El amor imposible entre Cristiano Ronaldo y el Mundial

Analizamos las razones de la caída de la Portugal de Cristiano Ronaldo, que dice adiós a su última ventana para alzar el ansiado trofeo del Mundial en 2026.

Crisitano Ronaldo celebra uno de sus tres goles a España durante la fase de grupos del Mundial de Rusia 2018.
AP Photo/Thanassis Stavrakis

Cristiano Ronaldo y el Mundial han roto definitivamente. Parece que esta despedida no dará lugar a reconciliación y cabe esperar un análisis concienzudo de los porqués de este duro fin a un idilio que parecía lógico entre una leyenda y el torneo más deseado.

Cristiano, no estás solo

Hay muchos grandes sin título mundial. Johan Cruyff, Sócrates, Alfredo di Stéfano o ‘Pancho’ Puskas son algunos de los más destacados. O en la propia Portugal, Eusébio. Todos ellos lucharon para lograrlo, pero no se les dio.

La falta de un Mundial en las vitrinas de Cristiano Ronaldo solo es un detalle más en la historia del fútbol, pero es un duro golpe para un jugador que lo ha dado todo luchando por conseguir acercarse a tocar el oro en un Mundial.

El deseo irrefrenable ha hecho que en 2026 haya caído con estrépito en un camino siempre complejo que, como casi siempre en las rupturas, fue un problema de tiempos: él llegó pronto y sus compañeros, mejores que los anteriores, llegaron algo tarde.

La última declaración de amor

La oportunidad de Ronaldo en 2026 se ha cerrado sin mostrarse capaz de ser clave en momentos difíciles, por lo que la posición del jugador luso como ‘9’ de Portugal ha suscitado no pocos debates sobre su viabilidad para ser realmente un líder más allá del peso de su figura en el tablero táctico de ‘Bob’ Martínez.

Demasiado tarde, quizá, para juntar el talento de la nueva generación mientras se trataba de salvar lo poco que podía extraerse ya de este Ronaldo más centrado en el gol. Ellos querían devolverle todo lo que él les dio, pero él no supo dar lo necesario para aspirar a ganar en su particular ‘Last Dance’.

Ronaldo lo tenía todo para ser útil, pero su capacidad para ser notable con las exigencias del fútbol actual se han reducido mucho en los últimos años. Incluso viendo su aptitud imperecedera para ser clave en el área, sus virtudes se minimizaron en un equipo que parece exigir un punta distinto a lo que es ahora mismo CR7.

Demasiado centrados en surtir a un delantero que no acababa de comportarse en el campo como en la pizarra, Ronaldo fue presa del viejo mordisco del tiempo. Ese que Aimar reconocía en una entrevista hace años y que afecta a todos los futbolistas en algún momento: “Mi cabeza me dice lo que debo hacer, pero mis piernas no llegan”.

Largos veranos de noviazgo

Siempre ha habido ese vínculo entre Ronaldo y el Mundial. Su presencia en ellos siempre lo tenía como una de las figuras más destacadas. El poso y la voluntad de sus grandes antecesores en Portugal, como los Figo, Rui Costa y compañía, y la capacidad de CR7 se juntaron muchas veces para intentar levantar la Copa del Mundo.

Su debut en 2006 no fue poca cosa. Se trató del primer gran escenario en el que un Ronaldo maduro se dejaba ya ver como una de las piezas clave de la Portugal de Scolari. En el campo, talento a raudales, con algunos veteranos como el propio Figo, pero también jóvenes que prometían.

Curiosamente, esa selección fue la que más lejos llegó en este largo viaje. Cayeron en semifinales, ante Francia, para acabar siendo cuartos tras un duro partido ante Alemania en la final de consolación donde volvieron a ser derrotados por 3-1.

La mejor posición de Portugal desde 1966, donde Eusébio consiguió un tercer puesto ante la URSS. Algo que el propio Ronaldo debió olvidar cuando dijo que antes de su llegada Portugal no había conseguido nada. Y llegaron los títulos, en la Eurocopa de 2016 y en las Nations League de 2019 y 2025.

Y eso que en la Eurocopa ya habíamos visto a Portugal ser excelente, aunque sin tocar metal. En 2004, ante Grecia, en la sorprendente derrota de la final, con gol de Charisteas, pero también siendo semifinalista en 1984 (con Chalana, Rui Jordão o João Pinto) y en el año 2000, con una gran generación, liderados por Figo.

En los siguientes Mundiales, Portugal no volvió a ser de las cuatro mejores. En 2010, en la cúspide de Cristiano en el Real Madrid, cayó ante España en octavos (como en 2026); en 2014, en fase de grupos (empate ante Estados Unidos y goleada de Alemania); en 2018, en octavos ante Uruguay; y en 2022, en cuartos ante Marruecos.

Puede que Cristiano Ronaldo, en su eterna dualidad con Messi, ya intuyese cómo podía acabar esto, pero sin duda se ilusionó con que las cosas pudieran ser de otra manera. La ruptura siempre es dura, pero CR7 sí supo dedicar unas palabras de consuelo antes y después de su crucecon España en los octavos de final.

“Me voy con la conciencia tranquila”, comentó ante los micrófonos, repitiendo la misma frase horas después tras la derrota ante ‘La Roja’. Y puede decirlo las veces que quiera porque se entiende que en esa búsqueda siempre fue capaz de darlo todo. Quizá le faltó lo más difícil cuando una relación no marcha: saber decir adiós.