MUNDIAL DE BALONCESTO

Así ha conseguido España salvar el salto generacional tras el adiós de los Júnior de Oro

El conjunto de Sergio Scariolo llega al Mundial como número 1 del ranking FIBA gracias a la mezcla de veteranía y juventud.

Juan Núñez, uno de los jóvenes que ha brillado durante la preparación del Mundial. /EFE
Juan Núñez, uno de los jóvenes que ha brillado durante la preparación del Mundial. EFE
Guillermo García

Guillermo García desde París

Yakarta. - En 2021, tras los Juegos de Tokio, Sergio Scariolo y la Federación Española de Baloncesto advertían sobre lo que podía venir tras las retiradas de los hermanos Gasol o Sergio Rodríguez, que se unían a las de Navarro, Felipe o Calderón, que ya habían colgado la camiseta nacional con anterioridad. Era el final de la época más dorada del baloncesto español masculino. O al menos lo parecía.

Sin embargo, el equipo nacional en apenas dos años no sólo ha conseguido evitar el vacío que se presuponía, sino que ha sido capaz de tender puentes hacia nuevos éxitos gracias a una mezcla de veteranía y juventud que ha permitido al conjunto de Sergio Scarioloaterrizar en Indonesia como actual campeón del mundo y de Europa y como número 1 del ranking FIBA. Algo impensable hace menos de dos años en los túneles del Saitama Arena.

¿Cómo ha conseguido España minimizar el efecto del adiós de su mejor generación? Gracias a la apuesta por la cantera y la consolidación de jóvenes valores que mantienen al baloncesto nacional en lo más alto de las categorías de formación y a la estabilidad de un proyecto que mantiene en el técnico italiano a su principal activo. 

Los jóvenes apenas han acusado el salto e incluso en casos como el de Santi Aldama se espera su consolidación como nuevo referente de un equipo que apuesta por la juventud en esta nueva cita mundialista. Hasta tres jugadores del equipo nacional vivirán su primera cita mundialista sin haber llegado a los 23 y dos de ellos apuntan al quinteto titular (Núñez y Aldama) mientras que el tercero, Usman Garuba, está llamado a ser el líder defensivo del equipo desde la segunda unidad.

A ellos se suma una base ya consolidada de jugadores que sin haber llegado a la treintena son ya fijos en la Selección, empezando por los dos llamados a liderar este proyecto como son los hermanos Hernangómez. Dos piezas fundamentales de presente y futuro sobre los que tanto el técnico español como la Federación buscan construir nuevos equipos ganadores y que sean capaces de competir de tú a tú con cualquier selección.

Luego están los veteranos, los que dan continuidad a lo aprendido de las generaciones anteriores. Y en este caso el principal referente es Rudy Fernández. El balear es el gran capitán como ya fuera el año pasado en el Eurobasket, donde una arenga suya fue la piedra sobre la que se construyó el oro. El madridista sabe que le toca volver a ser el líder espiritual de este grupo, aunque en esta ocasión volverá a contar con Sergio Llull y Víctor Claver para esta tarea.

La apuesta por una nueva España

España tiene un modelo y ese es su mejor aval, por encima de las medallas. Y en ese modelo ha sido muy importante el trabajo de continuidad en las categorías de formación y la entrada de una nueva hornada de talento en forma de los hijos de la inmigración. Apellidos como Garuba, Miller o Almansa son ya habituales en las selecciones inferiores que se nutren de jugadores diferentes que antes no estaban en el radar del baloncesto español, como apuntaba hace unos meses a Relevo José Ignacio Hernández, director técnico de la FEB.

"Estos jugadores nos han aportado algo que antes nos faltaba como es el físico. Nos dan cosas que antes no teníamos. Teníamos talento pero nos faltaba ese físico que ahora ellos nos aportan", apuntaba Hernández entonces.

Ahora es Scariolo el que ha comenzado a nutrirse de ese talento joven como ha hecho con el programa de los Golden Boys. Una idea llevada a la práctica por la que jugadores como Izán Almansa, Baba Miller, Aday Mara o Juan Núñez han entrenado con la absoluta con el objetivo de que vayan aprendiendo lo que es este equipo, sus mecanismos, sus reglas y su convivencia. Hoy ha sido el base madrileño pero mañana puede ser cualquier otro el que recoja el testigo en un equipo que ha sabido reinventarse para salvar el adiós de su mejor generación.