Sin árbitras no hay paraíso
El conflicto con las colegiadas pone en jaque a la Liga F y aviva la guerra entre jugadoras, LPFF, RFEF y CSD.
No hay mayor daño para un negocio o empresa que frenar su producción. Sobre todo, cuando este negocio tiene varios frentes abiertos con polémicas o conflictos de distinto índole. Si se aplica esta idea al fútbol, en concreto al fútbol femenino, el negocio sería la nueva Liga F y esa producción bien podría ser el juego. Ese espectáculo que atrae a aficionados, televisiones, patrocinadores, etc. y que se ha apagado por el momento en esta primera competición profesional del fútbol femenino español.
Era su momento. Su esperado lanzamiento. Pero el balón se ha quedado atrás para darle de nuevo protagonismo al conflicto. Esta vez de las árbitras contra la Liga, en particular, y contra todos en general: la RFEF es su ‘empresa’ y el CSD el que debería mediar para que esto no ocurra. Ni unos ni otros han llegado a un acuerdo para definir una mejora contractual de las árbitras de cara a este inicio liguero. La consecuencia de esto, otro capítulo para el olvido que aún sigue abierto sin fecha final: un parón indefinido de la actividad de las árbitras.
Esta situación ha dejado sin fútbol la primera jornada de la Liga F, desbordada de causas pendientes. Además de la negociación con la RFEF y el CSD por las árbitras, la Liga Profesional de Fútbol Femenino (LPFF) tiene que resolver el convenio con las jugadoras, en stand-by a la espera de que saliera adelante la Liga, el naming o main sponsor de la competición o temas como la atracción de patrocinios e ingresos comerciales. Todo esto no se ve favorecido por esta situación, que proyecta una imagen de indefensión y polémica.
Tampoco favorece a la imagen que se traslada a operadores televisivos como DAZN, que tuvieron que cambiar su planificación durante este fin de semana por la ausencia de fútbol. Un hecho que te hace recapacitar si no es muy arriesgado invertir en una categoría que acude a menudo a un nuevo conflicto.
Lo que tenía que haber sido un inicio por todo lo alto, con los ojos de todo el mundo atendiendo al desembarco profesional del fútbol femenino español, se ha transformado en una nueva guerra en esta categoría. Y, como todos los conflictos, esta destruye más que crea, aleja más que acerca. Una situación que para nada es idónea para el nacimiento de un proyecto que tiene que servir de ejemplo para el resto de deportes femeninos en España y el mundo. Sin árbitras, sin juego, no hay paraíso.