fernandez

Estados Unidos vuelve a ser sede de un Mundial 32 años después del torneo de 1994. El país que acoge más partidos de la Copa del Mundo de 2026, incluida la final, es muy distinto al de entonces en términos futbolísticos.

El Mundial que lo cambió todo

El Mundial de 1994 fue un punto de inflexión. Se convirtió en la Copa del Mundo con mayor asistencia de la historia, con más de 3,5 millones de espectadores en los estadios. El fútbol llenó recintos enormes en un país que todavía no tenía una liga profesional consolidada.

Lo curioso es que aquel éxito convivía con una realidad limitada. El interés por el fútbol se concentraba en comunidades inmigrantes, universidades y ligas juveniles. Para el gran público estadounidense, el soccer seguía siendo minoritario, muy por detrás de la NFL, la NBA, la MLB o la NHL.

El nacimiento de la MLS

Como legado directo de aquel torneo nació la Major League Soccer. La MLS arrancó en 1996 con diez equipos, muchas dudas financieras y un modelo todavía experimental. El Mundial dejó una liga propia, pero nadie podía asegurar entonces que sobreviviera tres décadas.

Al principio, la competición fue vista como una liga periférica, con estadios compartidos, reglas adaptadas y poca presencia internacional. Con los años cambió de piel: llegaron propietarios sólidos, academias, expansión territorial y franquicias más fuertes. Pasó del descrédito a la estabilidad.

La llegada de las grandes estrellas

David Beckham fue el primer gran acelerador moderno. Su fichaje por Los Angeles Galaxy en 2007 impulsó la regla del jugador franquicia y abrió la puerta a nombres como Thierry Henry, Didier Drogba, Andrea Pirlo, Kaká, David Villa o Zlatan Ibrahimović. La MLS aprendió a vender estrellas globales.

El salto simbólico definitivo llegó con Lionel Messi en el Inter Miami. Su llegada no solo elevó audiencias, camisetas y atención internacional: cambió la percepción de la liga. La MLS pasó de ser destino exótico a formar parte de la conversación global. Messi convirtió el escaparate en fenómeno mundial.

Una cultura futbolística nueva

El cambio más profundo es cultural. El soccer es hoy uno de los deportes con más participación en institutos y universidades, especialmente entre las chicas. El éxito histórico de la selección femenina estadounidense también ayudó a normalizar el fútbol como parte de la identidad deportiva del país.

Esa base nutre a la MLS, a la NWSL y a las selecciones nacionales. Las academias locales forman talento propio en lugar de depender solo de importaciones. El crecimiento ya no se mide únicamente por estrellas extranjeras: Estados Unidos también fabrica sus futbolistas.

La generación que cambió la selección de Estados Unidos

La selección masculina también refleja ese salto. Christian Pulisic, Weston McKennie, Tyler Adams, Gio Reyna o Yunus Musah crecieron en un ecosistema más profesional y competitivo que el de los años noventa. Muchos dieron el salto a Europa desde jóvenes. Ya no son excepciones aisladas.

Esta generación convirtió a Estados Unidos en una selección más reconocible, ambiciosa y acostumbrada a competir contra rivales fuertes. No ha eliminado todos los límites del proyecto, pero sí cambió la expectativa: el objetivo ya no es participar dignamente, sino competir de verdad.

Estadios, pantallas y estrellas

La infraestructura acompañó el crecimiento. Llegaron estadios específicos para fútbol, centros de entrenamiento modernos y una liga más profesionalizada. El acuerdo de streaming de Apple con la MLS en 2023 confirmó otro salto: el producto ya se piensa para una audiencia global, no solo local.

El Mundial 2026 está desarrollándose en un Estados Unidos donde el fútbol ya forma parte del paisaje deportivo. De aquel 1994 pionero al país de hoy hay una diferencia enorme: Estados Unidos ya no organiza un Mundial para descubrir el fútbol, sino para confirmar que forma parte de él como miembro de pleno derecho.