Lamine Yamal y sus nuevos retos con España

Lamine Yamal firmó ante Portugal uno de sus partidos más influyentes sin necesidad de hacer grandes cifras. Analizamos las claves tácticas de su actuación.

Lamine Yamal intenta controlar el balón ante la marca de Nuno Mendes y la presencia de Vitinha.
AP Photo/Tony Gutierrez

España ya está en cuartos del Mundial tras superar a Portugal en un duelo complejo. El foco volvió a apuntar hacia Lamine Yamal, pero esta vez no por un gol o una asistencia, sino porque apareció en todo aquello que no siempre muestran las estadísticas.

Un partido mucho mejor de lo que dicen los números

En el minuto 55 de partido, Nuno Mendes se va al suelo y todo parece indicar que necesita el cambio. Nada está resuelto y el cero a cero impera en el marcador. Sin embargo, la sensación de la posible ausencia del lateral luso abre una ventana de oportunidad para España.

Una porción de lo que fue la selección española en la segunda mitad del encuentro de octavos ante Portugal nace de las piernas de Lamine Yamal, aunque su impacto no parezca tan relevante. “Uno de los mejores partidos de la historia de Lamine Yamal”, dijo Luis de la Fuente tras el partido. Parece exagerado, pero no lo es tanto.

A nivel números, el jugador del FC Barcelona consiguió completar los 90 minutos de juego, fue el que más toques dio en área rival (junto a Oyarzabal) y el que más disparos intentó (junto a Baena), además de acertar en la mitad de sus regates intentados y ganar cerca de la mitad de sus duelos.

E incluso más allá de los números en ataque, el extremo estuvo implicado en seis acciones defensivas, recuperando seis balones del contrario y siendo regateado en solo una ocasión. Una ayuda inestimable en una zona en la que, antes del partido, existían numerosas dudas más allá de la solvencia de Nuno Mendes.

La clave João Felix

‘Bob’ Martínez ya había previsto que la banda de Lamine Yamal iba a ser un fortín. Incluso había decidido pensar más en la continuidad del juego asociativo y de la defensa en esa banda. Sorprendió, de hecho, la inclusión de João Felix en ese perfil ofensivo por izquierda y por no apostar por Rafa Leão ante España.

El Mundial del jugador del Milan no había sido muy bueno, pero tras un gran partido ante Croacia parecía haber potenciado su figura e incluso la presenciay la llegada a zonas ofensivas de un Nuno Mendes que se multiplica atacando carril interior y que con Leão tiene esa ruta más sencilla.

Al contrario de lo que muchos pensaban, el técnico del equipo luso decidió apostar por el de Al-Nassr para imponerse en zonas intermedias y, sobre todo, cerrar la opción interior a Lamine Yamal en defensa, dándole además opciones a Nuno Mendes para doblarlo y generar la duda defensiva en el extremo español.

Si Nuno Medes se hacía largo por banda, ¿Lamine Yamal lo seguiría? Si le cerraban la puerta por fuera y por dentro al extremo culé, ¿encontraría la manera España de hacerse fuerte sin él? La respuesta, al final, España la encontró en el minuto 56, cuando Nuno Mendes se fue al suelo y pidió el cambio.

Lamine Yamal como facilitador

En una de las facetas más ingratas de los extremos en equipos altamente asociativos, la banda ofensiva a menudo se convierte en una suerte de señuelo para facilitar el acceso por otras vías. Es difícil decir que el gol de España llega por acción de Lamine Yamal, pero el trabajo colectivo en esta España es clave.

La presencia más notoria de España por dentro llegó también por esa facilidad en banda por parte del extremo derecho. Insistía España en llevarle el balón a Yamal, uno de los futbolistas más jovenes en disputar un Mundial, para intentar que sus fintas descompensaran a una defensa lusa que se hizo fuerte para intentar sostener la oportunidad de prórroga.

Curiosamente, en la segunda mitad, casi todas las acciones de peligro de España se desarrollaron desde ese perfil. Por invocación de ese duelo continuo de Lamine o por buscar, tras la cerrazón lusa, la frontal. Y todas más allá del minuto 56.

Quizá Lamine Yamal no hizo el partido más vistoso de su vida, pero sí fue clave para que España pudiera ser más protagonista, elevando más su línea defensiva, tomando espacios que antes no eran suyos y conectando mejor con los jugadores diferenciales en zonas interiores.

Rodri, Pedri y Olmo siempre agradecen los espacios que genera la banda. En el caso de España, con un Baena muy metido por dentro y con esa intención de dejar el carril libre a Cucurella (que ante Portugal no pudo estar tan proyectado ofensivamente), beber de esa verticalidad del extremo de Rocafonda es oro.

Vestigios de la Eurocopa 2024

Hace solo dos años esta realidad parecía mucho más firme. Y los nombres no eran muy distintos. Porro, Cubarsí, Oyarzabal y Baena, apenas cuatro cambios con respecto a una alineación firme que hoy es así también por las bajas, como el caso de Nico Williams en izquierda o el cambio de rol de Pedri en detrimento de Fabián.

Y es que la España de la Euro 2024 era la España de las bandas y del vértigo. Esa España que quería la pelota, pero no solo para explorar los carriles internos, sino también para viajar a recaudo de dos extremos verticales y mortíferos que alimentaban esa velocidad.

La ausencia de uno de ellos limita ese vértigo por parte del equipo de Luis de la Fuente y facilita a los rivales entender que esa apertura, esa amenaza, solo convive hoy en las piernas de un chaval que asusta, pero que sin socios en banda contraria preocupa un poco menos que antes.

Es justo en ese escenario en el que la pieza de Lamine Yamal se debe volver más pragmática y buscar soluciones alternativas. Por ello, el 19 de España parece estar explorando ya esa realidad en la que ahora mismo es una pieza más del tablero (muy importante, eso sí), pero no necesariamente la encargada del jaque mate.