Más Enric, menos Twitter

«Qué ataque tan cobarde de Enric Mas en el final de etapa, luego de ir todo el día a rueda de Evenepoel«. La frase la firma en Twitter un aficionado desde el sofá de su

Enric Mas sigue a Remco Evenepoel, líder de La Vuelta, en la novena etapa de la ronda española con final en Les Praeres.
Luis Gómez / Getty.

«Qué ataque tan cobarde de Enric Mas en el final de etapa, luego de ir todo el día a rueda de Evenepoel». La frase la firma en Twitter un aficionado desde el sofá de su casa y una legión de indocumentados se encarga de propagarla al instante como si de una sentencia de Eddy Merckx se tratase.

Lo de Enric en esta Vuelta es un ejemplo para contar a nuestros hijos por la noche antes de acostarlos, pero los borregos han elegido ocultar una historia de superación modélica porque desde hace tiempo el balear es una de sus víctimas favoritas. Así se distorsiona la realidad y se convierte al héroe en villano en esa red social del pájaro donde el odio viaja a la velocidad de la luz.

El ciclista de Movistar eligió abrirse a la prensa y al público y compartir sus preocupaciones en el Tour. «Desde la caída de Dauphine, tengo un miedo interno que me cuesta superar», confesaba en el micrófono de la COPE de Quique Iglesias. Lejos de esconderse, como la mayoría de sus ‘haters’, se puso en manos de profesionales para que el pánico no le atenazase a la hora de acometer los descensos. Tenía un problema y pidió ayuda. Psicólogos, compañeros (especialmente Valverde), directores… acudieron a su llamada. Fran Reyes desvelaba en RELEVO que Eusebio Unzué, capo de Movistar, le fue a ver a Andorra antes de La Vuelta; esa visita supuso un punto de inflexión para el mallorquín.

Enric Mas, contra todo pronóstico, va segundo en la general de la ronda española transcurrido un tercio de la misma. Solo una fuerza de la naturaleza nacida en Bélgica hace 22 años, Remco Evenepoel, mejora sus prestaciones. Un genio al que una caída en Il Lombardía en 2020 casi le cuesta su carrera ciclista, pero que se ha levantado, con su personalidad arrebatadora, para recordar a sus críticos (que también los tiene como el español) que el trabajo y el talento siempre acaban triunfando.

En el caso de Remco, vive con la exigencia de haber nacido en el mismo país que Merckx, Van Looy, De Vlaeminck, Thys… y de coincidir en el tiempo con otro flamenco que campa a sus anchas en el pelotón: Wout van Aert. A Enric, por su parte, le toca pagar la factura porque España le pedía que fuese Contador, igual que a Olano le ordenaban que se reencarnase en Induráin. Ahí es nada.

En lugar de disfrutar de ciclistas sobresalientes, los matamos. En lugar de callar a los frustrados de Twitter, les damos alas. Y luego nos extrañamos cuando sale el cretino de turno a insultar a Mas con el solo objeto de grabar su enfado y retroalimentar de malicia esa red anónima, donde el ‘bot’ tiene más fuerza que la persona con DNI.

Yo prefiero estar del lado de Enric y contarle a mis hijos cómo un deportista ha vencido al miedo en un mes para volver a estar entre los mejores. Yo prefiero ir a rueda del extraterrestre Remco que del tuitero que desea el mal a una persona que se deja el alma en la carretera. Más Enric y menos Twitter. Más practicar ciclismo y menos palillo en la boca.