Marruecos, de sorpresa a potencia en el Mundial 2026

Tras la histórica semifinal de Catar 2022, Marruecos llega al Mundial 2026 con Ouahbi en el banquillo y Hakimi como estrella, decidido a confirmarse.

El seleccionador Mohamed Ouahbi da una charla a los jugadores de Marruecos.
AP Photo/Matt Slocum

Marruecos ya no quiere sorprender, sino confirmar. Tras su histórica semifinal en Catar 2022, la mejor de un país africano, tiene la ambición de asentarse entre las grandes selecciones y demostrar que aquel éxito fue el inicio de un proyecto, no una excepción.

El salto de Catar 2022

El techo histórico de Marruecos sigue siendo la semifinal alcanzada en Catar 2022. Ninguna selección africana ni árabe había llegado tan lejos en una Copa del Mundo. La selección marroquí rompió una barrera histórica y modificó la percepción internacional sobre el fútbol del continente.

Aquel recorrido tampoco fue fruto del azar. Marruecos eliminó a Bélgica en la fase de grupos, superó a España en los penaltis y derrotó a Portugal en cuartos de final. Lo hizo desde la organización táctica, la disciplina defensiva y una convicción colectiva que sorprendió incluso a sus rivales.

Por qué Marruecos ya no es una sorpresa

La diferencia respecto a 2022 es que ahora existen antecedentes. Marruecos ya no llega como una selección desconocida, sino como un equipo que ha encadenado resultados importantes en distintas categorías. La semifinal mundialista dejó de ser un hecho aislado cuando empezaron a llegar nuevos éxitos en el fútbol base.

La federación ha invertido durante años en infraestructuras, formación y captación de talento de la diáspora marroquí en Europa. El resultado es una generación cada vez más profunda, capaz de competir en categorías inferiores y absolutas. Marruecos ya no busca una sorpresa puntual: busca continuidad competitiva.

Un cambio en el banquillo

El gran artífice de 2022 ya no está. Walid Regragui, el seleccionador que llevó al equipo hasta semifinales, cerró su etapa antes del Mundial 2026. La marcha del técnico de la hazaña obligó a la federación a iniciar una nueva fase dentro del proyecto.

El relevo llegó con credenciales importantes. Mohamed Ouahbi asumió el cargo después de conquistar el Mundial sub-20 con Marruecos en 2025. Su nombramiento respondió a una idea clara: mantener la identidad competitiva del equipo mientras se incorporan nuevos talentos procedentes de una generación especialmente prometedora.

Las figuras del equipo

El líder sigue siendo Achraf Hakimi. El lateral del PSG es el futbolista más reconocible de la selección y una referencia tanto dentro como fuera del vestuario. Hakimi representa el salto internacional del fútbol marroquí y continúa siendo el gran símbolo de esta generación.

Junto a los héroes de Catar aparecen caras nuevas. Brahim Díaz decidió representar a Marruecos y añadió creatividad y desequilibrio a la línea ofensiva. A su lado crecen talentos como Eliesse Ben Seghir, Bilal El Khannouss o la sensación Ayyoub Bouaddi, incluido entre los mejores jóvenes del Mundial 2026.

La generación más talentosa de su historia

Más allá de Hakimi o Brahim, Marruecos cuenta probablemente con el plantel más profundo y de más calidad de toda su historia. Yassine Bounou sigue siendo una garantía bajo palos, mientras que nombres como Nayef Aguerd, Chadi Riad, Ez Abde, Azzedine Ounahi o los jóvenes ya citados aseguran relevo en prácticamente todas las líneas.

La gran diferencia respecto a otras etapas está en la calidad acumulada. Muchos internacionales marroquíes juegan en las principales ligas europeas y llegan a la selección en plena madurez competitiva. Por primera vez, Marruecos combina presente y futuro dentro de un mismo ciclo mundialista.

Qué espera en 2026

El sorteo le deparó un grupo exigente junto a Brasil, Escocia y Haití. Sobre el papel, la clasificación para octavos vuelve a ser el objetivo mínimo de una selección que ya no puede esconderse detrás del papel de revelación. Las expectativas son mucho más altas que hace cuatro años.

El 1-1 frente a Brasil en su debut en el Mundial 2026 reforzó precisamente esa idea. Marruecos compitió de tú a tú contra una de las favoritas, algo que ya no sorprende, y dejó claro que sigue perteneciendo a la élite internacional. Ya no se trata de una revelación, ahora es una confirmación de nivel. Y este es muy alto.

Marruecos ha adquirido en estos cuatro años una etiqueta muy distinta a la anterior. Ya no es la selección que intenta sorprender a los favoritos, sino un equipo que busca mantenerse entre ellos. El verdadero reto ahora consiste en demostrar que la élite también puede convertirse en su lugar habitual.