Una final de consolación con casi 100 años de historia
El partido por el tercer y cuarto puesto es una tradición asentada en los grandes torneos de fútbol y una oportunidad para los jugadores menos habituales.
Tras perder en una semifinal, la realidad es que no parece lo más deseado quedarse a jugar un partido para determinar la tercera y cuarta plaza del torneo. En este caso, dos gigantes mundialistas europeas como Inglaterra y Francia se la juegan en una final de consolación antes de poder irse a casa.
Historia de la competición
Lo del partido por el tercer y cuarto puesto del Mundial no es nuevo. De hecho, lleva entre nosotros desde 1934. En esta segunda edición del Mundial, celebrada en Francia, se inauguró esta forma de determinar el orden de los participantes más allá de la final del torneo más grande de la historia del fútbol.
Una realidad que ha perdurado y que sigue dejando preguntas en el aire sobre su necesidad y atractivo reales. Muchos dudan del interés, y con razón, que puede llegar a generar para las propias federaciones, así como para los jugadores que deben alargar su estancia lejos de casa pese a estar ya fuera de la lucha por el título.
Casi parece un ejercicio cruel que busca determinar quién de los caídos entre los cuatro mejores es menos merecedor del premio del segundo escalón. Esa sensación amarga de caer en el paso final hace que los contendientes de este partido aprovechen a rotar y dar oportunidad a los menos habituales de decir que jugaron un Mundial.
Oportunidad para los menos habituales
Suele ser ese uno de los principios fundamentales dentro de este partido. Para los entrenadores, como les pasará el sábado a Tuchel y a Deschamps, se les abre la opción de poder vivir un último paso en el que muchos de sus jugadores convocados, probablemente sin minutos dentro del torneo, puedan probar a mostrarse.
Un duel face à l’𝐀𝐧𝐠𝐥𝐞𝐭𝐞𝐫𝐫𝐞 🏴 pour clôturer notre Coupe du monde !
🔜 RDV samedi à 23h00 pour le match de la 3e place 🥉#FIFAWorldCup pic.twitter.com/ePpntVpxDl
— Equipe de France ⭐⭐ (@equipedefrance) July 15, 2026
Un escaparate que, para los que entran, no es poca cosa. Supone poder vivir un Mundial por dentro aunque sea ya fuera del camino deseado, pero son minutos en los que una buena actuación puede abrir puertas en el mercado o mejorar tu imagen de cara a poder sumar en futuras convocatorias de la selección correspondiente.
En selecciones como las que se enfrentan el sábado en el Mundial de 2026, con Francia e Inglaterra metidas en la pugna, muchos jugadores esperarán su oportunidad, con figuras como Mainoo, Akliouche, Toney, Konate, Watkins, Lucas Hernández o Kanté apenas han tenido tiempo de mostrar su calidad en el torneo.
Una sola excepción histórica en los Mundiales
Y es que en todos los Mundiales de la historia, la final de consolación ha sido un compañero habitual. Bueno, no en todos. Hubo uno en el que la final de consolación no tenía sentido, pues no hubo final como tal. Sí, no es una broma. Hubo un Mundial en el que el campeón no tuvo que ganar una final.
En 1950, en el famoso Maracanazo, Uruguay y Brasil no se midieron en una final al uso, sino que lo hicieron como los dos primeros clasificados de la liguilla que decidió el torneo en esa edición. Un formato atípico que permitió que ‘La Celeste’ viviera uno de los episodios más importantes de su historia sin jugar una final como tal.
Ese duelo, así calendarizado por puro azar, acabó decidiendo el orden final de la tabla y terminó con la victoria de Uruguay en Río de Janeiro ante una multitud decepcionada por la actuación de una Brasil vestida de blanco y malherida. El único Mundial sin final de consolación desde 1934 dejó detalles de sobra para no echarla de menos.
Una final sin ganador
Aunque pretendamos darle un peso enorme al duelo, como sí lo tuvo en la Copa del Mundo de USA 94, lo cierto es que es anómalo. Un partido con mucho nivel por ser dos selecciones que han llegado muy lejos en el torneo, pero que claramente enfrenta dos versiones muy lejanas de lo habitual debido a esa distensión competitiva.
La selección más ‘exitosa’ es Alemania, ganadora en cuatro ocasiones (1934, 1970, 2006 y 2010) de las cinco en las que lo ha disputado (solo perdió en 1958). De hecho, en ese mismo duelo en 1958 ante Francia, el mítico Just Fontaine llegó a la doble cifra en un Mundial (13 goles) tras sus cuatro tantos en el 6-3 definitivo.
Uruguay es la contraparte, ya que siempre que jugó en un partido de tercer y cuarto puesto cayó (1954, 1970 y 2010). Otro de los detalles llamativos es que no siempre los anfitriones tienen suerte, pues Brasil en 2014 y Corea del Sur en 2002 fueron incapaces de ganar su duelo de consolación ante Países Bajos y Turquía, respectivamente.
Una final sin campeón donde ambasa selecciones acaban luchando más por la honra, como Bélgica en 2018 ante Inglaterra, que por disfrutar de un partido más en una cita mundialista. Una razón de escaso peso para alargar la estancia, aunque perfecta para pensar, unas cuantas veces más, cómo el tropiezo en semifinales te impidió disputar la verdadera final de la Copa del Mundo.