Francia amenaza el éxito competitivo de España

La Francia de Deschamps, liderada por Mbappé, está dejando muestras claras de ser la favorita incontestable al Mundial antes del duelo ante España.

Kylian Mbappé lidera la celebración de sus compañeros tras el triunfo de Francia ante Marruecos en el Mundial 2026.
AP Photo/Martin Meissner

La capacidad de Francia para despejar dudas durante su camino en el Mundial 2026 con su rotundidad ofensiva puede poner en riesgo la extraordinaria capacidad competitiva de una España con un solo gol en contra y que tendrá enfrente a Mbappé, el actor perfecto para aumentar esa cifra.

Una Francia a la altura de 2018

Los argumentos de esta selección gala van más allá de los convencionales. Normalmente uno se fija en su capacidad por líneas. Observando a la selección de Didier Deschamps, en cambio, se llega a conclusiones reveladoras para entender que es una plantilla algo descompensada en cuanto a nivel. Pero es algo que parece darles exactamente igual.

Aunque pueda parecer exagerado, esto se observa línea por línea, portería, defensa, mediocampo y ataque, analizando, individualmente primero y colectivamente más tarde. No es más que una mirada particular que ayuda a entender el sentido colectivo.

De lo individual…

En la portería no estamos hablando de un gran nivel. Con Maignan como titular, Samba como recurso y Robin Risser como potencial portero para el futuro, la pieza clave titular deja dudas por su techo, aunque haya sido suficiente por el momento.

En la zaga hay mucho más nivel. Saliba y Upamecano son mucho más capaces de lo que se suele reconocer. Dos centrales fiables por alto, más que correctos por bajo y capaces de defenderse en partidos asentados en bloque medio/bajo o con mucho espacio a la espalda. El relevo no baja el nivel, con Konaté o Lacroix, ambos notables.

Las bandas dejan dudas. Los hermanos Hernández asentados en el sector izquierdo, con un Digne largo y más titular que ellos (aunque ante Lamine Yamal pudiera apostar por un central reconvertido como Lucas) y en derecha, Koundé, asentado y capaz por dentro de aportar en asociación y coberturas, y Malo Gusto como alternativa secundaria.

En la línea media es donde más dudas surgen en lo individual. Tchouaméni, tocado y con dudas, ha dado paso a confiar en un correcto Manu Koné, que ha sabido mezclar con Rabiot, el favorito de Deschamps para dar equilibrio, con N’Golo Kanté de momento en situación muy secundaria.

A mayores, dos piezas llamativas pero poco utilizadas: Rayan Cherki y Warren Zaïre-Emery. Los dos perfiles más creativos, Cherki más en zona de tres cuartos y Zaïre-Emery para dar equilibrio y capacidad de asociación en la base de la jugada (polivalente, además, para aparecer defensivamente en perfil derecho).

Pero en la zona ofensiva es donde más dinamita tienen. Más allá de Mbappé, Dembélé y Olise, Francia tiene mucho más ahí. Barcola, Doué y Thuram como opciones de recambio, con el primero y el segundo turnándose en la titularidad, Akliouche como opción muy secundaria en banda con movilidad y Mateta como ariete típico de recurso.

…a lo colectivo

La realidad es que la capacidad para combinar sus piezas es algo que se le ha atribuido poco a Didier Deschamps más allá de las críticas por sus planteamientos planos y esperables. En ese sentido, su capacidad destaca por lograr que no se note esa ausencia creativa en mediocampo ni esa falta de capacidad por banda en perfil defensivo.

Esta es una selección que se ve mejor de manera colectiva. Esas piezas móviles y polivantes, por detrás y a los lados de su 10 y líder, en una versión mucho más firme que la de Mbappé en el Real Madrid, ponen de manifiesto la calidad potencial de esta Francia.

Mbappé como arma esencial

Kylian es prácticamente el tótem de un equipo que respira desde el ataque. Es la llave para conseguir que todo lo que se puede crear en ataque tenga un final que consiga acercar la victoria. Las dianas que ha conseguido Mbappé le acercan a ser, potencialmente, uno de los mejores jugadores de la historia de los Mundiales.

Aunque con la perspectiva de que eso ya pueda ser así, la mejora de su selección en 2026 tiene como objetivo encontrar también su mejor rol, aunque en Francia sea un alma libre en ataque con capacidad para aparecer por banda, por dentro o en la frontal para aprovechar huecos, asociarse o probar el disparo lejano. Un delantero total.

Compensación ofensiva

La buena noticia para Francia es entender que el ataque es el que potencia su capacidad para crear juego. No hay interiores ni grandes organizadores, pero tienen buenos futbolistas que habitan una zona en la que pasan la mayor parte del tiempo.

En campo contrario, los que dirigen el juego son los Dembélé, Barcola, Doué u Olise. Jugadores que han demostrado ya su capacidad para crear a partes iguales vértigo, genialidad asociativa y martillo en ataque. Sin ser baluartes clave en la anotación (eso se lo dejan al jefe), sí son perfiles importantes para elevar la concurrencia en el área.

Cuando eso pasa, pueden aportar cada uno sus armas: Dembélé polivalencia, disparo y velocidad; Olise organización y creatividad ofensiva; Doué soluciones en espacios reducidos; y Barcola como el demonio de Tasmania, ágil vertical, veloz.

Esa necesidad que tiene Francia para vivir en campo contrario y encontrar esa opción de crear a través de sus atacantes requiere de jugar contra un equipo al que sea capaz de quitar el balón o que tenga necesidad de regalarlo. Para que España tenga una opción, no debería ser ni un caso ni el otro.