Las dudas de Marruecos en el momento de la verdad

El nivel de juego de la Marruecos de Mohamed Ouahbi en el Mundial 2026 ha dejado bastante que desear justo en la cita previa a convertirse en anfitriones.

Chadi Riad y Ayyoub Bouaddi abandonan el césped cabizbajos tras la derrota de Marruecos ante Francia en el Mundial 2026.
AP Photo/Steven Senne

La selección de Marruecos ha tenido en el Mundial 2026 dos problemas graves: la mala suerte y la falta de ambición, y solo la segunda opción es responsabilidad del plantel y del staff de cara a mejorar y llegar a dar lo que se espera de ellos.

La necesidad de dar un paso más

Fue campeona de África en 1976, tercera en 1980, cuarta en el 86 y en el 88… todo ello en un continente en el que desaparecieron de la élite en esa época para activarse de nuevo a raíz de los primeros éxitos de la academia Mohammed VI en 2017 (salvando el caso del subcampeonato en 2004) y la reciente sorpresa de 2022 en el Mundial de Catar.

A pesar de todo esto, la realidad es que no ha dejado un buen sabor de boca la selección marroquí en esta última cita. Cayeron en cuartos de final, sí, y a solo un paso de igualar su puesto hace cuatro años, pero desde luego no con las mismas sensaciones a pesar de que plantilla y seleccionador prometían mucho más.

Mejores que en 2022… a pesar de todo

Y es que esta plantilla es mucho mejor que la que tuvo Regragui en 2022. Esa selección tenía piezas prometedoras, pero pocos jugadores de la altura competitiva y, sobre todo, del talento de los que han formado el equipo en 2026.

Jugadores formados en Europa, capacidad para mejorar línea por línea y, colectivamente, una Marruecos capaz de competir de tú a tú ante cualquiera. O eso se creía. La verdad es que ha acabado siendo un equipo no tan llamativo como se esperaba. Ni tan dominante.

Hombre por hombre, esta selección de Ouahbi era mucho más talentosa, mucho más interesante para llevar la manija del partido y un equipo con más opciones para plantear diferentes escenarios de partido. Esta selección de Marruecos no tenía que ser obligatoriamente un equipo que se escondiera para esperar su oportunidad. Aunque ha acabado siéndolo.

Los buenos necesitan un mejor contexto

Casi duele que un equipo con esta potencialidad acabe tan atrás. No ha sido en muchos momentos el equipo que cabría esperar cuando se hizo pública la lista y, siendo sinceros, el liderazgo de jugadores que en la Copa África 2025 sí supieron dar ese paso adelante que se ha echado de menos en la selección africana en este Mundial.

El contexto no les ha favorecido en Marruecos, por ser un equipo más preocupado por buscar la opción a la contra que por mandar en campo rival. Sin balón, jugadores clave con respecto a esta nueva hornada marroquí como Bouaddi, Brahim Díaz, El Aynaoui o El Khannouss, no consiguen ser tan llamativos.

A menudo, empujados por la necesidad de hacer crecer su influencia a la contra, la realidad de Marruecos pasa por depender menos de ese vigor ofensivo de las bandas y plantear una mejor solución para el juego interior y zonas intermedias. En tres cuartos hay talento, pero el balón debe pasar por las zonas clave para construir más y mejor.

Una cosa que tenía mejor la selección de 2022 es que tenían claro el plan de partido. No acabó siendo un equipo vistoso, pero sí lograron ser capaces de superar su mejor versión histórica en un torneo mundial. No es poca cosa. Por eso, cabe esperar que esta nueva selección llena de talento detecte primero a qué quiere jugar.

Lesiones poco oportunas

A pesar de todo, no conviene olvidar el factor suerte. Antes y después de una vez iniciado el Mundial 2026. Primero, con la baja de jugadores clave como Nayef Aguerd o, sobre todo, Abde, pieza clave para potenciar el juego exterior y la verticalidad de los marroquíes. Una vez comenzado, el golpe fue más fuerte por dejarles sin Ismael Saibari.

Jugando como punta móvil desde el comienzo del Mundial, Ouahbi confió en él para ser el punta de esta selección por encima de Rahimi y El Kaabi, especialistas en el rol, pero con menos nivel y capacidad para ser parte de un conglomerado ofensivo más coral y más dotado a nivel físico y técnico.

Un plan para 2030

El viaje de Marruecos ha sido apasionante, bebiendo de una diáspora clave que ha potenciado su nivel. Eso también nos obliga a pensar en cómo ha ido conformando un plan para competir mejor en cada cita desde 2022.

A pesar de que esta eliminación haya terminado por golpear al hígado de sus intenciones, no deja tan herido el objetivo de llegar al Mundial de 2030 disputado en casa con una selección que pueda superar las previsiones con los ‘Leones del Atlas’.

Mejorar la capacidad para finalizar, encontrando un jugador para jugar en punta con capacidad, encontrar un extremo suplente de garantías para que una lesión no provoque el terremoto visto tras la caída de Abde y, sobre todo, mejorar las prestaciones defensivas que solo parece ganar peso por acumulación y que necesita, urgentemente, subir el nivel de sus centrales.

Aunque la potencialidad de esta selección mire a la cara a cualquiera, necesita mejorar sus prestaciones para adaptarse al contexto en cada partido. El toque de atención en 2026 les permitirá entender que no pueden ir a un Mundial tratando de replicar esa intención de esperar y atacar con una plantilla diseñada para mandar y tomar nota de los errores.