Andreas Almgren se ha convertido por méritos propios en uno de los grandes nombres del tramo final del año en el deporte profesional. A sus 31 años, el atleta sueco, espigado, técnica inquebrantable y melena al viento, ha conseguido ganar el maratón de Nueva York en su debut en la distancia.

Almgren y el debut soñado por cualquier maratoniano

Advertíamos en la víspera de que partía como uno de los grandes favoritos a triunfar en la Gran Manzana, pero pocos podían imaginar, incluso los más optimistas, que Andreas Almgren iba a imponerse este domingo en el maratón de Nueva York con tanta suficiencia.

Ni siquiera el tropezón que sufrió en el kilómetro 26, cuando lideraba un grupo de cabeza aún numeroso, pudo frenar las ambiciosas pretensiones del que ya está llamado a ser uno de los grandes nombres del año en el atletismo de élite.

Almgren partió del puente de Verrazano-Narrows, en Staten Island, con la idea de no abandonar las posiciones de privilegio en ningún momento. Por delante tenía el reto más complejo de su carrera: completar algo más de 42 kilómetros al ritmo de los mejores maratonianos del planeta.

El sueco clavó el ritmo durante toda la jornada, hasta tal punto de que apenas se percibían diferencias en su zancada entre el comienzo y el final de la prueba.

Sí apretó en los dos últimos kilómetros, en Central Park. Allí residía su punto fuerte, la velocidad punta que trae de la pista el actual campeón de Europa de 10.000 metros y poseedor de los récords de Europa en 5.000 (12:44.27; Estocolmo, 2025) y 10 kilómetros (26:45; Valencia, 2026).

Almgren tan solo empleó seis minutos y un segundo en correr ese último tramo, el segundo registro más rápido de la historia de los maratones, solo superado por los 5:51 del keniano Sebastian Sawe en el maratón de Londres de este año.

Antes, el sueco había firmado unos pasos de élite: 15:32 a los 5 kilómetros, 30:53 a los 10, 45:52 a los 15, 1:04:04 en la media maratón, 1:15:41 a los 25, 1:30:26 a los 30, 1:45:34 a los 35, 2 horas exactas a los 40 y 2:06:01 para cruzar la meta tras una segunda media en 1:01:57.

Resulta difícil imaginar un mejor guion para el debut de un maratoniano. En Nueva York, allí donde no hay liebres y el desnivel aleja a quienes buscan grandes récords, Almgren se estrenó en la mítica distancia con victoria y la cuarta mejor marca de la historia de la carrera.

«He terminado mi primer maratón», escribió en su perfil de Strava, donde compartió una actividad que, seguro, le costará olvidar. «Qué guay, ¿la pudiste ganar?», añadió, a modo de conversación sarcástica. «Sí».

Ya en los días previos al gran día, cuando todas las miradas apuntaban a Benson Kipruto y a otros atletas africanos, el escandinavo, siempre sincero, zarandeó Manhattan con sus declaraciones.

«Llego con mucha confianza; no sé si es arrogancia, pero la preparación ha ido mucho mejor de lo esperado», aseguró a pocas horas de disputar su primer maratón profesional. «Me siento con la ingenuidad casi infantil de que voy a correr para ganar». Dicho y hecho.

Una preparación única en el mundo

Si hay algo, eso sí, que ha llamado la atención de Andreas Almgren desde mucho antes de que su nombre retumbara entre los rascacielos de Manhattan, han sido sus métodos de entrenamiento.

El sueco preparó su estreno en los 42,195 kilómetros en Flagstaff, Arizona, donde durmió durante diez semanas a más de 2.100 metros de altitud. Dicha condición provoca una adaptación fisiológica natural a la falta de oxígeno (lo que se denomina hipoxia), algo que incrementa la producción de glóbulos rojos y mejora la resistencia cardiovascular.

En Flagstaff, Almgren realizaba un elevadísimo volumen de kilómetros semanales: 195, 232, 233, 241, 153 (en esa quinta semana disputó el Campeonato del Mundo de Medio Maratón), 87 (recuperación y leve enfermedad), 224, 219, 219 y 203 kilómetros en las piernas para afrontar su primer maratón en Nueva York.

En total, más de 2.000 kilómetros en diez semanas, una media de 200 kilómetros semanales en la que el plusmarquista europeo de los 10.000 combinaba sesiones de umbral (entrenamientos a una intensidad sostenida en la que el cuerpo produce y elimina el mismo ácido láctico), largas tiradas a ritmo progresivo, sesiones de fuerza y trabajo de adaptación en la cámara de calor.

Una escalada meteórica… ¿hasta la cima del mundo?

Conviene recordar que la consagración de Almgren, seguramente el atleta del momento, se produjo en España. Fue en los 10km de Valencia de 2025 donde el sueco se hizo un nombre lejos de la pista en el panorama internacional, cuando pulverizó el récord de Europa con un tiempo de 26 minutos y 53 segundos, registro que volvió a rebajar este año hasta los 26:45.

Antes, el escandinavo se había labrado una carrera sobre el tartán: fue medallista de bronce de los 800 metros en los mundiales sub-20 de 2014 y repitió metal el pasado año, esta vez en los 10.000, en el Campeonato del Mundo de Tokio, donde solo fue superado por el francés Jimmy Gressier y el etíope Yomif Kejelcha. Su apabullante proyección, no obstante, parece ligar cada vez más su futuro al asfalto.

Si Almgren ha sido capaz de ganar su primer maratón con la cuarta mejor marca de todos los tiempos en Nueva York, parece probable que, en una prueba con liebres y con un recorrido de menor desnivel que el de este domingo (Chicago, Berlín o incluso Valencia parecen buenas opciones), el sueco puede aspirar a rebajar con holgura ese 2:06:01.

En el horizonte, y récords aparte (vayamos paso a paso), se vislumbra el Mundial de Pekín, en 2027, y por qué no, los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 2028.