La ciencia del cuerpo de Haaland: por qué corre así
Mide 1,95 metros y acelera como un extremo: biomecánicos y fisiólogos estudian por qué el cuerpo de Erling Haaland corre distinto a cualquier delantero.
Mide 1,95 metros, pesa unos 88 kilos y acelera como un extremo ligero. Durante el Mundial 2026, el cuerpo de Erling Haaland se convirtió en objeto de estudio para biomecánicos y fisiólogos.
El delantero que la ciencia mira con lupa
El 5 de julio, en los octavos del Mundial 2026, Haaland eliminó a Brasil con un doblete en el tramo final (2-1) y metió a Noruega en los cuartos de su primer Mundial desde Francia 1998. Cada arrancada suya dejó en el aire la misma pregunta: ¿cómo se mueve así un delantero de ese tamaño?
Su seleccionador, Stale Solbakken, lo definió durante el torneo sin rodeos: «Nunca antes ha habido un futbolista que juegue de esta manera». La frase resume lo que los especialistas llevan años intentando traducir a datos concretos, desde el laboratorio de la Escuela Noruega de Ciencias del Deporte hasta el especialista que ajusta su mecánica corporal desde 2020.
Un chasis de 1,95 que no debería correr así
Su ficha marca 1,95 metros y unos 88 kilos, medidas de delantero-torre, el rematador estático que vivía del juego aéreo. Ahí acaba el parecido: Haaland corre como los extremos más rápidos sin perder la envergadura que lo hace inabordable en el área.
Los cronómetros lo avalan desde hace tiempo, y sus récords precoces venían avisando. El 10 de abril de 2021, en la victoria del Borussia Dortmund en Stuttgart (2-3), los sistemas de la Bundesliga le midieron una punta de 36,04 km/h, la más alta de aquella temporada. Según los datos de la UEFA, fue además el jugador más rápido de la Champions 2024/25, con 36,9 km/h, por delante de Achraf Hakimi y Kylian Mbappé.
| Competición | Punta registrada | Cuándo |
|---|---|---|
| Bundesliga | 36,04 km/h | 10 de abril de 2021, ante el Stuttgart |
| Champions League | 36,9 km/h | Temporada 2024/25 (dato UEFA) |
| Premier League | 35,7 km/h | Temporada 2024/25 (BBC Sport y Opta) |
El matiz importa: no es el hombre más veloz del fútbol. Micky van de Ven llegó a 37,1 km/h esa misma temporada y Mbappé ha rozado los 38. Lo anómalo está en la combinación: esas puntas las firma un ariete de 1,95 y 88 kilos, no un extremo ligero.
La zancada de velocista, explicada por la biomecánica
Los análisis biomecánicos difundidos durante el Mundial, en julio de 2026, coinciden en el punto de partida: su arma no es la velocidad final, sino la explosividad de los primeros metros. Ahí es donde deja atrás a centrales que, sobre el papel, deberían ganarle la carrera.
La técnica tiene poco de casualidad. En el arranque inclina el torso unos 45 grados y baja las caderas, de modo que la fuerza se proyecta hacia delante y no hacia arriba, con un centro de gravedad inusualmente bajo para su talla. En la fase de impulso lleva las espinillas casi paralelas al suelo. Ese gesto corrige la desventaja de serie del atleta alto, que suele acelerar y frenar peor porque su centro de masas está más elevado.
A un contacto con el suelo muy breve para su tamaño se suma una frecuencia de zancada impropia de unas piernas tan largas. El resultado es una rareza mecánica: pasos de gigante a ritmo de velocista, la combinación que los especialistas señalan como su ventaja más difícil de replicar. Para calibrar la escala, Usain Bolt, que mide lo mismo, tocó los 44,72 km/h en su récord mundial de 100 metros en Berlín, en 2009; el noruego corre muy por debajo, pero lo hace con tacos y balón.
Herencia de heptatlón y un estirón tardío
La materia prima viene de serie. Su madre, Gry Marita Braut, fue campeona noruega de heptatlón en los años 90; su padre, Alfie Haaland, jugó una década en el fútbol inglés. El primer registro de su explosividad tiene fecha: el 22 de enero de 2006, con cinco años, saltó 1,63 metros sin carrerilla en Bryne, la mejor marca mundial de su edad, todavía vigente según recogió la prensa británica en 2025.
Nada de esto siguió una línea recta. Hasta los 15 o 16 años fue un chaval menudo que aprendió a competir sin ventaja física: en el Bryne, su club de origen, recuerdan que tuvo que ser listo en el área antes de poder ser fuerte. El estirón llegó tarde y lo cambió todo.
Del laboratorio de Oslo al ‘Miracle Man’
Geir Jordet, profesor de la Escuela Noruega de Ciencias del Deporte, lleva más de dos décadas estudiando el scanning, los movimientos de cabeza con los que un jugador lee el entorno antes de recibir. Tras analizar a cientos de profesionales, sitúa al noruego en la élite: pocos delanteros escanean tanto como él y Mbappé. «Los mejores miran al juego, no al balón», explicó en Sky Sports en 2021.
La mecánica fina tiene también un nombre propio: John Haddad, especialista libanés en biomecánica al que la prensa noruega apoda ‘Miracle Man’. Trabaja con Haaland desde una lesión de cadera en 2020, en su etapa en el Borussia Dortmund, puliendo su explosividad y su coordinación. En diciembre de 2023, con una lesión ósea en el pie y el Mundial de Clubes en juego, el delantero viajó a España para ponerse en sus manos.
El Mundial 2026 como banco de pruebas
El torneo funcionó como laboratorio a escala real. Sus siete goles en cinco partidos, con el doblete a Brasil incluido, llegaron con una Noruega que volvía a disputar un Mundial por primera vez desde Francia 1998, con el delantero convertido en el argumento físico de todo el proyecto. El viaje se cortó el 11 de julio en Miami: Inglaterra ganó 2-1 en la prórroga de los cuartos, con dos goles de Jude Bellingham, y el noruego se marchó sustituido y sin marcar.
El propio Mundial dejó su registro de velocidad: 36,5 km/h ante Irak en la fase de grupos, según los datos de la FIFA, quinta marca más alta del torneo. Le bastó para cerrar cuarto en la tabla de goleadores, empatado a siete con Bellingham y por detrás de Messi (8) y de Kylian Mbappé, que se llevó la Bota de Oro con 10. La diferencia salta a la vista en cada arrancada: ninguno de sus rivales por el premio mueve un chasis de 1,95 y 88 kilos.
Quizá esa sea la mejor manera de entenderlo: el niño que batía récords de salto a los cinco años es hoy el delantero que obliga a la ciencia a revisar sus modelos. Los registros de velocidad envejecen y los análisis se multiplican; mientras tanto, el cuerpo de Haaland sigue corriendo por delante de quienes intentan explicarlo.