Lionel Messi y las vidas extra de Argentina

Lionel Messi vuelve a sostener con una actuación sobrenatural la candidatura de Argentina por un nuevo Mundial cuatro años después de su victoria en Catar.

Lionel Messi levanta el puño celebrando la clasificación de Argentina a la final del Mundial 2026.
AP Photo/Jacob Kupferman

Argentina ha demostrado que solo bajo el mando de Lionel Messi ha conseguido generar de nuevo ilusión en torno a sus opciones de reeditar el Mundial conseguido en 2026. En esa realidad, el nivel de Messi vuelve a sorprender por su calidad, empuje y tejido emocional a los 39 años.

El carro lo lleva Messi

Lo que está claro es que en este recorrido mundialista de Argentina, quien tiró del carro fue Messi quien, a pesar de tener 39 años, ha logrado marcar un territorio que parecía ya lejos de su capacidad como futbolista.

Mientras que las dudas con Argentina nacían precisamente en él, por cómo iban a poder reaccionar en la albiceleste a un posible bajón de nivel del ‘10’,la fría realidad del Mundial nos ha arrojado a la sensación de que el análisis estaba mal planteado.

Ese escenario durante semanas parecía hacer a Argentina un equipo apático, con poco peligro, poca creatividad e incluso momentos en los que su techo parecía mucho más bajo de lo que sus individualidades mostraban. Todo al margen de las virtudes de un Messi que no ha podido dar más de sí en una actuación para la historia de los Mundiales.

Messi ha logrado ser Mario Bros en este juego de plataformas en el que Argentina ha acabado llegando a una nueva final. Pero ni la capacidad para ser dominante ha logrado salir a escena ni su habilidad para atacar o defender con criterio ha llamado lo suficiente la atención.

Más allá de arreones muy notorios con un pico de rendimiento anotador y de juego muy notables, ha sido una Argentina plana que, de no ser por las vidas extra cazadas por Messi, no hubieran llegado tan lejos. Capricho de un jugador que ha activado, cuando lo ha necesitado, al colectivo.

Dominio del ‘10’ en la estadística y en lo emocional

Que Lionel Messi se haga con los corazones de los aficionados no es algo extraño. De hecho, lo raro sería que no generara ese tipo de reacciones tras sus partidos. Y es que en este Mundial 2026, cuatro años después de haber sido clave en la conquista del Mundial de Catar 2022, el ’10’ ha logrado superarse con creces.

Messi lo ha conquistado todo en Estados Unidos, México y Canadá. Estadísticamente, siendo el más destacado de su equipo en casi todos los datos recogidos (goles, asistencias, éxito en el pase, ocasiones creadas…), mostrando su liderazgo de todas las formas posibles y logrando dejar en muy alta estima su contribución con Argentina en este último (o así se espera) torneo.

Pero es que la conquista de un nuevo título para Messi, si lo logra también en este Mundial 2026, va más allá de lo numérico e incluso de lo futbolístico, puesto que lo emocional ya sabemos que ha pesado mucho en esta nueva gesta de la albiceleste.

Amparados en ese contexto tan sumamente emocional, el empuje por momentos cuando las cosas parecían ir de mal en peor, han acabado aupando a Argentina. “El deseo lleva a la excelencia”, dijo Axel Torres en los comentarios de la semifinal. Y me parece muy acertado.

¿Qué decir de Messi cuando ya se ha dicho todo? Un ejemplo en todos los sentidos. Líder dentro y fuera de la selección y esencial para que Argentina pelee de nuevo por la Copa del Mundo. La duda de si es o no el mejor de siempre, al menos después de este nuevo recital, empieza a ser redundante. Es único.

Será la tercera final de Messi en un Mundial. La séptima que jugará Argentina. La segunda consecutiva en la trayectoria del ‘10’. Palabras mayores para poder hablar de su figura más allá de Argentina, de los clubes por los que pasó y de todas las estrellas que, a lo largo de los años, han pasado por este deporte.

El contraste con Brasil: la búsqueda de las raíces

Y, pese a todo lo expuesto y la clara dependencia de la creatividad de Messi, Argentina sigue siendo el equipo más dominante en Sudamérica. No solo es la selección que más lejos ha llegado en 2026, sino que lleva tiempo demostrando que, con el escaso peso reciente de Brasil, ha conseguido afianzarse como única potencia mundial de su confederación.

Y es una realidad particularmente llamativa por la ausencia de un peso grande por parte de su liga respecto al resto de las competiciones regulares en Sudamérica. Mientras que Brasil tiene una liga potente y saneada con numerosos equipos en liza por ser los mejores del continente, en Argentina esa realidad decrece día a día.

En Libertadores y Sudamericana, trofeos que sirven de termómetro, se ha visto en los últimos tiempos un crecimiento muy claro de la potencia que reúnen los equipos brasileños, que cuentan con un crecimiento económico muy notable y que, a la contra de lo que es actualmente Argentina, parece dominar con claridad.

Argentina, en cambio, ha sabido nutrirse del talento que da el salto a Europa desde sus ligas. Esos futbolistas encontraron allí un contexto competitivo para crecer y hoy siguen sosteniendo a la albiceleste, mientras Brasil ha perdido buena parte de esa continuidad entre formación, élite europea y selección.

Los brasileños que llegan ahora a Europa están muy lejos del talento que aterrizaba hace dos décadas. Muchos no se consolidan y terminan regresando a Brasil o marchándose a ligas con salarios elevados, pero alejadas de la élite futbolística real, lo que reduce el caudal competitivo de la ‘seleçao’.

En definitiva, Argentina ha firmado otra gesta inesperada tras la conquista de su tercera estrella y lo ha hecho de nuevo al ritmo de Messi. A los 39 años, cuando parecía que ya no le quedaban más trucos por mostrar, el gran mago del fútbol volvió a sacar uno de la chistera para llevar a su país a una nueva final mundialista.