Telefónica busca comprador: el Movistar se juega su futuro

Telefónica pone a la venta su patrocinio del Movistar, único equipo español del WorldTour: qué está en juego y por qué su futuro pende de un hilo.

El autobús del equipo ciclista Movistar aparcado bajo unos árboles antes de una etapa
Foto: FakirNL / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0), recortada a 16:9.

Telefónica ha encargado a una agencia que venda su patrocinio del Movistar, con 75 millones de euros y tres años de contrato por delante. No es un adiós firmado, pero sí una puerta abierta de par en par al mercado del ciclismo mundial.

Qué ha puesto Telefónica en el mercado

Lo que la operadora ha sacado a la venta no es el equipo, sino su contrato de patrocinio. Telefónica encargó a la agencia You First que buscara un comprador o un copatrocinador para el acuerdo que da nombre al Movistar Team, un vínculo que arrancó en 2011 y sigue vigente hasta el 31 de diciembre de 2029.

El matiz importa, porque no estamos ante una ruptura. La compañía no rescinde el contrato: ofrece traspasar los derechos de denominación o incorporar una marca que comparta la factura. La información, adelantada por Bloomberg y confirmada por El País, El Confidencial o Eurosport, habla de vender parte o la totalidad de esos derechos.

El dinero explica la prisa. El compromiso que resta ronda los 75 millones de euros, a razón de unos 25 millones anuales. Como el contrato no contempla una salida unilateral por rendimiento deportivo, vender o compartir es la única vía que le queda a Telefónica para aligerar esa carga.

Por qué el patrocinio dejó de tener sentido

La lógica del cambio está dibujada en el mapa. El patrocinio nació con la vista puesta en Latinoamérica, donde el ciclismo mueve masas y la ‘M’ de Movistar funcionaba como bandera comercial en países como Colombia. Telefónica ya ha vendido sus filiales en cinco países sudamericanos y ha replegado el negocio.

En aquel escaparate, Nairo Quintana fue la gran figura: segundo en el Tour de Francia en 2013 y en 2015, ganador del Giro de Italia en 2014 y de la Vuelta a España en 2016. Fuera de ese mercado, el retorno publicitario se volvió menor y sostener 25 millones al año pasó a ser difícil de justificar.

El vuelco también es de despacho. José María Álvarez-Pallete blindó el patrocinio hasta 2029 en diciembre de 2024 y un mes después ya no presidía la compañía. La nueva dirección cambió las prioridades: Marc Murtra ha impuesto un plan de recortes con un ERE de 5.500 trabajadores y una revisión de todo el gasto en marketing.

Mientras suelta amarras en el ciclismo, Telefónica ha reforzado su apuesta por el fútbol. Es patrocinador de las selecciones españolas hasta 2030, con Movistar como red oficial de una Roja que acaba de proclamarse campeona del mundo. El dinero busca otra vitrina, una con más audiencia y retorno inmediato.

El 43% israelí y la estructura de Abarca

Conviene aclarar algo: el equipo no es de Telefónica. Pertenece a Abarca Sports, la sociedad de sus fundadores, Eusebio Unzué y Francisco Fernández Maestre. La marca aporta el nombre y buena parte del presupuesto (cerca del 80% de los ingresos llegan del patrocinio), pero la estructura deportiva es independiente.

En abril de 2025 entró un accionista de peso. Quantum Pacific, el grupo del empresario israelí Idan Ofer, compró el 43% de Abarca Sports, y su naviera Eastern Pacific Shipping ya figura como patrocinador en el maillot. Es una participación societaria documentada, no una promesa de rescate del proyecto.

Ese dato explica por qué Telefónica cree que hay margen. Abarca lleva años buscando un segundo espónsor que nunca terminó de llegar; incluso hubo contactos con capital saudí en 2022 que no cuajaron. Encontrar ese socio ha sido el gran problema, y ahora la operadora traslada la búsqueda a una agencia especializada.

Lo que perdería el ciclismo español

Aquí la noticia deja de ser un asunto de balances. El Movistar es el único equipo español en el WorldTour, la máxima categoría, y el decano del pelotón internacional: nació como Reynolds en 1980 y afronta en 2026 su 47ª temporada. Por su historia pasaron Banesto y Caisse d’Épargne.

Su desaparición dejaría a España sin representación en la élite mundial justo cuando el ciclismo nacional intenta reconstruirse desde abajo. Estructuras como Caja Rural o Euskaltel pelean en la segunda categoría por dar el salto, pero ninguna está todavía en condiciones de ocupar ese hueco en la primera línea.

La paradoja duele más por el contraste. El que fue mejor equipo del mundo por equipos en 2013 vive hoy instalado en la zona media, adelantado por presupuestos que superan los 45 millones. Los equipos-estado cambiaron la escala del deporte: la revolución de UAE y Visma, con Pogacar y Vingegaard, dejó al Movistar lejos de los grandes triunfos.

La Vuelta y el mercado, el próximo examen

El calendario aprieta ya. La Vuelta a España arranca el 22 de agosto en Mónaco y termina el 13 de septiembre en Granada, y funcionará como el gran escaparate del equipo en casa. Es el mejor altavoz posible para seducir a ese comprador o copatrocinador que Telefónica anda buscando.

En paralelo se abre el mercado de fichajes, que en el ciclismo se anuncia a partir del 1 de agosto. El Movistar ha optado por mirar a la cantera: en lugar de pujar por estrellas consolidadas, apuesta por jóvenes talentos para sumar puntos UCI y asegurar la permanencia en la categoría.

Unzué, mánager desde el principio, ha medido el momento con una frase que se ha hecho célebre: «mientras no se acabe el patrocinio, seguiremos siendo soldados de Telefónica». Reconoce el contrato en vigor, pero también admite que algún día ese ciclo llegará a su fin.

El equipo, por tanto, sigue en pie, con contrato firmado y con la ‘M’ en el pecho durante toda la temporada. Lo que está en el aire es su horizonte: su continuidad depende de un comprador dispuesto a pagar por una marca que Telefónica ya no quiere sostener sola.