Ayoub Bouaddi y los hombres invisibles

El centrocampista marroquí Ayyoub Bouaddi es una de las grandes apariciones del Mundial 2026 por su rendimiento notable con Marruecos con tan solo 18 años.

Ayoub Bouaddi en acción durante el partido entre Marruecos y Escocia en el Mundial 2026.
AP Photo/Dave Shopland

Cuenta la leyenda que Ayoub Bouaddi se presentó en un Mundial a los 18 años para demostrar que la leyenda de los hombres invisibles que aportaban mucho al juego en el centro del campo pero no eran capaces de hacerse notar era solo eso, una leyenda.

Juventud al poder a base de descaro y talento

La calidad de Bouaddi desafía todas las bases conocidas. Es un jugador joven, descarado y con una capacidad enorme para deshacerse de la presión a pesar de su categoría (edad juvenil) y su realidad particular, pues es nacido, criado y madurado como futbolista en el fútbol francés, pero decidió hace pocos meses jugar con Marruecos.

Con esa presentación y conociendo bien la dinámica de los jugadores que había en las categorías inferiores marroquíes, Ouahbi no dudó en hacerle amo y señor de su mediocampo junto a otro de los grandes talentos de los últimos tres años competitivos de la selección, El Aynanoui. Entre los dos, han dominado el juego de ‘Los Leones del Atlas’.

La proliferación del todocampista

Es cierto que el todocampista cada día se lleva más. Y Bouaddi, nacido en Senlis, Francia, en 2007, lo representa a la perfección. Tiene ya un valor de mercado de 50 millones y la capacidad innata de crear su propio parque de juegos en la medular. Domina el balón, distribuye, se asocia, marca el ritmo, se asoma ofensivamente y corta.

Casi se puede decir que lo tiene absolutamente todo para liderar un equipo que quiera protagonismo. En su trayectoria ha conseguido convencer en cada categoría y reto. Primero en Francia y ahora, en el terreno profesional, con Marruecos y en la Ligue 1 lleva ya dos temporadas destacando en el Lille.

Su juego tiene lo mejor de un organizador y lo mejor de un ‘5’. Tiene capacidad para intuir la jugada rival y sofocarla antes de que al contrario se le ocurra hacia dónde debe pasar. Es un jugador con instinto para cortar pases e iniciar el juego propio, por lo que para una selección como Marruecos, que vive del vértigo en tres cuartos, es un aliado impagable.

De invisible a visible

Como él, muchos dominaron el centro del campo antes. El caso es que no tenían la capacidad para hacerse notar como ha conseguido Bouaddi. Es un elemento completamente visible y valorable en un rol que antaño parecía oculto a los ojos de la mayoría.

Su virtud, más allá del rendimiento mostrado, ha logrado visibilizar el trabajo que hace un centrocampista en un equipo con tantas caras como Marruecos. Esa libertad para elegir por dónde, cómo y a qué velocidad se lo dejan al centrocampista de Senlis.

En el equipo de Ouahbi, donde el peligro llega a través de la elevación de los laterales, el juego por banda de extremos, la movilidad del mediapunta por dentro o la caída del falso nuevo a la frontal, un jugador que te puede organizar y elegir la mejor opción para cada momento tras cortar de raíz el peligro rival es oro puro.

El técnico de Marruecos lo sabe y tiene claro que para Bouaddi es fácil algo que, normalmente, es extraordinariamente difícil, por lo que su puesto junto a un pulpo como El Aynaoui es esencial. Los dos cortan, pero el cargo de iniciador del juego cae sobre el del Lille por razones obvias.

Un tesoro de Francia a Marruecos

La decisión, por tanto, de elegir Marruecos, como ya sucedió en su día con el caso Brahim Díaz, fue una alegría para los suyos. Era multiplicar sus opciones y poder dar descanso a Amrabat, héroe de 2022 pero elemento algo disonante con el estilo actual de la selección y sus nuevos matices en el modelo de juego.

Capitán en otros tiempos del equipo sub-21 de Francia, Bouaddi supo entender cuál era el momento de romper con los lazos de nacimiento y buscarse la vida en una selección en la que sabía que seguiría siendo, sin discusión, amo y señor del mediocampo.

Esa intención de Bouaddi de ser el centrocampista de Marruecos fue un jarro de agua fría para Francia. Especialmente para un tal Zinédine Zidane, que seguro que ya soñaba con lo que podía ser un centro del campo galo adornado por la calidad de Bouaddi en caso de llegar ser convocado con ‘Les Bleus’. Ya no será posible.

Despedirse de un talento así debe doler, más cuando se convierte en tu rival a solo dos pasos de una nueva final. Ante Marruecos, que además será sede del próximo Mundial 2030, Francia mirará a la cara a algunos de sus demonios: HalHal, El Aynaoui, Diop, El Mourabet, Yassine y el citado Bouaddi han nacido en el país galo.

Algunos de ellos, como Bouaddi, eran grandes perlas de futuro que se cansaron de esperar una llamada que igual nunca llegaría. Es el caso de Issa Diop, central del Fulham londinense, o Gessime Yassine, uno de los mejores prospectos de la cantera marroquí que en Francia siempre tuvieron vigilado y que ha decidido brillar desde ya en la absoluta africana.

Sin embargo, el mayor y más destacado es Bouaddi. Un joven que decidió devolver a su familia el gesto de haber emigrado a Francia para darle una vida mejor, tras una diáspora africana que ha dado un claro paso adelante en esa búsqueda de las raíces de generaciones anteriores.